sábado 4 febrero
TOROS | LA CRÓNICA  |   |

José Tomás detiene el tiempo en Granada

El maestro de Galapagar conquista la Plaza de Toros de Granada con un toreo lleno de verdad, emoción y grandeza de un mito vivo del toreo actual

José Tomás toreó a derechas e izquierdas con la misma sobriedad. Foto: Álex Cámara

Cuando las agujas del reloj de la Monumental Frascuelo de Granada daban las siete de la tarde, casi la totalidad de los asistentes al coso de Doctor Oloriz ya ocupaban sus asientos sin saber que el tiempo se iba a detener una tarde de junio en manos de un tipo llamado José Tomás, el mismo por el que hay quien ha hecho miles de kilómetros para verlo reaparecer en una de las pocas ocasiones que existirán este año para verlo vestido de luces.

El maestro de Galapagar, con el rejoneador Sergio Galán como 'telonero', no solo emborrachó a los presentes del toreo en su pura esencia con el capote o la muleta, sino que dio sentido a todo cuanto acontece en una plaza, desde la espera entre toro y toro al acompañamiento con el aficionado con el que se comparte tendido, desde la emoción de ver un peligro que él ni se imagina a hacer fácil lo difícil. He ahí su grandeza, la de un maestro de la tauromaquia que por fortuna ha tocado vivir en los tiempos actuales y cuya reaparición volvió a ser en Granada.

Podrán escribirse cuantas crónicas se quieran sobre las cuatro faenas de José Tomas en Granada este sábado de feria, pero ninguna encontrará los adjetivos suficientes para describir lo que siente el aficionado al verlo sobre la plaza. El mito surge cuando José Tomás no es un torero cualquiera. Hay quien critica su ausencia de las grandes ferias, otros optan por censurar su actitud 'kamicaze' ante las astas. Y lo que verdaderamente esconden esas vagas afirmaciones son la incomodidad de no poder verlo desde casa y en el sofá.

Y es que el que quiso presenciar a José Tomás tuvo que rascarse el bolsillo con alguno de los más de 12.000 abonos vendidos este año en la Monumental Frascuelo. Los más afortunados, los aficionados de Granada. El resto tuvo que buscarse la vida para llegar a un coso que pronto comenzaría a palpitar con el capote del maestro.

José Tomás también estuvo excepcional con el capote con su quite por gaoneras. Foto: Álex Cámara

La excelencia con capote y muleta

Solo en el primer toro el aficionado ya terminó saciado con lo que había ido a ver a la Plaza de Toros de Granada. José Tomás lo recibió con una verónica tan a cámara lenta como los quites por delantales y espaldinas en una faena en la que, como el resto, se le hicieron muy bien las cosas a cada uno de los toros que salieron a la plaza de Núñez del Cuvillo (2), Garcigrande y El Pilar.

Después pasó a la muleta para arrancar en los medios, donde en el escaso tamaño que puedan ocupar sus zapatillas de torero, con los trastos montados, se fue pasando el toro de izquierda a derecha y de derecha a izquierda sin moverse, para poner la plaza boca abajo en el arranque de la faena a su primero al que cortó las dos orejas después de unos lances al natural que detuvieron el tiempo por completo en Granada.

La verónica fue la protagonista de nuevo del segundo toro de su lote, en el que el toreo con el capote volvió a dar excelencia a lo que se dibujaba sobre el albero granadino, con gaoneras que ni la más dura de las enfermedades hará olvidar a nadie de su mente. El toreo al natural recorrió de nuevo la plaza en cada tendido, ante una quietud impropia de un ser humano ante las embestidas del astado, al que también le arrancó otras dos orejas.

El toro más complicado de la tarde fue el de El Pilar y ahí José Tomás también sacó repertorio para hacerlo todo sobre la plaza, poner la creencia que nadie tenía y convertir en fácil lo difícil de un astado que después del tercio de banderillas se vino abajo. Aún así logró arrancarle buenos muletazos en la faena más pasajera de la tarde.

Conscientes de que solo quedaba uno, José Tomás esta vez deleitó en el sexto con el capote, con un empacho literal de toreo por la izquierda y la derecha, por verónicas, delantales y pases por la espalda hasta que el de Núñez del Cuvillo abdicó. Y José Tomás quería más. Lo llevó como quiso con la muleta, con la que cuajó otra faena inolvidable. De las que crean afición y dejan sin palabras al más verborrágico de los seres humanos.

La presidencia no pudo no rendirse y entregó el rabo del cuarto de su lote al de Galapagar, que se despidió a grito de "torero, torero" de Granada, el lugar que ha vuelto a encumbrar al maestro en una tarde de éxtasis taurino que difícilmente se olvidará. En el día en el que ni las agujas del reloj quería que acabasen las faenas de José tomás.

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