sábado 4 diciembre
Aniversario del Atentado en Madrid  |   | L. Martí

A cinco minutos del 11M

Murieron 191 personas en el ataque terrorista

Pasó por Atocha cinco minutos antes del atentado del 11 de Marzo de 2004 que acabó con las vidas de 191 personas. Tania Moles (19/11/1976) había cruzado la Estación poco antes que estallara el vagón y alcanzó por los pelos y corriendo el autobús rumbo al trabajo. Hasta las nueve de la mañana o quizá un poco antes no supo nada. Las personas que iban en el mismo bus tampoco sabían nada, o al menos no dijeron nada. Lo peor del día para Tania, y para tantos otros, fue la incertidumbre, las llamadas constantes que no respondían, pendiente del móvil e internet.

Sus padres, que estaban en Granada, tardaron en localizarla. “El momento me imagino que debió ser horrible. El no saber si estás bien, si te ha pasado algo ni dónde estás. Fue un día de muchos nervios, estábamos todos allí, en el trabajo plantados sin hacer nada, mirándonos los unos a los otros. Llamando a casa continuamente, a los amigos, comunicando, la línea telefónica saturada, comiéndote las uñas. Un horror”, relata Moles.

Por suerte para ella, entre las 191 personas que fallecieron aquel 11 de marzo no se encontraba ninguno de sus amigos o conocidos. Madrid es una ciudad inmensa y ella trabajaba y hacía su vida en otra parte de la ciudad. Tras el atentado siguió la misma ruta que iba desde su casa al trabajo pasando por la estación de Atocha. La imagen que tiene guardada del Madrid de los días posteriores vienen marcados por la tensión, y también por la emotividad: “Todo el mundo llorando; la estación llena de flores, de rosas, de fotografías, se me ponen los pelos de punta tan solo de acordarme”.

A 5 minutos del 11M

Moles recuerda cómo vivió ese intenso día. Foto: A.G.

Fue una etapa de confusión y de rabia. Los madrileños no sabían qué mal le habían hecho a nadie para merecer ésto. Se quedaban parados en medio de la calle preguntándose los unos a los otros y a sí mismos quién había puesto las bombas y por qué. Para Moles lo peor fue el silencio y la indeterminación. Los responsables no decían a los ciudadanos qué terroristas eran los responsables y los mensajes que llegaban desde las televisiones y los periódicos alimentaban la confusión.

Durante meses el miedo se instaló en las mentes de los habitantes de la capital, de manera especial con todo aquel que fuera árabe. Según relata, cada vez que veían a alguien con mochila se quedaban mirando; si era magrebí, se cambiaban de acera. Para Tania en este caso la reacción de rechazo o miedo tiene una justificación: “Esta vez la paranoia viene directamente de la realidad, de algo que realmente ha pasado. Entiendo que en aquellos días la fobia a todo lo árabe se expandiera”.

Poco tiempo después, los madrileños volvieron a la rutina, a coger el metro, el tren de cercanías, a salir a la calle, “porque la vida continúa, y estamos obligados a superar los traumas y a seguir hacia delante”, aclara.

Aquí está todo normal

Hoy se cumple una década desde el ataque terrorista y Madrid ha recuperado su pulso. Con el dolor lógico que produce un golpe de tal calibre, los madrileños han superado el impacto. Seguirán realizándose homenajes todos los años para conmemorar a las víctimas, pero ya no habrá ese temor cuando alguien con mochila se siente al lado.

Álvaro Moles (30 años), hermano de Tania, llegó a la capital seis meses después, en septiembre. Vive desde hace 10 años junto a la estación de Atocha y usa el metro y el tren de cercanías a diario. Él no observó nada extraño en la actitud de los pasajeros cuando llegó a la ciudad, de hecho opina que siguen siendo igual de retraídos que después del atentado. “La gente aquí -en Madrid- por lo general es así. Como desconfiada, evitan el contacto visual en el metro...Lo de siempre, vamos”, zanja.

Jaime Peral, de la misma edad, acaba de bajarse del metro y coger el tren de camino a casa. Recuerda que estaba en Granada durante el 11-M. “Me acuerdo perfectamente porque estaba desayunando con mi madre en una cafetería”. Llegó a Madrid un año después y, dice, tampoco ha percibido un cambio en el modo de ser de los pasajeros desde hace años. “Acabo de pasar por Atocha y ni siquiera he visto nada distinto por el décimo aniversario. Aquí está todo normal”, asegura.

Quien no coge desde hace tiempo el tren ni el metro es Tania. “Por temas de trabajo y para ir de aquí para allá, me muevo en coche”, remata.

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Comentarios

  1. Álvaro Moles dice:

    Me gustaría aclarar que no opino que la gente que vive en Madrid sea retraída; todo lo contrario, por lo general es gente amable y bastante sociable. Me refería (es posible que no me expresara bien) a que en el transporte público (principalmente en el metro), bajo mi percepción la gente por lo general tiene una mirada como de "desconfianza", entiendo que por ser un lugar de tránsito donde se concentra mucha gente desconocida.

    Como yo no vivía en Madrid cuando sucedieron los terribles atentados, no puedo comparar esta percepción mía con lo que se vivió en aquellos momentos, que seguramente fue muy desagradable para todos los que lo vivieron, incuída mi hermana.

    Un saludo,

    Álvaro Moles

 

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