miércoles 7 octubre
TERREMOTOS EN GRANADA  |   | Luis F. Ruiz

La vida vuelve al residencial San Francisco de Las Gabias: "Estamos que no nos lo creemos"

Gran parte de las alrededor de 600 personas desalojadas en la ciudad metropolitana el pasado 18 de agosto regresan poco a poco a la normalidad tras vivir una "odisea" lejos de sus domicilios

Pedro y Natalia y su familia han alimentado diariamente a sus animales cuando les dejaban entrar. Foto: Luis F. Ruiz

Veinte días después, la vida ha regresado a las calles del Residencial San Francisco II de Las Gabias. Los desalojos preventivos llevados a cabo el pasado 18 de agosto han tenido el punto y final este lunes, con un ansiado regreso a las viviendas de sus propietarios e inquilinos, poniendo punto y final a una odisea que en muchos casos no ha sido nada fácil.

Provistos de sus maletas y bolsas, en gran medida, han vuelto a entrar por las puertas de sus casas que tuvieron que abandonar para que se ejecutaran trabajos de seguridad después de que los terremotos registrados desde el 15 de agosto provocase grietas y desperfectos que ahora se han acometido provisionalmente.

Aunque bien está lo que bien acaba, la experiencia vivida por cada una de las familias constata las dificultades que han tenido que afrontar durante los desalojos, como es el caso de Pedro y Natalia y sus dos hijos, quienes han combinado estas tres semanas entre la casa de los padres de ella y un hotel al que han accedido con ayuda del Ayuntamiento.

"Estamos ahora mismo que no nos lo creemos, esto ha sido una odisea", comenta Pedro, quien asume que han pasado lo suyo durante este periodo pues han tenido que apañarse "como se ha podido estas tres semanas", agradeciendo al Consistorio lo "bien" que se ha portado.

La espera y la incertidumbre de cuándo volver ha sido el principal escollo a superar durante este tiempo, pero cuando en el grupo de mensajería se dijo que se podía volver, sintieron "mucha emoción, iban a hacer una fiesta y todo", comenta Natalia.

"En la pandemia fue todo lo contrario y esto ha sido que nos han echado de nuestras casa", dice Pedro mientras uno de sus hijos abraza a una de sus dos gatas, animales que han permanecido en el inmueble y a los que han dado de comer a diario, siendo los mejores 'guardianes' esperando el momento del reencuentro.

Gestionar el miedo ha sido una de las tareas a las que mentalmente han tenido que enfrentarse estos vecinos, quienes admiten tener unas sensaciones "un poco raras" al volver para quedarse, tal y como expone Kelin.

"Estábamos en casa de mi hermana con las cosas amontonadas", explica. Porque además de tener que mudarse, en muchos casos buscar una alternativa habitable tampoco ha sido fácil, aunque este residente recuerda que el ser humano "se adapta a todo, para lo bueno y para lo malo".

Una de las familias regresa a su vivienda tras el desalojo. Foto: L. F. Ruiz

"Puedes estar en la casa de alguien, pero como en tu propia casa, en ningún lado", señala otra vecina, quien vuelve de la vivienda de su pareja con una sonrisa y deseosa de regresar, pues "lo peor ha sido la incertidumbre" tras tantos días de espera.

La casa de los padres ha sido el lugar más habitual para mudarse durante este tiempo, aunque otra pareja comenta que han tenido que 'separarse' momentáneamente, para volver con sus progenitores durante estos 20 días.

Los vecinos realojados no podrán utilizar ni el ascensor y tampoco el garaje, además deberán buscar espacio para estacionar, un mal menor después de lo vivido.

En el Residencial San Francisco III se sigue trabajando para que también puedan volver los residentes. Foto: L. F. R.

Inquilinos de alquiler

En este residencial también hay vecinos que viven de alquiler y han sido inquilinos en una situación en la que han encontrado las dos caras de la moneda.

Es el caso de una vecina que con su familia logró que su casero no les cobrase el mes por el "doble gasto" que tenían y aunque tienen algunas reticencias al volver por lo que se ha hecho lo hacen porque no han encontrado "otro sitio" para trasladarse definitivamente, mientras han vivido estos días en casa de un amigo.

Otra inquilina lamenta haber tenido que cambiar de casa al no encontrar soluciones a su problema y tras haber vivido en un hotel: "Me ha salido un piso mejor y me he ido", señala.

Esta vecina, que se ha ido a otro pueblo, lamenta el trato del casero y de la inmobiliaria, quienes además le han dado 24 horas para retirar todas sus pertenencias "después de todo".

Aun quedan por volver los residentes de San Francisco III, entre los que hay gente "que lo está pasando mal", comenta una pareja que se considera afortunada y que ha ido a retirar algunas pertenencias, entre ellos unos trajes para una boda y una silla para que ella pueda afrontar en mejor situación el TFG en casa de sus padres.

Cada familia y cada persona tiene un relato a lo vivido durante este tiempo, en el que se pone así punto y final a una situación que comenzó el día que la tierra tembló varias veces por encima de 4. Solo esperan que sus vidas poco a poco recobren la normalidad, porque como en casa, en ningún sitio.

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