jueves 8 diciembre
EL REPORTAJE  |   |

La Alhambra, las tapas... y el botellón

Jóvenes que utilizan el botellódromo reconocen que es un valor añadido para Granada y que además la diferencia "positivamente" de otras ciudades

Numerosos jóvenes, camino del botellódromo con bebidas para consumir. Foto: Álex Cámara

Numerosos jóvenes, camino del botellódromo con bebidas para consumir. Foto: Álex Cámara

Apenas han transcurrido unos minutos de las once de la noche cuando son varios los grupos de jóvenes que aguardan junto a la pirámide ubicada en las inmediaciones de Hipercor. Si el guitarrista Manuel Cano levantase la cabeza, quizás nunca se creería que el trozo de piedra que rinde homenaje a su figura es el punto donde comienzan las noches de desenfreno, locura y diversión de muchos jóvenes en la ciudad.

Más allá de las citas de grandes aglomeraciones o muy concurridas como lo son la Fiesta de la Primavera, el recinto ubicado entre el gran centro comercial y la circunvalación granadina congrega cada fin de semana desde hace años a numerosos jóvenes, y no tanto, dispuestos a consumir el alcohol que dicen que no pueden pagar en los locales cerrados, o al menos es la excusa que algunos usan para no gastar dinero en cualquier pub  de la ciudad como paso previo de la discoteca.

"Es una forma de socializarse", dicen dos chicas solitarias que tienen como única compañía la una de la otra y que en esta ocasión han elegido el botellódromo como punto de encuentro porque cada una vive en una "punta de Granada".

Granadinas ambas - las dos se llaman Cristina M.- y de un pueblo de la provincia de cuyo nombre no quieren acordarse -o simplemente no recuerdan-, aseguran que el botellódromo forma parte del "atractivo" universitario en comparación con otras ciudades como Málaga o Sevilla, que carecen de un espacio similar. Pero, ¿qué las hace acudir a beber en la calle, en pleno invierno y pasar frío?: "Conoces a gente y te socializas con ellos".

Uno de los grupos de jóvenes, de botellón. Foto: Álex Cámara

Uno de los grupos de jóvenes, de botellón. Foto: Álex Cámara

La diversión y el alcohol

Quien no ha hecho botellón en Granada no sabe lo que es congregarse un día concreto de la semana en un punto concreto para relacionarse con sus amigos. Con esas, la pregunta es si el alcohol va estrechamente vinculado a los buenos o malos ratos que se puedan pasar mientras se consume en plena calle: "Depende mucho de la gente, si no conoces a nadie el alcohol te deshinibe", explica Laya Rocher, valenciana estudiante en Granada que además reconoce que ingiriendo bebidas alcohólicas si no se conoce a quien te rodea se lo pasan "mejor".

En otro grupo diferente opina Inés Gálvez, que considera que el alcohol sí aporta soluciones para una noche porque de lo contrario, si va a la disco, no se lo pasa "bien". El botellón sigue siendo la antesala de una larga noche de fiesta, porque es obvio a su juicio que si se bebe "es para ir a la discoteca", en donde las copas "son muy caras".

La fama de Granada

"Está feo que a la ciudad se la reconozca por esto, pero también atrae gente de fuera que además es probable que también visite otras cosas", apunta Antonio Jiménez, quien además considera que ahora se molesta menos que hace unos años, cuando la Fiesta de la Primavera o el Día de la Cruz se esparcían por completo por el resto de la ciudad.

En la misma línea se pronuncia David Garzón, granadino, que considera que prohibir espacios como el botellódromo no servirá de nada porque "será peor". A su juicio, es preferible que solo esté legalizado en una zona concreta de la ciudad que no esparcido por todos los espacios posibles porque "es lo que a la gente le gusta".

"Antes por el centro se acumulaba mucha basura por todas partes, es preferible una zona así, porque es una ventaja económica", indica Garzón. Su compañero de 'copas', Alejandro Ruiz, de Jaén, sabe lo que es tener un recinto en su ciudad y reconoce que en estos espacios hay "más ambiente". No le sucede lo mismo a Víctor Tendero, estudiante en Granada llegado desde Almería, que cree que en este punto se reúne "todo el mundo".

"Yo tengo un piso compartido y hay muchos motivos por los que no hago botellón allí, primero porque molestamos a los vecinos y se quejan y aquí por lo menos que nosotros sepamos molestamos menos", dice Tendero.

Desde Cádiz, Ignacio Sánchez cree que es bueno que exista un sitio para poder beber y, además, esté cerca de puntos de diversión en la ciudad.

Pero, ¿es cierta la teoría de que los jóvenes hacen botellón porque carecen de alternativas? Para Laya Rocher no es así, pues el botellódromo no resta afluencia a otros eventos y si quiere seguir usando el botellódromo lo hará. Antonio Jiménez va más allá y reclama a quienes plantean alternativas de ocio que pasen a la acción, en lugar de reclamarlas o plantearlas sobre el papel: "No se ha dado el caso aún".

Otro de los grupos concentrados en el botellódromo. Foto: Álex Cámara

Otro de los grupos concentrados en el botellódromo. Foto: Álex Cámara

Una botella por cada dos o tres

Transcurrida más de media hora con los jóvenes que participan en este reportaje es fácil comprender que la socialización y la economía son los dos motivos por los que hacen botellón. Por unos diez euros se puede comprar el 'pack' completo compuesto de botella de alcohol, dos litros de refresco para elaborar el combinado, vasos, hielo e, incluiso, pipas y chicles de regalo.

Pero una botella no suele dar para mucho, ¿o quizás sí? No lo piensan así en el grupo compuesto por Inés, Ignacio, Judith, Adán, María José, Cristina e Isabel, quienes aseguran que una botella suele dar para "dos o tres". La economía obliga a veces a no recurrir a primeras marcas siempre o a planificar previamente la cita en el botellódromo acudiendo a un gran supermercado, aunque si la ocasión especial, entonces las marcas blancas quedan al margen.

"Depende también de cómo se llene la copa, porque yo lo hago hasta aquí", explica ubicando sus dedos a la altura de la mitad del vaso de plástico que soporta. Lo que tienen claro, no obstante, es que ante el riesgo de poder consumir 'garrafón' en alguna discoteca, prefieren elegir productos que les den garantías de que la resaca, al menos, será más llevadera al día siguiente.

Bebiendo en el botellón, por mucho frío que haga, "lo haces rápido y te calientas antes que en casa, así no te apalancas", dice Inés Gálvez en este grupo, en el que dicen que el mejor día es los jueves, lo contrario que piensan en el grupo de Víctor, Laya, Antonio, David y Alejandro, en el que consideran que los viernes es el día idóneo porque "los jueves solo vienen universitarios y los sábados la gente está cansada".

La seguridad

Hace casi dos años que Granada y su botellódromo fue noticia a nivel nacional por una batalla campal ocurrida en la noche de Halloween: "La madre de todas las peleas".

Así es como conocen nuestros protagonistas aquél 31 de octubre, en el que resultaron heridas varias personas. Por ello, ¿es el botellódromo un lugar seguro? María José Pizarro considera que se siente más segura cuando hay policías, aunque sea en los aledaños del recinto, aunque reconoce que es fácil -sin que ella lo haga- consumir sustancias prohibidas porque los agentes no suelen acceder al interior salvo que surja algún problema.

Es la misma opinión que comparte Antonio Jiménez, que cree que si alguna vez registran el perjudicado es el que lleva encima sustancias que no se pueden consumir -al menos en público-: "Tras la fiesta de Halloween hubo un mes de tensión, porque pensabas que en cualquier momento se podía reproducir".

Su amigo David Garzón considera que la presencia de agentes, aunque fuese de paisano, evitaría según que problemas en el interior del recintó, aunque "hay gente que va buscando pelea".

No se trata de comparar dos emblemas y estandartes de Granada como la Alhambra y las tapas con un acto que, aun reuniendo a miles de jóvenes cada semana, recibe la reprobación de gran parte de la sociedad. Quizás es porque muchos no recuerden su época de jóvenes o porque el rol que ahora les toca es el de ejercer de persona responsable. Sea como fuere el botellón es una realidad difícil de atajar, ¿lo seguirá siendo en el futuro?

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