viernes 27 noviembre
REPORTAJE AG  |   |

Menos desmadre, mismo botellón

Jóvenes que usan el Botellódromo consideran que a todos se les mete en "un mismo saco" con el decreto del alcalde · Más allá de que las medidas puedan paliar los efectos colaterales, la mayoría no cree que la solución pase por cerrar el recinto

La cita con el botellódromo no cambia, aunque parece que los comportamientos descontrolados se han reducido. Foto: Álex Cámara

La cita con el Botellódromo no cambia, aunque parece que los comportamientos descontrolados se han reducido. Foto: Álex Cámara

Saben que están en el 'ojo del huracán', un animal ficticio que les juzga, les encasilla y les deja a la altura de un zapato por el mero hecho de aprovechar un espacio que les han habilitado para consumir bebida, principalmente alcohol.

Tras las numerosas (y cuantiosas en votos) críticas recibidas, al alcalde de Granada no le ha quedado otra que empezar a replantearse cuál debe ser el futuro del espacio que él mismo decidió establecer con su equipo hace ahora ocho años. Logró que el desmadre del botellón no se extendiera por toda la ciudad, pero creó, quizás sin saberlo, un 'gueto' sobre el que ha tenido que emitir un decreto hace solo una semana para evitar que el descontrol se instale en sus aledaños.

El primer fin de semana del mismo, la vigilancia intensiva en las inmediaciones del recinto que los jóvenes conocen como 'Bote' ha provocado la imposición de hasta 117 multas por distintos motivos, el principal, por miccionar en plena calle.

La Policía Local ha incrementado su vigilancia tanto dentro como fuera del recinto. Foto: Álex Cámara

La Policía Local ha incrementado su vigilancia tanto dentro como fuera del recinto. Foto: Álex Cámara

Pero, ¿están los jóvenes que usan el Botellódromo a favor o en contra de las medidas? Carmen, Ismael y Lucrecia se dirigen hasta el recinto cuando aún es temprano para que comience a llegar la gente. Apenas son las 23.30 horas, por lo que puede que falte aún en torno a hora y media para que en vísperas del Puente del Pilar el Botellódromo se llene por completo.

"Hay más policía por los alrededores, con tanta multa van a conseguir que la gente se retraiga un poco, porque no hay nada peor que una multa a un universitario", señala Carmen, mientras Ismael considera que en el recinto "hay de todo", aunque "la mayoría se limita a estar ahí y beber con su gente". Pero con la normativa, considera, "ofende" que se meta a todos en el mismo saco, aunque "es lo que hay". No obstante, este chico de 20 años dice que las medidas "son necesarias, pero tampoco tan exageradas, parece que se está haciendo algo del otro mundo". Lucrecia reconoce, por otra parte, que ella misma ha vivido los efectos 'postbotellón' en su propio portal y por ello cree necesaria "un poco de cabeza".

Los hay sin embargo que consideran que las medidas servirán más bien de poco. Les ocurre por ejemplo a un pequeño grupo en el que se encuentran María, Jorge, Laura y Ana, que explican que a todos se les pone una etiqueta de "incívicos" por culpa de unos cuantos. A su juicio, no todo el mundo hará caso del decreto dictado por Torres Hurtado hace una semana. "Hay gente que se comporta como un animal, no creo que lo dejen de hacer y menos cuando vayan un poco subidos con el alcohol", dice una de ellas. El chico, mientras tanto, asevera que las medidas están "bien" porque "se fomenta que no se perjudique a los vecinos, quien lo haga, que se atenga a las consecuencias".

Las inmediaciones del Botellódromo han quedado solo como lugar de paso. Foto: Álex Cámara

Las inmediaciones del Botellódromo han quedado solo como lugar de paso. Foto: Álex Cámara

Solo dos semanas lleva en Granada Javi, estudiante llegado desde Guadix, y que ya ha descubierto los efectos que provoca el botellón en el entorno. Vive en una bocacalle de Cañaveral y asegura que cuando ha madrugado para acudir a la Universidad se ha encontrado "de todo". No obstante, es un poco reacio a la efectividad de las medidas porque prefiere comprobarlo en primera persona.

"Es un descontrol controlado" añade Cristina, otra joven que comparte noche con Paula (2), María (2), Charli, Víctor, Fran y Marta. Empatiza con los vecinos y negocios ubicados en las inmediaciones del 'Bote' porque si alguien está miccionando junto a Hipercor "lo está perjudicando". Pero, ¿dónde pueden orinar las chicas sin saltarse el decreto? Éste punto genera un debate entre el grupo, al considerar que ellas lo tienen complicado, lo que les hace reivindicar que se pongan "remedios". Pese a que en el recinto hay un punto para orinar destinado a ellos, las jóvenes tienen que irse a zonas reservadas como detrás del escenario o entre la autovía y el Botellódromo.

¿Y cerrar el recinto? Estos chicos tienen una visión clara: en los pisos la situación se desmadraría: "Si cada uno hiciera botellón en casa sería un jaleo", considera Charli, opinión que comparten la mayoría y a la que Paula añade que se les está "criminalizando", por lo que manifiesta que hay que tener "dos dedos de luces" para saber comportarse, al mismo tiempo que reconoce que la suciedad que queda en el recinto es complicado que se pueda evitar: "Cuando se va bebido a las tres de la mañana es difícil ponerse a pensar en ello".

La mayoría de jóvenes cree que el recinto debe permanecer abierto. Foto: Álex Cámara

La mayoría de jóvenes cree que el recinto debe permanecer abierto. Foto: Álex Cámara

Solo hay que darse un paseo por las calles Cañaveral, Arabial o Recoletos para percatarse de que el decreto ha provocado un incremento en la presencia policial. Así lo reconoce un copropietario de uno de los pocos bares abiertos a la hora del botellón en la calle Cañaveral, que asegura estar "tranquilo" con el aumento de la vigilancia. El mayor 'problema' que le ha generado el Botellódromo, añade, se lo generan cuando pretenden usar sus baños sin consumir nada.

Más crítico se muestra el dueño de una tienda de alimentación, que ha notado cómo en una semana ha salido perjudicado por el decreto, y aunque entiende que los vecinos pueden estar encantados, "no está todo igual que antes, sí se ha notado".

Para Harald, un vecino de camino de Ronda, los problemas radican más bien en el traslado de los jóvenes de las tapas al botellódromo y viceversa.

Con decreto o sin él, los jóvenes que lo desean siguen haciendo botellón en una zona que ha visto cómo los policías locales vigilan con lupa todo lo que se hace fuera del recinto. Queda abierto el debate sobre su idoneidad. Mientras la división de opiniones entre vecinos, comerciantes y políticos es patente, sus moradores más fieles, lo tienen claro: por ahora, no piensan abandonarlo.

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