lunes 25 enero
Toros  |   |

Manzanares pone empeño y El Fandi, la raza

El diestro alicantino cuaja una buena faena al segundo de su lote, al que consigue cortar dos trofeos · El granadino vuelve a triunfar una tarde más en la plaza que los agasaja y lleva en volandas · Morante pasa sin pena ni gloria

José María Manzanares y El Fandi, a hombros en la segunda de feria. Foto: Carmen Moya

José María Manzanares y El Fandi, a hombros en la segunda de feria. Foto: Carmen Moya

Aún seguían sonando en Granada los ecos de la tarde de José Tomás cuando la Monumental Frascuelo volvió a ser escenario de otro cartel rematado en los que el público volvió a responder para casi llenar el coso. En la segunda de feria, El Fandi y José María Manzanares salieron a hombros después de que cada uno pusiera su grano de arena para conseguirlo. Uno, la raza para volver a triunfar en su tierra; otro, el empeño para no pasar de largo. Todo lo contrario de Morante de la Puebla, que pese a sus intentos se fue de vacío un año más.

José María Manzanares sigue demostrando que la intención no siempre es lo que cuenta ante 'rivales' como los que le tocó lidiar en Granada. Al primero le cortó una oreja porque supo estar a la altura de un toro difícil de interpretar, que no siempre quiso ir a la muleta y al que el de Alicante fue poco a poco sometiendo.

Nulo por el pitón izquierdo, Manzanares exprimió al de Juan Pedro Domeq por su otra asta hasta darlo por perdido cuando no había más jugo que extraer. No obstante, su acierto con la espada ya sólo merecía la oreja que finalmente obtuvo.

Al segundo de su lote y último de la tarde Manzanares fue poco a poco sacándole buenos derechazos en sus dos primeras tandas, la tercera al natural con menos recorrido por el pitón izquierdo y, tras volver al derecho, dos circulares que pusieron la plaza de Toros en pie.

Pese a su nobleza, el de Zalduendo se quedaba a media altura en cada salida en sus encuentros con Manzanares, que volvió a recrearse por el pitón derecho. Volvió al natural, aunque con menos profundidad. Con una estocada al volapíe (trasera y tendida), solo su faena le valió para cortar los dos apéndices y salir por la puerta grande.

Fandi eterno

Mientras El Fandi torea la Plaza de Toros de Granada disfruta. Y lo hace porque él sabe lo que espera su público de sus actuaciones y los asistentes al coso saben que David va a intentar no defraudarles.

Así, el granadino sale a por todas en cada una de sus faenas como sucedió en el segundo toro de la tarde, donde combinó largas cambiadas de rodillas con toreo a la verónica para irse ganando la Puerta Grande.

En banderillas el diestro volvió a lucirse, como acostumbra, para afrontar una faena templada y programada, que aun teniendo el pitón izquierdo del toro como 'talón de Aquiles', le permitió cosechar algún derechazo profundo y no menos consistentes naturales. Una estocada certera fueron el broche necesario para cortar las dos orejas.

El Fandi, sin embargo, no tuvo la misma fortuna en el segundo toro de su lote, un toro que apenas dio juego de principio a fin y que el diestro descubrió en el tercio de muleta, donde el toro no se dejó dar más de dos muletazos seguidos.

No obstante, su entrega y gamas de agradar lograron meterse a su público en el bolsillo y llevarse alguna protesta, no gratuita, cuando con sus desplantes remataba la faena. Por la fuerte petición, Mariano de Damas le concedió una oreja, la tercera de la tarde, para volver a completar de forma apoteósica otra feria del Corpus de Granada.

Sin pena ni gloria

El peor parado fue Morante de la Puebla, que se fue de vacío. En el primero de su lote, acabó con una ovación que le sirvió como reconocimiento al entregarse a un oponente que apenas le dio facilidades para cuajar una buena faena. Quizás la explicación la encontrara en el excesivo tercio de varas que dejó al de Juan Pedro Domeq más tiempo de la cuenta debajo del caballo, lo que acabó pronto con su raza para afrontar el resto de la lidia.

No obstante, Morante supo entender a la perfección la situación y lo condujo de forma suave a partir de la segunda serie de muletazos. El empeño no sirvió más que para prolongar una faena sin transmisión, en cuanto a la res, y de esfuerzo que no se pudo ver recompensado para el director de lidia.

En el segundo de su lote no corrió. Enorme suerte con un toro descastado y sin clase desde el inicio de la faena, que salía suelto tras cada embroque y al que costaba mantener fijo ante los capotes y muletas. Tan fue así que cuando Morante trató de iniciar la faena pegado a tablas el toro se negó por completo, descomponiendo el plan del diestro para empezar a transmitir al tendido. Fue esto lo que le falto a su faena.

Por el pitón derecho el toro apenas se dejó, saliendo con la cara alta y sin apenas poder ligar tandas limpias, el de Zalduendo siempre fue un mal rival para un torero que intentó trasladar, sin fortuna, sus pretensiones al tendido. Tras tres pinchazos, y un aviso, consiguió dar muerte a la res para volver a llevarse una ovación con la que Morante se tuvo que conformar una nueva tarde en Granada.

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