El duende de Federico 'renace' en el Generalife con Miguel Poveda
El ciclo Lorca y Granada se adentra en un nuevo estadio de la mano del artista catalán que se rodea de Agustín Baranjas, Eva Yerbabuena o Maica Barroso para mostrar las mil y una versiones del universal poeta

El duende de Federico García Lorca renace en la voz de Miguel Poveda, quien lleva a una nueva dimensión los 'Mil Federicos' que había en un escenario embrujado en la noche de Granada más mágica posible con el artista catalán.
Las tablas del Generalife son testigo de un espectáculo, que hasta este sábado reivindica la versatilidad de Federico en la representación de Poveda, quien además se acompaña de un elenco tan apropiado como acertado para hacer un viaje al desván del tiempo donde permanecen las variadas formas de recordar al autor de Yerma, vilmente asesinado hace ahora 89 años.
Manuel Monje se encarga de representar a un Federico Niño que juega y que se hace preguntas interminables para conversar incluso con el Federico adolescente, al que da vida el bailaor Agustín Barajas, quien arranca entremezclado con la 'sangre' derramada por el poeta.
Así, Miguel Poveda comienza con la 'Cara a Regino Sainz de la Maza' para continuar con el 'Soneto de la dulce queja', una carta de presentación que apoya en elenco de artistas musicales que le acompañan, en el que Jesús Guerrero, quien también conduce la dirección musical, se convierte en pieza clave para el artista.
'La canción del fuego fatuo', esbozada por la voz de Monje y bailada por Barajas, adentran al espectador más aún en el universo lorquiano, en el que Poveda los lleva a las 'Delicadas criaturas' del creador de Fuente Vaqueros, en el que no faltan 'Los cuatro muleros' o 'Anda Jaleo Jaleo'.
El viaje no se va de Granada, pues sentado junto al pianista Joan Albert Amargós, Poveda recrea la canción que Albéniz dedicó a la ciudad en la que el cantaor ya está echando raíces y donde pide 'Dejadme llorar' para dar las buenas noches al pública en hasta tres ocasiones.

Reivindicación en el escenario
La 'Baladilla de los tres ríos' sigue dando conexiones al hilo conductor de Poveda sobre el escenario, quien se adentra en las seguiriyas del 'Retrat0 de Silverio Franconetti' y llevar el flamenco a su máximo esplendor, en este caso con la inestimable ayuda de Eva Yerbabuena, culmen con los pies en un espectáculo del que también lleva la dirección escénica.
Pero la noche fresca de una Granada que afronta los últimos coletazos de este caluroso agosto también tiene el momento para su reivindicación, como hace Manuel Monje al portar una sandía, en señal de apoyo al pueblo palestina, antes de que llegue el 'Grito hacia Roma' para remover las conciencias actuales.
En el viaje de Miguel Poveda no puede faltar el otro lado del charco con 'Son de negros en Cuba' y segur con 'Para la libertad', junto a Maica Barroso, que para entonces ha dejado entusiasmado a la amplia mayoría que abarrotan el patio de butacas del Generalife.
Antes de afrontar el final, Poveda se acompaña de Paco Jarana en la guitarra y llegar hasta el "quiero dormir un rato / un rato, un minuto, un siglo / pero que todos sepan que no he muerto".
El artista quiere reivindicar a un Federico vive con su 'No me encontraron' que sirve del principio del fin de una cita en la que queda constatado que no solo había un Lorca, sino que entre el lunar, el vanguardista, el hombre herido de amor huido o el telúrico había una gama que Miguel Poveda lleva al escenario en las noches del Generalife con gran acierto.






