viernes 27 mayo
EL REPORTAJE AG  |   |

La letra pequeña de la EPA

Las formas en las que los parados buscan empleo, cuántos hogares tienen a todos sus miembros en paro o los estudios que tienen los granadinos, entre los datos que también ofrece esta estadística

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En la intensidad de cada día informativo, los penúltimos jueves de cada mes siguiente al trimestre concluido el Instituto Nacional de Estadística y el Instituto de Estadística y Cartografía (IECA) publican los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), unas cifras que reflejan de forma aproximada mediante entrevistas cuál es el estado del empleo en las provincias españolas.

El mismo día que se publican las cifras, las que se suelen ofrecer suelen ser las del número de parados y ocupados, las tasas de empleo y de desempleo que existen o cuántos nuevos activos puede haber. Pero la EPA trae consigo otros datos y otras cifras a las que apenas se les suele prestar atención y que también marcan la tendencia del mercado laboral.

Ocurre así por ejemplo con los datos relativos al método empleado por los parados para buscar empleo, cuántos hogares tienen a todos sus miembros en paro u ocupados; la relación con la actividad económica y sexo, por clase de inactividad autopercibida; o las tasas de trabajo a tiempo parcial que existe entre los empleados. Son, al fin y al cabo, la letra pequeña de la EPA.

Sucede por ejemplo en la forma en la que los ciudadanos que están parados buscan trabajo, que en el caso de la provincia de Granada recoge que casi la totalidad de los desempleados (90,4%) utiliza el método tradicional. Esto es, los contactos con amigos, familiares o con los propios sindicatos. Es la fórmula en la que más confían por delante de acudir a un empresario (78,2% reconocen que así lo hacen) o de la oficialista, que es ir directamente a una oficina de empleo, cuyo índice se sitúa por encima de la mitad pero en poco (53,4%).

Resulta curioso si se comparan estos tres indicadores desde hace diez años cómo, la igualdad existente entonces, en época de bonanza económica, se ha ido rompiendo para abrirse una distancia entre los métodos más a mano, como acudir a los conocidos; y entre confiar en las posibilidades que da la administración pública para la búsqueda de trabajo (ver gráfico).

Otro de los indicadores que ha mejorado levemente en la última EPA, correspondiente al segundo trimestre del año, son las cifras relativas a los hogares que tienen a todos sus miembros activos ocupados o en paro. Así, en Granada, había 153.100 hogares con todos sus miembros en edad de trabajar, trabajando; mientras que 46.400 hogares no tienen a ninguno de sus miembros trabando.

La tasa de empleo entre hombres y mujeres en la provincia granadina es muy distante entre sí, al suponer un 36,23% de paradas por un 27,07% de desempleados. De hecho, mientras que la mitad de los varones está ocupado, en el caso de ellas este índice no llega en Granada al 33%.

La EPA permite conocer también el nivel de formación de la población, de modo que la mayoría de ciudadanos (299.100 granadinos) tiene unos estudios medios o secundarios; seguido de los universitarios (142.600), aquellos que tienen estudios primarios (123.000), los que se ubican en el baremo de los analfabetos y sin estudios (103.500) y los técnicos profesionales (88.300).

Del total de ocupados, 127.000 tienen estudios secundarios; mientras que entre los que tienen estudios superiores o universitarios la cifra no llega a los 100.000, con un total de 90.200.

En la provincia granadina hay un total de 155.300 asalariados con contrato indefinido, mientras que 82.200 tienen un contrato temporal, según este desglose detallado de las cifras publicadas por el INE y el IECA. Se da la circunstancia de que en Granada hay más mujeres que tienen un salario (81,80% del total) que de hombres (75,07%).

Los inactivos no solo incluye la población que, aun estando en edad de trabajar, ya está jubilada (157.900) o incapacitada (23.700) para poder seguir ejerciendo sus funciones, sino que también ocurre con los estudiantes, que en Granada se declaran 60.700. Las personas que se declaran empleadas del hogar son 72.400.

Son datos que constatan que, aun siendo cifras, las interpretaciones son múltiples para una provincia castigada laboralmente y que deberían ayudar a los responsables a reconducir la situación sin dar palos de ciego.

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