viernes 23 febrero
La Cínica Interviú  |   | Francisco Barajas

“La inflación cultural en Granada produce capillitas y grupitos”

Juan Luis Tapia, periodista, poeta y editor: “Nadie es responsable de nada en este país”

El periodista, poeta y editor Juan Luis Tapia. Foto: Alberto Franco

El periodista, poeta y editor Juan Luis Tapia. Foto: Alberto Franco

Juan Luis Tapia es un periodista cultural granadino, también es poeta y editor, que tiene como norma periodística principal, cierto y nítido, escribir siempre la verdad. Y aunque se joda de jodida gravedad el universo particular granadino y el universo común patrio. Y esto está muy bien. Fenomenal. Y porque no se puede hacer el periodismo canalla que es “chiquilicuatre”, ese que está amordazado por la publicidad fascista y capciosa y por los amiguismos inconfesables de los que son intocables. ¡Salve, periodista, poeta y editor! ¡Toma ya! Y ya que has elegido el duro camino de la libertad personal y el de la independencia profesional. Mola. Este modesto servidor que firma la entrevista, te agradece en demasía esta magnifica y leal interviú, amigo y compañero, y porque es pura realidad actual la que tú denuncias con tus excelentes respuestas. Gracias. Lean señoras y señores, no todos los días se producen estas buenas entrevistas, por las respuestas, y sin meterle la tijera a sangre y fuego. “Capillitas y grupitos que producen inflación cultural”, esta frase en digna de ponerla a la entrada de Granada, y para que la lean al llegar los viajeros culturales que llegan a la ciudad más cultural de todo el planeta España.

Pregunta.- Hay en esta vida perruna los tipos que cuentan cuentos, los que cuentan vidas, los que cuentan chismes y los que cuenta bulos con maldad… ¿Nos cuentas algo de tu vida con bondad, esa que ahora vuela como un pájaro, como una pluma libre o como un editor que publica libros interesantes para humanos cultos y no para cromañones aborígenes?

Respuesta.- Mi nueva etapa se podría definir con la frase valdelomariana de “el vuelo del hombre es su latido”, y yo he empezado a volar con la fuerza de lo que realmente uno quiere y de acuerdo a mis convicciones. No podía seguir en un proyecto que agoniza y que solo se mantiene vivo por el puro interés económico y mercantilista, como es la prensa convencional y oficial, aquella que ha convertido la información en mercancía, la que tiene consumidores y no lectores, la que está al servicio del poder económico y no de los ciudadanos. Además, debía desprenderme de la etiqueta adscrita a un medio determinado y embarcarme en el periodismo cultural freelance, en los nuevos periodismos que se están desarrollando en la libertad de la red, y en una editorial como Lápices de luna, junto a Paz Salas. Lápices de Luna (El tacón rojo) es una editorial literaria que presenta una nueva forma de entender y realizar el libro, un concepto que rechaza el libro como mero producto de consumo. Entendemos el libro como objeto artístico en forma y contenido, un concepto que nos lleva al rechazo de fórmulas en las que el libro ha perdido su valor de ‘universo infinito’, transformándose en un ‘snack’ basura.

P.- Desde siempre, incluso en mis anteriores reencarnaciones, he oído que Granada es la ciudad de lo máximo en cultura. Y que por centímetro cuadrado, es la urbe en la que existen más culturetas y personas serias de la cultura… ¿Y por qué el tópico de que Granada es toda cultura toda?

R.- Jajajaja…Sí, es una frase que queda muy bien en los discursos de los políticos, a modo de eslogan, y de uso ideal en los folletos turísticos, pero la realidad es muy distinta. El problema es que hay una inflación de actividad cultural y la ciudad no tiene capacidad de acogida para tanta producción y gente dedicada a la cultura. Esta inflación produce compartimentos estancos, capillitas, grupitos y colectivos que luchan por su minúsculo trozo de tarta. Granada es ciudad cultural por una serie de nombres dedicados a la cultura, y la mayoría de ellos tuvieron que marcharse para tener proyección y futuro. Los artistas, por ejemplo, no tienen futuro en Granada, una ciudad con pocas galerías y escasísimo mercado del arte, donde no hay lugar para ellos y donde no se apuesta por los jóvenes valores. Granada es la ciudad que asesinó a su poeta y que envió al exilio al artista. Un ejemplo es la anécdota de José Guerrero y García Lorca. Harto del academicismo y acosado por el ambiente, un desesperado José Guerreró le preguntó a García Lorca qué hacer. Federico le contestó: “Niño, tira tus pinceles al aire y vete para Madrid”. Pues así siguen las cosas. Granada vive en sí mismo tan prisionera que solo tiene salida por las estrellas. Así sea.

P.- La poesía es un arma con la que nunca se puede ejecutar a nadie, una pena… ¿Y qué es tu poemario “Haiku Sex”, quizá un canto al amor erótico o un brindis para felicitar a los que aman sin tapujos ni estupideces?

R.- Son cerca de un centenar de micropoemas eróticos al más puro estilo del clásico haiku, la forma poética nipona, pero con algunas licencias, y escritos como pildorazos, chupitos de un buen tequila erótico, una margarita de saladas y dulces imágenes que pretenden instalarse en la retina mental del lector. Los hay de muchos tipos, algunos más reflexivos, más explícitos y otros entregados, como cargas de profundidad. He pretendido crear una iconografía de la erótica en persecución de la mística, la carne y el espíritu, ese diálogo ancestral. Pero sobre todo inundar la mente de fogonazos de erotismo, de escenas, de imágenes que permanecen en la retina de la mente una vez finalizada la lectura, y sobre todo emocionar. Lo que he querido es despertar en el lector la emoción de una escena, de una reflexión, de un acto relacionado con el sexo y, por supuesto, con el placer. Creo en la mística de la carne, en que hay posiciones y sensaciones de deseo sexual que se confunden con lo espiritual. Hay teóricos que hablan de la confusión del éxtasis místico con un orgasmo profundo e interior, el que se produce en la mente, un orgasmo similar al que disfrutan quienes practican el sexo tántrico.

P.- Poetas que se mueren de inanición, y porque lo que se dice leer poesía no la lee ni Dios en este país… ¿Y tus otros poemarios que representan para un periodista que escribe prosa y también poesía?

R.- El problema de la poesía es que no rompe el círculo vicioso de autores/académicos, poetas que leen a poetas y cátedros que leen a cátedros. La poesía ha olvidado la calle, acercarse de otra manera a los potenciales lectores, descubrirles que su vida cotidiana, está trufada de poesía, y solo hay que leer algunos mensajes publicitarios para darse cuenta. Hay que sacar la poesía de su metapoesía, de sus foros tradicionales y llevarla a otros espacios. También hay que concebir la poesía, en este mundo de la imagen y la red, como representación y vincularla a otras artes, romper y acabar con las presentaciones tradicionales, con ese formato decimonónico y acercarla a los nuevos tiempos. Con ‘Mar de frente’ estuve a punto de irme al mercado de San Agustín y pregonar mi libro como si fuera pescado fresco: ¡Están vivos, están vivos! También si se es poeta hay que vivir como poeta, creérselo, porque es una actitud y forma de vida, y no algo que solo existe en las presentaciones y de cara a dar imagen. Javier Egea, en ese sentido, es un ejemplo, un poeta total, incluso más allá de sus sombras, pero se puede afirmar que vivió como poeta, que se comió la vida a versos. En cuanto a la faceta periodista / poeta, creo que me ofrece una mirada, una forma de acercarme al mundo, de interpretarlo y de tener presente que la poesía, entre otras cosas, también es comunicación, donde tiene un importante papel la vinculación con la realidad, el apego a la vida real, a la actualidad, a lo que les pasa a mis semejantes, en ese sentido de ‘aprojimación’, que decía Val del Omar.

P.- Es posible que el periodismo haya muerto a manos asesinas de la publicidad… ¿Y por dónde camia el periodismo en este país de misa y olla, pícaros, analfabetos, miembros del Santo Oficio y corruptos políticos?

R.- El periodismo está abriendo su puerta de Matrix en la red, en las nuevas iniciativas que surgen en forma de cooperativas, en medios financiados por sus lectores y no por los poderes políticos y financieros, en un regreso a la esencia del periodismo pero con los medios tecnológicos actuales. Es en estos medios donde se están refugiando los periodistas con perfil, aquellos que eran muy molestos en los medios comerciales. Empiezan a caer las mordazas o mejor dicho se empieza a poder hablar y decir las cosas, porque los medios comerciales más que censurar han pecado de omisión. Hay una larga lista de ejemplos, y al caso de los ERE en Andalucía me remito. El rumor y la noticia de lo que pasaba estaba en las redacciones de los periódicos andaluces, pero peligraban las subvenciones, las publicidades, así que se hizo la vista gorda. Eso es lo realmente grave.

P.- Abundando en la corrupción política y empresarial existente… ¿A ningún padre de la patria se le cae la cara y los testículos de vergüenza?

R.- No tienen vergüenza, y no es broma. No son conscientes de haber tenido un comportamiento inmoral, y eso es lo más sangrante. Hay corruptelas que se consideran normales, que han sido aceptadas como algo consustancial a la gestión política y empresarial, que se ve con normalidad, incluso como algo instituido, una práctica de lo más lógica y habitual. A todo esto se le añade la total ausencia del sentimiento de responsabilidad. Nadie es responsable de nada en este país. Y esto se asume en todas las esferas y no solo en la empresarial y política. Un periodista que hace la vista gorda a la acción corrupta de un político es cómplice en tanto que hace dejación de su responsabilidad profesional. Esta práctica tiene mucho que ver con que el cuarto poder haya sido fagocitado por el primero, que es el financiero.

P.- El mundo político español es una “rara avis” espeluznante y quizá todavía con demasiadas reminiscencias franquistas… ¿Existe la democracia o la partidocracia en España?

R.- Existe una especie de democracia orgánica diseñada durante una transición hecha por los herederos del franquismo y encabezada por un rey impuesto por el generalísimo de los ejércitos. Se legalizaron partidos como el PCE con la única intención de que fuera anulado por el PSOE, que contó con el beneplácito y visto bueno de los poderes postfranquistas. Con el paso del tiempo y la evolución social, a esa transición democrática se le ha caído la máscara, y nos encontramos con una partidocracia, por supuesto. Últimamente viajo mucho por Marruecos, un país criticado en España por su régimen, cuando es muy similar al español, pero se hace mucho más transparente su modelo de democracia orgánica. En España todo se disfraza, porque el dinero, lo que el PSOE llamó bienestar social a base de dar subvenciones y subsidios compra-votos, no ha conseguido crear cultura y conocimiento, criterio, y aquí seguimos con la máxima de Ortega, aquella de que en España uno piensa y nueve embisten.

P.- España nunca ha sido patria de hermosas revoluciones… ¿Vendría bien aquí una revolución cultural, y aunque estemos inmersos en el siglo XXI?

R.- La revolución se hace desde uno mismo, y no es una frase al más puro estilo de Paulo Coelho. Lo que ocurre es que para hacer esa revolución cultural la gente debe tener cultura. Hay que empezar por ahí, por acabar con el analfabetismo funcional, con la falta de criterio, con la ausencia de vías de escape del sistema y acabar con el miedo. Hay una imagen sufí muy interesante. Aparece un hombre remando a contracorriente y toda una masa de gente que se deja llevar por ella, pero no saben que al final hay una gran cascada y se estrellan. Hay que empezar por culturizar y facilitar esas herramientas para que la gente pierda el miedo, mostrarles no que otra vida es posible, sino que al otro lado está la vida. El camino es duro, pero con aires libertarios y la riqueza de la libertad, la creencia en unas firmes convicciones son unos buenos combustibles para poder volar.

P.- Un periodista es aquel individuo que debe de oler la noticia aunque ésta se produzca en plena Vía Láctea… ¿El periodismo en papel desaparecerá porque lo digital es ya mucho más universal?

R.- Un periodista, hoy en día, es aquel que da la noticia, porque lo de olerla con la que está cayendo es muy fácil dado el insoportable hedor que nos rodea. El periodismo en papel no desaparecerá, porque todavía tiene la importancia de lo escrito, de lo tangible, un peso en la tradición del lector. Muchas veces los actos no se hacen reales hasta que no aparecen en los papeles. Dicho esto, creo que el periodismo en papel ante los medios digitales debe hacerse más gourmet, cuidarse más y diferenciarse del actual tetra-break en un intento por emular el digital. Los periódicos no pueden ser pantallazos de ordenador porque pierden su esencia. Si siguen su lucha con los digitales por la vía de convertirse en ‘digitales de papel’ se acabarán. Bueno, hay un factor que es la selección natural, y en ese sentido muchos caerán. Hay digitales que tienen su reflejo en papel, muy cuidados, diferenciados, con otros contenidos, dirigidos a lectores y no a consumidores. Por otra parte, el fomento de la lectura en papel no se consigue con las ofertas y productos del jefe de marketing, con la transformación del periódico en un bazar sino con el mimo de los contenidos, con la contribución del periodismo a los ciudadanos. Añadir que el acto de la lectura en papel es muy diferente al de la pantalla, porque tiene una mayor relación con la literatura, con el hecho de ser lector y no solo consumidor de información.

P.- Sobar un libro puede ser erótico… ¿Y el libro en papel nunca desaparecerá?

R.- Decía George Steiner que cuatro horas seguidas sin molestias es lectura. Réstale Internet, el iPad, el iPhone, estos juguetitos. Mi hija me mostró cómo un libro puede leerse en un iPad y te puedo decir que conspira contra la lectura. Se habla un lenguaje y se dan referencias que no tienen absolutamente nada que ver con el placer de la lectura. ‘Trópico de Cáncer’ no lo vas a leer en pantalla, porque hay que estar totalmente loco. Además, ¿para qué quiero yo llevar 500 libros a la playa? ¿De qué sirve tener mi biblioteca encima? O que se te acaben las pilas a mitad de párrafo. Estamos sometidos a la novedad del gadget. Pero la única dulzura de ese viejo gadget de la lectura es que el libro sea bonito. Para la lectura, el libro es mejor tecnológicamente, y no es por azar. No hubo alguien que dijo: “Vamos a hacer un objeto de papel en el que van unidas las páginas por el lomo”. Fue una evolución que llevó al objeto más conveniente para la lectura. Cuatro siglos que nos preceden.

P.- Tres padrenuestros o rezar mirando a la Meca, y a pecar de nuevo… ¿Y cómo es posible que las religiones todavía perduren en las sociedades humanas?

R.- Las religiones son explicaciones del miedo natural del hombre a lo desconocido. El problema es cómo se manipula y se juega con las explicaciones a ese miedo a lo inexplicable de tal manera que marca todas las facetas de la vida del ser humano. Otra de las cuestiones es concebir la religiosidad, la práctica de una espiritualidad, de una manera colectiva cuando es un acto individual. Hay religiones que han olvidado la esencia del ser humano y que pretenden imponerse con el miedo a la condena y otras que consideran que un comportamiento alejado de la sabiduría conlleva una condena en sí mismo. La cuestión consiste en respetar la libertad individual y en vigilar que esas creencias religiosas no determinen a las sociedades, porque pertenecen a la conciencia y no a la colectividad. Pero la tentación de tener el poder a través de explicaciones intangibles es muy fuerte.

P.- Una mirada, una caricia, un susurro, un beso… ¿Solo el amor puede salvar a los hombres, esos tan decadentes en la actualidad?

R.- El amor y el buen humor. A las relaciones y especialmente al amor aplico la máxima de Rafael Alberti, aquella del pesimismo rojo y el optimismo negro. De todo se aprende, de que si las cosas van bien, pues bien; y si las cosas van mal, pues bien. Pero una advertencia: la felicidad total es cosa de necios. Aquellos que dicen ser felices totalmente son los tontos, porque es no reconocer la totalidad, el hecho de que hay cosas buenas y malas, y que el todo nos afecta. En esta sociedad egoísta y enferma muchos creen que lo que ocurre a miles de kilómetros no les afecta, pero la tecnología acorta las distancias y el tiempo. Creo en la ‘aprojimación’, que decía Val del Omar, en la elevación a través de los demás, en ofrecerles lo que uno humildemente hace, que les es útil, que contribuye, que hace las cosas con amor y no con deslumbrado por la potencial recompensa económica.

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