miércoles 20 noviembre
SUCESOS  |   | E.P.

Llegan los restos incinerados del granadino fallecido en Islandia

El cadáver del joven, según denunció la familia, estuvo nueve horas "abandonado"

Los restos de José Ignacio Soto, un vecino de La Malahá de 33 años fallecido la semana pasada en Akureyri (Islandia), han llegado ya a España y ya han sido recogidos por su familia, quien ha denunciado públicamente que el cadáver fue "abandonado durante nueve horas" junto a un almacén de patatas antes de ser trasladado al crematorio.

En declaraciones, la hermana del fallecido, Carmen Soto, ha detallado que la llegada de las cenizas se ha producido a las 11.00 horas de este sábado, cuando los restos de su hermano han llegado a Madrid custodiados por Antonio Gil, amigo del fallecido con quien realizó el viaje a Islandia.

Según ha señalado la familia, los restos de José Ignacio Soto fueron abandonados antes de ser incinerados el jueves en Reikiavic, capital del país, una situación que Carmen ha censurado porque "no puede ser que le pase algo así a nadie", y sobre la que ha avanzado que los amigos de su hermanos van a contratar a un abogado en Islandia para "que esto no se repita".

"La desgracia que le paso a él ha sido una causa natural y ante eso no hay nada que hacer, pero esto no hay derecho de que le pase a nadie, y más a un cadáver que no se puede defender de nada, es lo que queremos, que no le pase a nadie, pero ni allí ni en ningún sitio", ha concluido.

José Ignacio Soto, quien se había desplazado a Islandia a buscar trabajo, falleció de un infarto de miocardio el miércoles 17. Sobre cómo fue tratado su cadáver, su tía, Rosa María Roldán, ha explicado que en principio iba a ser trasladado a la capital islandesa el lunes 22 por la mañana, pero finalmente fue llevado el viernes 19 por encargo de los servicios funerarios.

Según ha relatado, esto se produjo "sin aviso al cónsul ni a la familia" y en un camión de frutas y verduras que lo llevó al puerto de Akureyri, donde habría permanecido nueve horas a temperatura ambiente y a la vista, al lado de un almacén de patatas, hasta que lo descubrió una conocida de los amigos con los que estaba su sobrino en Islandia, por lo que ha calificado esta situación como "trato vejatorio".

Tras el fallecimiento de José Ignacio Soto, sus amigos avisaron a la Policía y a los servicios sanitarios, que se hicieron cargo del cuerpo. El joven estaba "feliz" y "cumpliendo un sueño", pues confiaba en encontrar un trabajo, para lo que estaba "echando currículums" y, "eventualmente, repartiendo periódicos", ha explicado su tía.

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