sábado 13 julio
Albolote  |   |

"Deberíamos ser visibles y respetados todos, no por el hecho de ser del colectivo, sino por ser personas"

La pareja que sufrió pintadas y amenazas en su vivienda en El Chaparral cree necesario hacer públicas las agresiones que sufren las personas Lgtbi para combatir esta lacra

Javi Escudero y Javi Rodríguez llevan diez años casados. Foto: Blanca Rodríguez

Javi Escudero y Javi Rodríguez son una pareja de hombres que el pasado diciembre sufrió una agresión en la fachada de su vivienda en El Chaparral, en donde les realizaron pintadas que denunciaron. Cinco meses después, la agresión se repitió, esta vez con un una carta en la que les advertía, con una foto de ambos y una mira de arma apuntando a sus cabezas, de que no se habían olvidado de ellos. Fue entonces cuando decidieron salir de la intimidad para hacer visible su situación, consejo que dan a toda aquella persona que haya sufrido una situación similar. Consideran que si existen días como el del Orgullo Lgtbi para reivindicar que se les respete, también deben publicitarse las agresiones que sufren a lo largo de todo el año integrantes del colectivo.

Pregunta.- ¿Qué supone para vosotros el Orgullo Lgtbi y lo que significa para el colectivo?

Respuesta Javi Escudero.- No tenemos que ser miembros de un colectivo. Somos personas, como cualquier otra. No por el hecho de tener una relación entre dos chicos tenemos que incluirnos en ninguna agrupación ni nada. No entiendo que el hecho de las personas que tengan una determinada orientación sexual se tengan que encasillar. Por qué no se encasillan los heteros, en un grupo para heteros y en una organización que los proteja.

Para vivir con normalidad tenemos que incluirnos en un gueto o en un grupo, es en lo que no estoy nada de acuerdo. Pago mis impuestos como paga todo el resto y cualquier otra persona. No por el hecho de incluirme soy diferente. El hecho de estar reivindicando es eso, que tenemos que estar incluidos en un gueto para que se nos escuche y podamos tener los mismos derechos y oportunidades que el resto de las personas.

Sinceramente me sabe muy mal, pero no estoy nada de acuerdo en el hecho en sí, de incluirnos en un gueto y tener que estar cada año reivindicando algo que ya, por el hecho de ser personas, ya lo tenemos. Para nada estoy de acuerdo con el encasillamiento, ubicarnos en un lugar. Por el hecho de hacer eso ya soy diferente.

Para mi el hecho de tener que manifestarnos no es nada agradable, reclamamos algo que ya deberíamos tener por el hecho de ser personas. Este es mi caballo de batalla, al menos no veo nada lógico que se tenga que reivindicar cada año cuál es el motivo, si soy como otro cualquiera.

No somos como se ha dicho en Valencia, con lo de las banderas y toda la historia. Que son personas como el resto, con muchos compañeros de trabajo y que hacen su vida, tienen su vida como cualquier otro y a nosotros nos ha tocado la peor parte, tener que ir cada año a recordar al resto del mundo que somos iguales que hace una semana.

No es un merecimiento, no es que me lo tenga que ganar. Por el hecho de haber nacido ya lo tengo, lo que pasa que hay quien elige acostarse con una mujer y yo con un hombre. Ya está. Como a las personas que deciden tener poliamor o una chica con otra chica. En qué mundo vivimos. Realmente nuestra sociedad ha ido atrás, porque ya los griegos y romanos tenían relaciones que incluían la bisexualidad y la homosexualidad. ¿Hemos retrocedido en el tiempo? Creo que la sociedad se va al traste. Hemos retrocedido, no hemos avanzado. Avanzamos en otras cuestiones, pero a nivel social y sexual cada día vamos más encaminados a la represión.

Esto va en consonancia con la religión, es un demonio. Desde que está la religión hay estereotipos, guerras y eso es así.

Respuesta Javi Rodríguez.- Te sientes como una persona de segundo grado por tener una sexualidad diferente a los demás o que los demás la tengan diferente a mi. Que yo me tenga que proteger especialmente o estar reivindicando que soy igual que tú no tendría por qué estar discriminado ni nada por el estilo.

P.- ¿Sienten que las instituciones están a la altura de las circunstancias?

J. E.- Para nada. Esas instituciones suelen estar gobernadas por personas con pensamientos que no están a la altura, son pensamientos que son más de otros tiempos que de ahora. Sí es cierto que todos somos diferentes y cada uno tiene su pensamiento, religión y opinión en un país libre y democrático, pero para nada. Muchas veces tratan de imponer según qué tipo de conceptos y de manera de vivir, a veces de forma encubierta.

El cartel que se ha hecho para el Orgullo de Madrid, por ejemplo, representa tacones, condones y copas. Hay gays que no están dentro de ese cartel. Yo ni necesito condones, ni necesito copas ni me pongo tacones. A la vista está de que muchas veces dicen que la gente se pica con todo, pero hay que tener cuidado con lo que se opina y con lo que se hace. Indistintamente de que se intente hacer la fiesta muchas veces se hieren sensibilidades con un pensamiento que puede ser libre.

Almeida se quejaba de que no estábamos contentos con nada, pero es que no da una. ¿Nos está metiendo a todo el colectivo dentro de las copas de los tacones, las copas y los condones? Para nada, está fuera de lugar. La gente que nos gobierna no está dentro de lo que debería estar y la gente que opina dentro de esas mismas instituciones no son escuchadas.

Escudero considera que el discurso desde las instituciones contra las personas Lgtbi se ha "radicalizado". Foto: Blanca Rodríguez

Qué casualidad que el que siempre comete ‘fallos’ es el mismo. Hacen las cosas de una manera que siempre tienen en cuenta el encasillamiento al que estamos sometidos. Si nos ponemos en el lado contrario y yo fuera el alcalde puedo decir que se va a celebrar la fiesta de los heteros y hago un cartel con rayas de cocaína, orgías, prostitutas y fútbol. A ver qué tal les parece. Los heteros normativos o gente de derecha o ultraderecha es lo que más hacen. A lo mejor tenemos que hacer lo contrario, quizás habría que hacer una reivindicación en ese sentido. Si tratan de sacarnos los colores muchas veces, incluso intentando encauzarnos por según qué tipo de sendas y caminos; pues quizás nosotros tendríamos que cambiar y hacer el Orgullo para criticar todo lo que hacen. No solo estamos sometidos y encasillados, sino también criticados.

No estoy en desacuerdo con no hacer el Orgullo, sino quizás en las formas, habría que sacarle los colores a este país. Sirve de poco hacer ruido, muchas veces habría que pasar a la opción B. Muchas de las zonas en las que se nos permite según qué tipo de actos o encasillarnos como enfermos como el caso de Valencia, quizás habría que verlos cómo llevan su vida. En definitiva se expone la nuestra totalmente diferente a lo que es.

J. R.- No veo que hagan mucho las instituciones. Cuando hacen algo lo hacen mal, con cosas que ha dicho mi marido. Yo soy de Valencia y ahora dicen que les molesta la bandera, es la excusa que quieren dar. Hasta que no haces ruido o no pasa algo grave no te hacen caso. De hecho la primera denuncia que pusimos no nos hicieron caso y ahora esta segunda como hemos decidido exponernos y salir en todos los sitios es cuando han comenzado a hacernos algo de caso. Como ha pasado un tiempo prudencial ha bajado otra vez. Nos prometieron muchas cosas y se ha parado todo.

J. E.- A nivel institucional se ha radicalizado mucho. Yo recuerdo que el PP las fiestas del Orgullo eran otra cosa, a nivel nacional incluso. Cuántos años no ha habido Orgullo en Valencia pero no había todas estos rollos de decir de no poner banderas y demás. Pienso que ese sector del PP que estaba callado, no vamos a hablar del partido innombrable que estaba dentro del PP. No tenían voz propia, estaban encasillados y callados como el ala más radical del partido. No tenían la posibilidad de expresarse.

Ahora imponen a sus compañeros, porque PP y Vox pertenecen al mismo sector; a no poder actuar como han actuado antes. Recuerdo que las mejores fiestas del Orgullo siempre han sido Madrid, hablo de hace 30 años. Ahora hay una serie de acontecimientos que no se veían antes. Hemos empeorado a la hora de poder expresarnos, pese a que se hayan conseguido muchas cosas. Es como tratar de decir “señores, ustedes ya lo tienen todo. No pidan más”. Me da la impresión de que las instituciones han vivido una radicalización importante y si esto sigue así habrá que plantearse otras actividades y otras opciones.

La gente joven está acostumbrada a una libertad que se les ha dado durante todos estos años y si esta gente sigue gobernando y actuando de esta manera se van a revelar. Un chico de 15 años que está comenzando a vivir su sexualidad, lo que no va a consentir es que algo con lo que han nacido se les coarte. Los que somos post Franco, como es mi caso, hemos tenido que vivir una serie de represiones que yo creo que ahora no estarían dispuestos a soportar. No llegarían a aguantar que se les someta y se les guíe en según qué tipo de aspectos.

Rodríguez cree que es necesario movilizarse en situaciones como las que han vivido. Foto: Blanca Rodríguez

P.- ¿Qué echan en falta de las cosas que se les prometieron después de la segunda amenaza?

J. E.- Celeridad.

J. R.- La segunda vez fue una amenaza de muerte. Lo que pedimos fue más seguridad en una zona donde apenas te cruzas con nadie. Seguridad no veo ninguna, hay cámaras a la entrada y la salida.

J. E.- Lo importante es que lo que se ha investigado en nuestro entorno estamos seguros porque no es vecino nuestro.En este sentido está claro. La Guardia Civil sabe quien es.

J. R.- Nos dijeron que habría reivindicaciones, pero no he visto yo que hagan mucho.

J. E.- El Ayuntamiento de Albolote nos prometió que abría un orgullo en Albolote y no tenemos constancia de que se vaya a hacer.

J. R.- Dijeron que iban a poner cámaras, es la salida de la urbanización y del pueblo y no sé.

J. E.- Las cosas no van todo lo rápido que nos gustaría que fueran. Todo tiene su proceso lento. Muchas veces te sientes desprotegido.

P.- ¿Sienten miedo?

J. R.- Ahora se te va pasando un poco más porque se enfría, pero siempre sales con miedo, mirando si hay alguien o no hay nadie.

P.- ¿Cómo es tener dejar de lado su intimidad para reivindicar algo que les pertenece?

J. R.- La primera vez piensas que es un idiota que se aburre. Pintas la pared, te olvidas y ya está, pero la segunda cuando ves que no, que va en serio y te mandan una foto con una diana. Yo trabajo en el pueblo y me paseo por el pueblo, que ahora me conozca la gente y me pare y me digan que están conmigo. Me he tenido que exponer a todo el mundo, cuando cada uno en su casa hace lo que quiere.

J. E.- La intimidad se ha ido al traste. El domicilio, que se supone que es totalmente inviolable, está totalmente violado.

J. R.-  Como por aquí pasa todo el mundo, se paraban, hacían fotos, éramos el circo del pueblo.

J. E.- Hemos vendido la casa y esto sí que es duro. No llevamos ni dos años aquí. Que nos tengamos que marchar porque hay un terrorista de ultraderecha, que lo es, que sabe dónde vivimos. Es duro porque tienes que dejar toda tu vida porque tu intimidad y tu morada queda violada y expuesta a que todo el mundo sabe dónde vives y quiénes son los que viven aquí, no solo el pueblo sino esta persona, que es lo que más nos preocupa y mucha gente que ha conocido el caso. Nos hemos expuesto nosotros pero es la única forma de que se nos hiciera caso. Las fuerzas de seguridad necesitan de ese empuje o esta exposición pública para poder actuar con una celeridad que nos gustaría fuera más rápido.

P.- Desde Granada Visible se pedía más formación a los empleados municipales o trabajadores que reciben una primera denuncia como la suya, ¿han percibido esa falta de formación?

J. R.-  No la tienen. La primera denuncia la puse yo ante la Guardia Civil y fue una denuncia normal, porque no sabía ni que era un delito de odio o que tenía que hacer algo especial. Fue cuando llegó a Fiscalía, que pidió, tras explicárselo, que teníamos que volver a formular la denuncia.

J. E.-  Es cierto que en el segundo caso se puso en contacto con nosotros el grupo Redo de la Guardia Civil, que es un grupo específico para delitos de odio. Su actuación bastante bien. Hasta llegar ahí sí es cierto que si no haces ruido se queda en nada y piensan que son cosas de maricones. A mí la sensación que me da es que soy ciudadano para lo que me interesa, para pagar, contribuir y trabajar. Pero en cuestión de derechos hay mucho que escribir para estar al mismo nivel, me siento como una persona que desde que tiene uso de razón hasta los 50 años que tengo ahora tengo que luchar por algo que otra persona no tiene que preocuparse. Encasillado desde que eras pequeño.

Venimos de fuera y piensas que cómo es posible que haya vuelto a un mundo que parece que retrocedido 50 años, estamos en el mismo país, me sabe muy mal pero la cosa no pinta bien.

Da la impresión de que hubo como una especie de apertura, en la que ser gay podía ser guay. Como que se respetaba todo, pero en el momento en el que vieron que nos exponíamos demasiado y estábamos muy a la vista somos una amenaza para según qué tipo de gente. Eso intentan que no se consientan, intentan callarnos. Lo que habíamos aumentado vuelve a caer de manera muy lenta, de manera encubierta. Que nos podamos expresar libremente ha asustado a cierto sector de la población, como que no les gusta la imagen que damos.

Tienen mucha fuerza y tratan de que haya quien vuelva al armario. Se trata de acortar derechos, actitudes y opiniones que hasta hace poco eran normales. En el momento en el que tenemos mucha más visibilidad ya no gusta tanto, la visibilidad molesta. Tendríamos que ser visibles todos y ser respetados no por el hecho de ser del colectivo, sino por el hecho de ser personas simplemente.

P.- ¿Las dos agresiones y amenazas sufridas, han sido el momento más duro que han vivido como pareja?

J. E.-  Sí, sin duda.

Ambos consideran que la única forma de combatir agresiones como las sufridas por ellos es haciéndolas públicas. Foto: Blanca Rodríguez

P.- ¿Les pasó algo alguna vez individualmente?

J. E.-  En mi caso fue terrible. Mi niñez y adolescencia no se la deseo a nadie. Yo era el señalado, el encasillado. El grupo de iguales fue terrible. Era una época en la que yo tenía diez años, poco después de Franco. A mí me ha pegado y amenazado por el hecho de ser gay. Cuántos amigos y conocidos que ahora sé que son homosexuales, para intentar taparse hacían cosas que yo no hacía, porque no me gustaba o por el hecho de ser gay. El resto como quería evitar que le señalaban pues lo hacían.

Yo tenía claro que no iba a ser una persona diferente, sino que iba a ser yo. Si no quería hacer según qué cosas o tenía que expresarme, pues lo hacía, pero eso suponía un problema. La adolescencia la viví bastante escondida. Por mucho que se quisiera avanzar había mucha gente que te señalaba con el dedo. Cuando tienes una madurez, yo me fui a vivir a Mallorca, allí hay más apertura y el sentimiento es diferente. Para nada noté que no tuviera algún encuentro que me tachara o criticara. Aún quedan personas que se toman actitudes y libertades que quizás pueden estar más envalentonadas por el discurso actual.

Tenemos un discurso que para nada gusta. El odio está muy a la vista, muy en auge, no hay mas que ver que la derecha y ultraderecha han aumentado en votos a nivel europeo. Si vamos en esa senda, toda esa gente que tiene ese pensamiento más retrógrado, que coinciden con este tipo de grupos, se ve con la libertad de decir “ahora me voy a divertir” o “me voy a expresar de esta manera contra esta gente”. Se debería limitar estos discursos de odio o que no estuvieran permitidos.

Tenemos un ministro del Interior que es gay. Si lo viera le recordaría que todos estamos en el mismo barco. No veo que haga nada por proteger nuestros derechos o decir que “Marlaska consiguió…”. Está en su mano, podría hacer un poquito más para luchar para que esto se acabe. Hay miles de fórmulas, endurecer las penas o que si hay un delito de odio se pueda castigar a la gente de una manera más potente de lo que se hace ahora. A veces se queda en una multa irrisoria.

P.- A una persona que le pase algo similar a lo vuestro, ¿le darían algún consejo?

J. E.-  Que no se calle.

P.- Que no se calle implica, ¿ir a denunciar o ir a los medios de comunicación?

J. R.-  Todo. Vista nuestra experiencia o haces algo o te mueves y te expones o si no haces nada  puede que esa persona hubiera seguido hasta hacer algo más grave.

J. E.-  Que haga todo el ruido posible. Esto es una agresión por tener una sexualidad diferente y esto no se puede permitir jamás en la vida. Lo que no se puede es censurar según qué tipos de comportamientos. Callándonos, no exponiéndolo, ayudamos a que esto siga igual. Si nos exponemos y le damos publicidad la gente verá que son cosas muy feas que no se deben permitir. La única manera es darle la mayor publicidad. Si cada año hacemos una reivindicación de que somos personas, cada vez que nos pase algo deberíamos publicitarlo, como se cuentan casos de parricidios o de violencia de género.

No hay tantos casos que se vean en televisión de problemas como el nuestro. Si no me expongo, no sale. Me expuse varias veces en televisión y me costó. En casos de violencia de género se cuentan cada año cuántas mujeres son maltratadas, pues deberían también contabilizarse las agresiones al colectivo Lgtbi. Que no sea más importante una cosa u otra. Las agresiones a gente por tener una relación distinta, por qué no se exponen.

Los medios de comunicación muchas veces censuran estas cosas. He intentado salir en según qué tipo de programas y quizás les ha llamado más la atención otras cuestiones. Por ejemplo expuse el caso a programas como el de Ana Rosa Quintana, pero no quisieron; sin embargo en el de Nacho Abad sí salimos. Para uno sí era importante nuestro caso y para otro no.

A las personas que pasan por aquí les digo que hagan todo lo que haya que hacer, como si tienen que salir cada día, para que esto no se repita, porque cuanto más casos mayor sensibilización a la opinión pública como sucede con otras lacras como el maltrato a la mujer. Vamos a sensibilizar también con el maltrato al colectivo.

J. R.-  Yo pediría a Ayuntamiento, Policía o Guardia Civil que le diera más celeridad a estas cosas. Pasa el tiempo, no te dan información, no nos la dicen y seguimos igual que el primer día

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