sábado 13 agosto
EL REPORTAJE AG   |   | Ramón Ramos

De Gori a Messi

Aquel ascenso de 2006 no fue una tarea fácil · Una eliminatoria que se resolvió en la prórroga y contra un rival numéricamente disminuido

Ramón celebra el tanto que supuso el 2-0 en el marcador ante el Guadalajara. Foto: Luis F. Ruiz (archivo)

Ramón celebra el tanto que supuso el 2-0 en el marcador ante el Guadalajara. Foto: Luis F. Ruiz (archivo)

Y en aquella prórroga la veleidosa fortuna miró por fin de frente al Granada CF. Eran los días en que el destino estaba en deuda con el Granada CF, al que una sucesión de fracasos y errores había llevado al borde de la desaparición en su peor racha histórica. Eran los tiempos en que un personaje tras otro, surgidos desde el lado oscuro, se habían hecho cargo del club para descrédito de de una sociedad suficientemente desacreditada hasta hundirla en las nieblas de la Tercera División.

Aquel ascenso de 2006 -el único en la historia del club conseguido al calor de Los Cármenes- no fue una tarea fácil. Una eliminatoria que se resolvió en la prórroga y contra un rival numéricamente disminuido.

Pero era una urgencia que se había hecho imperiosa para la ciudad, necesitada de esas alegrías colectivas que solo genera el fútbol. La llegada de Lorenzo Sanz había alentado aquella esperanza, tras los mandatos sucesivos de Pedro Ruiz o de un tal Gori. Normal: un equipo de Tercera tiene directivos de tercera.

Así, a aquel revulsivo del 'efecto Sanz' siguió un ascenso inmediato, de Tercera a Segunda B, un bocado que a la luz de los años positivos que han seguido, si se tiene en cuenta que el Granada CF había militado quince años ininterrumpidos en esa categoría a la que ahora se llegaba como a la 'tierra prometida'.

Un ascenso menor, si se compara con el brillo de los históricos a Primera de 1941, 1957, el de La Rosaleda, en 1966, o el de los tiempos de Candi, en 1968. Tampoco tiene el significado deportivo del salto a Segunda A en Alcorcón. Pero marca el fin de las tinieblas, es el eslabón necesario que abrió la puerta a los tiempos actuales: sin aquel 3-0 al Guadalajara hoy no veríamos a Messi cada año en Los Cármenes y quién sabe si continuaríamos viajando a pueblos o barriadas sin lustre ni tradición balompédica.

Era 2006 y era 25 de junio, un día después de San Juan, la noche de las hogueras. El 3-0 fue algo así como un fuego purificador contra el infortunio que durante las dos últimas décadas había acompañado el transitar del club rojiblanco por los sótanos del fútbol nacional.

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