sábado 31 octubre
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"Mi novela es una locura barajiana, un andar por casa para lectores incautos"

El periodista Francisco Barajas presenta su primera novela larga 'Silbando viejas canciones'

Francisco Barajas presenta su novela este martes en el Ayuntamiento de Granada. Foto: Alberto Franco

Francisco Barajas presenta su novela este martes en el Ayuntamiento de Granada. Foto: Alberto Franco

Silbar: Dícese de la agitación del aire produciendo un sonido como de silbo. Esta es la definición que la RAE hace de un verbo capaz no solo de repiquetear en lo más profundo, sino de centrar la temática de una novela. Y si no que se lo pregunten al periodista y escritor Francisco Barajas que, sin saberlo, ha silbado más de 300 páginas en las que pone de manifiesto los "vicios, defectos y maldades de la sociedad". 'Silbando viejas canciones' llega a Granada, de la mano de este profesional de las letras, para extrapolar 'La Iliada' a la actualidad, viajando hasta Nueva York.

Pregunta. -El título de su libro es 'Silbando viejas canciones', ¿qué viejas canciones silba usted?

Respuesta.- No sé silbar. Creo que solo los tontos conocen el difícil arte musical de componer música con los labios y el aire expulsado de los pulmones. En la novela todos los pandilleros conocen este arte musical y silban viejas canciones de Franz Sinatra. Aunque una vez fui capaz de silbar la canción 'Paquito el Chocolatero'. Fue en sueños, y yo vivía en una España en la que no existía la corrupción política y empresarial; los delirios de grandeza de los políticos de quita y pon; los curas y obispos de misa y olla; los escritores endogámicos y los periodistas del 'cazoleto'. No obstante, silbar es un ejercicio de honestidad por parte de los arrieros de acémilas y de algunos cantantes afónicos. Que no se cabree nadie porque haya llamado tontos a los silbos, silbones y silbadores. Hay unas serpientes venenosas, mortales de necesidad, que también saben silbar.

P. -¿Por qué ese título y qué fue lo que le inspiró a la hora de escribir esta novela?

R.- Cuando niño, hace unos pocos años, la primera novela que leí fue 'Veinte mil leguas de viaje submarino'. Y la segunda y tercera fueron 'La Iliada' y 'La Odisea' de Homero. 'Silabando viejas canciones' es la extrapolación de 'La Iliada' al barrio del Bronx de Nueva York. Es mi modesto homenaje a la 'Iliada'. Es una novela cruda como la vida y en la que intento reflejar las luchas de dos pandillas, los aqueos y los troyanos, por el control de las drogas, la extorsión, la trata de blancas y la prostitución, el juego, el secuestro, el robo y demás maldades humanas de nuestras maravillosas sociedades actuales. La escribí en seis meses. Y salió del tirón porque estoy muy cabreado con las sociedades actuales, esas en las que triunfa el mal sobre el bien. Es una novela con un lenguaje real, nada metafórico, y con el que llamo al pan como pan y al vino como vino. Nada de paja superflua ni de florituras. La vida real de los malos que triunfan, los muy hijos de puta.

P. -¿Qué destacaría de esta su primera novela larga?

R.- Me dicen las amigas y los amigos, las pocas criaturas humanas que la han leído, que engancha y que se lee casi de un tirón. También me gusta mucho a mí, eso, la cantidad de personajes que se interconectan con los protagonistas de la novela. Hay casi 80 o más personajes. Y que es una novela dura como pene de novio o como corindón, un mineral casi tan duro como el diamante. Y que es muy actual por no tener un lenguaje convencional. Y que posee muchas reflexiones, las hacen los propios personajes, y sobre política, economía, cultura, sociedad, religión y otras facetas actuales de la vida cotidiana de los malos y de los buenos que caminan bípedos, a dos patas, por nuestras calles y plazas. Contesto esto porque hay que responder a las preguntas todas, aunque son los lectores, no los críticos que son como Atila y su caballo, los que deben de destacar lo que sea y si encuentran algo que destacar.

P. -¿Qué hay de usted en 'Silbando viejas canciones'?

R.- Hay un personaje pandillero que soy yo con mis virtudes y mis maldades, pero no voy a decir cuál es. Hay que adivinarlo leyendo la novela. Y no hay premio para los que acierten. En las novelas siempre hay algo de todos los seres humanos en general. Y lo que no hay, como ya he comentado antes, es mis silbidos, y porque no sé silbar. Cuando se escribe una novela, un relato o un poema y se publican, como decía Rafael Alberti, ya no posee nada del autor porque todo lo escrito pertenece a los lectores. En esta novela hay muchas cosas de todos porque vivimos en la aldea global, y aunque algunos, sobre todo los políticos, todavía no se hayan dado cuenta, no se hayan percatado, de esta peculiaridad posmoderna y notable de nuestras sociedades actuales. Con 'Silbando viejas canciones', espero que los lectores se identifiquen con algún personaje y sean tan felices como 'Peter Pan', pero sin volar. O como el hada 'Capanilla', pero volando.

P. -Las novelas suelen tener un mayor grado de ficción que de realidad, ¿qué hay de ficción y qué de realidad en la suya?

R.- No. Las novelas deben de ser la realidad novelada de una realidad que pare o escribe ficticiamente el autor. Todos escribimos sobre lo que nos ocurre o nos ha ocurrido. Ficción en mi novela es todo, pero sin que se percate el lector de ello. Helena Justin o Paris Lee, son tan reales como los silbidos de los tontos que saben silbar o como los discursos hueros y demagógicos de los políticos electos. ¿Los sueños, sueños son? Extrapolar 'La Iliada' a la actualidad es un ejercicio de ficción, desde luego. En la ficción está la creatividad de los autores. Contar historias de la abuela, quizá sea cuchichear. Aunque en las novelas históricas y en las biografías se suele escribir lo que ha sido real de los personajes. Escribir novelas históricas y biografías, es ardua tarea para un autor. Y todos ellos tienen mi admiración. Mi novela es una locura barajiana. Un andar por casa para lectores incautos que desean pasar unos buenos ratos leyendo a todo trapo y por singladuras sin pudor ni recato.

P. -Los personajes de la novela responden a los nombres de los protagonistas de la Iliada, ¿qué personaje de la vida pública se identificaría con Aquiles?, ¿hay alguna Helena por ahí?

R.- Sí. Los personajes son los de la Iliada, aunque actualizados en ciudadanos pandilleros, muy malvados y asesinos, norteamericanos. Unos de ascendencia anglosajona, otros afroamericanos y también latinos. Identificar a Aquiles con algún político actual no puede ser, por imposible, y porque pierde Aquiles. Y, a pesar, de lo malo, delincuente y canalla que es en 'Silbando viejas canciones'. Los políticos actuales, me refiero solo a los españoles, no tienen comparación alguna con nadie que sea una persona humana dedicada a la vida pública. Los políticos españoles, con las honrosas salvedades, son unos trincones y unos corruptos. Y, además, han formado una casta para su beneficio propio, el de sus amiguetes y el de sus formaciones políticas. Helena Justin, así se llama en la novela es única. No creo que exista en España, en el mundo público, ninguna política que se parezca en nada a Helena. Helena es una máquina de amar. Y Paris Lee su último capricho amatorio.

P. -¿Dónde escribe y en qué momento del día se siente más inspirado?

R.- Hay que escribir todos los días. Es un ejercicio de responsabilidad. Escribo en mi casa. O en cualquier sitio y luego lo paso a limpio en mi apartamento de alquiler. Decía Gabriel García Márquez, que hay que escribir un solo folio al día, pero magníficamente escrito. Me levanto muy temprano para hacer deporte, mente sana en cuerpo sano (Santo Tomás de Aquino), aunque yo no soy creyente, y después a funcionar como un reloj suizo. Es un mito y una gilipollez que hay que escribir a horas determinadas… Y que la inspiración llega de la mano del Espíritu Santo o de Satanás. La inspiración, vuelvo a repetirlo, es trabajar todos los días. Creo que cada quisque escribe cuándo le parece bien y en dónde le da su real o republicana gana. Cuando estoy inspirado, eso, es cuando he terminado el trabajo diario y me voy a jugarme un dominó con mis amigos. O cuando cocino un arroz caldoso para mis hijos y para mí. Existen tantas tonterías consuetudinarias en esto de escribir…

P. -Su novela está ambientada en el barrio neoyorquino del Bronx, ¿hay algún barrio granadino que se asemeje a él?

R.- No. Aquí, por suerte, tenemos criaturas que no son tan malas como las que retrato en la novela. Aunque en Granada hay muchos barrios periféricos que están dejados de las manos de los políticos de quita y pon. Y porque esos políticos son discriminadores y no trabajan para la ciudadanía toda. El capitalismo que abrazan los políticos españoles, sin exclusión alguna, es una barbaridad para la ciudadanía y para las ciudades, con sus barrios, españolas. ¿No es una terrible barbaridad y maldad lo que le está pasando al barrio granadino del Albaicín? Se lo están cargando a levas forzadas. Son la repera, los políticos. La Unesco, al final, se cabreará y le quitará lo del Patrimonio de la Humanidad. Esas distinciones se dan para cuidar y no para descuidar. El barrio del Bronx es un barrio de malos malísimos. Un buen lugar para ambientar una novelas de pandilleros más malos que el gas Lebón. Y además, la ciudad de Nueva York , con todos sus barrios, es muy atractiva para situar y ubicar las acciones de una novela. Ahora estoy escribiendo otra novela, pero ambientada en ciudades españolas.

P.-¿Tiene pensado escribir alguna novela ambientada aquí?

R.- Ya la estoy escribiendo, pero no ambientada aquí. Ya llevo unos cuantos capítulos. Se llama 'El aliento de Rocinante'. Y son las peripecias de dos periodistas, uno plumilla y el otro gráfico, que han sido despedidos de un gran periódico y se dedican al periodismo de investigación por toda España. Buscando políticos corruptos y casos de corrupción política, algo que no se da en España, y porque Dios vela por el mundo político español. También escribiré una novela de amores, en la que no muere ella ni él, y con un final feliz. Me gustan a mí los amores que acaban maravillosamente… Es broma. Los amores deben de acabar en las novelas con la realidad tangible que existe en algo, el amor, tan difícil de mantener y conservar, y porque el egoísmo siempre aparece. Hay que escribir como es la realidad y ya que está casi todo escrito. Quizá se deba de fabular sobre lo que ya se ha escrito…

P. -¿Correspondería el enfrentamiento actual entre sociedad y política al de las dos bandas de su novela?

R.- No. En el fondo todo es que quieren enriquecerse ilegalmente. Me refiero a las dos bandas pandilleras. Las dos bandas pandilleras luchan por el monopolio de las drogas, la prostitución, el juego, la trata de blancas, el secuestro y demás lindezas delictivas. El enfrentamiento entre la sociedad española y los políticos españoles es algo distinto. Es una lucha para que no nos roben, los corruptos políticos y empresariales, lo que es público y de todos. Es una lucha para que no existan exclusiones sociales, culturales, económicas y políticas. Es una lucha por la dignidad y la honestidad de las personas todas. Los pandilleros son unos hijos de puta y los políticos españoles son unos hijos de mala mamá. Como en España nunca se han llevado a cabo hermosas revoluciones, así nos luce el pelo con esta sociedad y con estos estamentos políticos. La sociedad española también es culpable de mucho de lo que estamos padeciendo. En la familia no se educan bien a los hijos, y tampoco en la escuela, institutos y universidades. Demasiados pícaros, pillos, malandrines, saltabalates, sabandijas y delincuentes españoles.

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