Un pregón crónico y primigenio de cien años de pasión granadina
Tito Ortiz pronuncia durante dos horas el anuncio oficial de la Semana Santa, en el que no han faltado grandes dosis de historia y descripción desde su época originaria

El periodista y cofrade Tito Ortiz ha protagonizado este domingo un pregón hecho a modo de crónica de la etapa inicial de la Semana Santa de Granada, cuya formación en su ámbito federativo cumplen este 2026 los cien años desde su fundación, algo que ha estado presente en su amplia intervención de más de dos horas.
Para su pregón, Ortiz eligió un escenario sobrio, sin apenas símbolos como acostumbran este tipo de actos, de modo que solo estuvo presente el guion de la Real Federación de Hermandades y Cofradías, con motivo de su centenario; y un crucifijo sobre la mesa presidencial de la Hermandad del Resucitado de Regina Mundi. Se trata de un crucificado de los denominados “de altar”, atribuido al imaginero decimonónico Salvador Gutiérrez de León y fechado en el siglo XIX.
Antes de comenzar el pregón, la Banda Municipal de Granada dirigida por Ángel López Carreño interpretó Amarguras de Manuel Font y de Anta y Mayor Dolor, de Ángel López Carreño, como una de las hermandades que marcó la vida cofrade del pregonero. 'La Madrugá' de Abel Moreno fue la otra marcha seleccionada para concluir antes de los himnos.
El encargado de presentarlo fue el periodista Luis Javier López, quien repasó la trayectoria de Ortiz y de quien destacó su pasión por la radio, sus primeras vivencias con la Semana Santa para ser "conocido como un cronista de Granada". "Se inventó un modo de contar la Semana Santa", añadió López, quien también subrayó su "compromiso cofrade" para ser ahora el encargado de ser Cronista Oficial.
Comenzó Ortiz, provisto de la medalla de la asociación de cronistas oficiales de España, recordando palabras de su amigo Carlos Cano, de quien dijo que hubiera sido un "excelente pregonero" como le confesó una noche en la que excepcionalmente Santa María de la Alhambra volvía a su templo por el Realejo.
Esta ha sido la primera de las muchas anécdotas con las que el pregonero ha ido entremezclando la historia de la Granada cofrade, con la reivindicación, como la realizada sobre la familia León Guerra, sus hijos son "herederos dignos de su padre y el orgullo de la Semana Santa granadina", con iniciativas como la edición de su cartel anual. "El León es, durante todo el año, la tertulia permanente y no solo un sitio para los cofrades de la tierra, sino para aquellos que proceden de otras provincias".
La fórmula empleada para nombrar a las hermandades dio paso a las del Domingo de Resurrección: "Como todo es posible en Granada, pasamos de no tener resucitados en nuestras calles a tener dos y con los Facundillos, tres. No hay un Domingo como el nuestro en ningún otro sitio, Granada es así".
En el recuerdo, el pregón que Federico García Lorca pronunció en 1936, recordando que el poeta se mostró "crítico" con todo lo que puede ser "hojarasca" alrededor de la tradición, antes de comenzar a hablar de la titular mariana de la 'colina roja', la Alhambra, de quien se preguntó si cuando se recoge en su iglesia si es una "madrugá" y continuar con la Soledad de Nuestra Señora a las Tres de la Tarde cada Viernes Santo: "Es una ceremonia de siglos, que no ocurre en ninguna otra parte, solo en este barrio otrora judio, como una herida abierta de parte a parte".

De los últimos al primer día
En su intervención Tito Ortiz tuvo palabras de recuerdo a Antonio Méndez y su vinculación a la Hermandad de Los Ferroviarios, "cuando llevaban tiempo sin salir capitaneó de incondicionales para ponerla otra vez en las calles de Granada" o sobre la llamada papal de la Virgen del Mayor Dolor de Los Escolapios, con recuerdo a Enrique Iniesta, del que su recuerdo y obra "es una fuente que incesantemente mana".
En San Cecilio, continuó, hay dos altares "en llamas", entre ellos el de la Virgen de la Misericordia con "fuego de fervor" y Los Favores, por el que "se exclama"; mientras que la Soledad, Mora, añadió, "quiso dotarla de resignada dolencia, con un gesto virginal de aceptación por conciencia". El "compás de San Jerónimo", arguyó Ortiz, "en primavera avanza, dejó salir para regresar pronto a la Soledad de Granada".
Del Viernes Santo al Domingo de Ramos, el pregonero pasó al primer día de la Semana Santa de Granada para recordar a la Borriquilla, a la que acompañan "ramas amarillas, de filigrana o no, reales o plebeyas"; o la llegada de Jesús de la Sentencia desde la Carrera del Darro, la "única calle que es mitad calle, mitad agua" y en la que "aunque nadie lo sabe pero bajo sus capillos hace estación de penitencia Miguel López Escribano, albacea perpetuo de este cortejo que nace y muere en San Pedro".
La calle Ancha de Santo Domingo se hace "estrecha" cuando de regreso, Jesús, acompañado de sus apóstoles y de su madre victoriosa "regresa a la Catedral del Realejo", dijo Ortiz sobre la Hermandad de la Santa Cena, mientras que a la del Despojado resaltó que es el de San Antón "el mejor lugar para visionar con plenitud a esta hermandad que ha ido cubriendo con los años su mesa de altar andante". "Cautivo del convento de la Encarnación, de la Hermandad de los Negritos, de clausuras y maitines que, al bamboleo de su túnica, va captando almas, precediendo a su madre", expuso sobre la cofradía conventual.
Para llegar al Lunes Santo dedicó sus primeras líneas a la Hermandad de Trabajo y Luz, a cuyos titulares recordó que en el Zaidín se acogió a una hermandad nueva "con el entusiasmo de viejos cofrades venidos de barriadas antiguas", mientras que de Los Dolores "ha hecho del color salmón baluarte identificativo, que luce de manera esencial cuando es rozado por el sol del atardecer en la Carrera del Darro a los pies de la Alhambra".
"El noble barrio de la Magdalena es el mejor entorno para rezarle cuando sale a las calles de Granada", añadió el pregonero sobre la imagen de Jesús del Rescate, "uno de los atractivos más venerados de la Semana Santa de Granada". Respecto a la Hermandad del huerto tuvo palabras para recordar cómo Los Morente cantaron en el patio de las Comendadoras o cómo la cofradía cambió su salida de paso con ruedas: "Pasó en pocos años de tener un discreto papel en la noche del Lunes Santo a comandar un movimiento cofrade realejeño que pronto irradió al resto de cercanas hermandades", expuso. Respecto al Cristo de San Agustín, apuntó que "sobrecoge el alma al no poder mantener la mirada en sus ojos".
Tito Ortiz continuó por orden por las hermandades e imágenes de la pasión granadina, para adentrarse en las del Martes Santo, de modo que la Lanzada forma un "incienso de nubes que juegan con los arcángeles aromatizando el firmamento", la Esperanza convierte la madrugada "en cante jondo de fragua"; La Cañilla con la "Soledad de soledades"; y el Vía Crucis, del que hizo un amplio repaso a sus orígenes.
Para ello se remontó al lugar "idílico" que supone la ermita del Santo Sepulcro sacromontano, datada en 1966 y que espera que haya "una manita que lo resucite de su estado de conservación y lo coloque en el lugar que lo corresponde". Así, fue trazando los pasos sobre los que se realizaba el rezo de las 14 estaciones hasta la parte más alta de la ciudad, para recordar que desde el Cerro del Aceituno nació de la hermandad decana.

Del Sacromonte al Silencio
El relato del también Cronista Oficial de Granada continuó por cada una de las jornadas de la pasión, hasta adentrarse en el Sacromonte y el Miércoles Santo con Los Gitanos, una hermandad que perdura en el tiempo "gozando de sus bodas de diamantes" gracias a tres ilustres cofrades como José Estévez, Agustín Pacceti y José Jiménez. "Hacen el mayor recorrido imaginado hasta la fecha, serpenteando entre las pitas, para jugar con las bengalas y las hogueras", dijo.
Del Cristo de los Estudiantes recalcó que suyo es "el poder y la nota, cuando en la Plaza de la Universidad se examinan tus cofrades de su militar en la fe, formando cortejo a su sereno semblante", mientras que de la Virgen de las Penas "de rodillas portada por costaleros de historia en las calles de Granada"; y de la Señora del Rosario percibe a un costalero del Realejo entregado "como el marinero al timón de la nave que surcando va por las aguas".
Pese a que Ortiz pasó al último día que le quedaba, a la Hermandad del Nazareno le dedicó sus palabras después de hablar de Jesús del Amor y la Entrega y la Concha, de la que "no hay parangón es de cabales, su rostro es de cante hondo". De la Virgen de la Merced recalcó que es "carcelaria, patrona de muros adentro y que salió de la clausura a la calle":
Siguió con el Jueves Santo para llegar a la noche con María Auxiliadora y el Cristo de la Redención, quienes con Salesianos "cruzan la ciudad de norte a sur y de este a oeste, desde el moderno Zaidín para llegar la primera a la seo granatensis regresando pronto al barrio".
Siendo la primera hermandad de la que fue miembro, la Aurora ha sido para el pregonero un paso compuesto de un palio de "color blanco y oro para subir al cielo, bajando a Granada como volando por las rampas que los soldados del Batallón Mixto, los ingenieros zapadores, rinden a tu paso para que, más que andar, levite por San Gregorio hacia abajo".
De Jesús de la Pasión y su Estrella admitió que le "va guiando por la Cuesta de la Alhacaba, al tambor va retornando, a ritmo de su banda que va Quino comandando, subido sobre una estrella a Plaza Larga". Cerró el capítulo del quinto día de la pasión con el Silencio y el Cristo de la Misericordia, que "desde San Pedro hasta San Nicolás" protagoniza un momento silente con Jesús por estandarte.

Figuras y símbolos Semana Santa
Entre cada día de la semana de Pasión que Ortiz fue describiendo a los titulares de las hermandades, dedicó algunos apartados específicos a distintos emblemas, símbolos y figuras sin las que sería posible entender la Semana Santa.
Así, sobre la Iglesia recalcó que "atrás" quedaron los años del "ostracismo", fijados en los años 60 y 70 del siglo pasado, en los que "parte de esa Iglesia daba la espalda a la Semana Santa, hasta el punto de que obligaban al incumplimiento de los estatutos"; o a las monjas de clausura, que generan "admiración y respeto" a quienes en sus respectivos conventos acogen a un buen número de hermandades.
También tuvo espacio en estos apartados para los carteles de la Semana Santa de Granada, capaces de "hacer volver sobre sus pasos al tranquilo paseante y enfrentarlo a la verdad de su mensaje"; o a los medios de comunicación en todas sus facetas que hacen "seguimiento y promoción" de la Semana Santa con cofrades y periodistas "convertidos en propagadores de todo lo que es digno de publicar derredor de las hermandades".
Dedicó igualmente unas líneas a Antonio, secretario de la Federación quien editaba "a una sola tinta" una guía de horarios e itinerarios que luego repartía en su zapatería en Gran Vía; o a Jacinto Morente, dedicado a "ensamblar y engrasar" el mecanismo federativo.
Los fotógrafos, protagonistas de captar momentos que pasan a la historia de la ciudad; los pintores, con una "nueva hornada imprescindible" para su colaboración con las hermandades o los vestidores y vestidoras de de imágenes, que "con su trabajo anónimo hacen posible que la Semana Santa haya alcanzado cotas de belleza jamás sospechadas".
De la crisis de los 70 a sus recuerdos de niñez
Dedicó su epílogo Tito Ortiz a varios aspectos, entre ellos la crisis de la Semana Santa de Granada en los años 70, con "escasez de flor en tronos abandonados por el paso del tiempo, hermandades que ya no salían a la calle o las que salían contra todo pronóstico aunque tuvieran que hacerlo de un garaje en la Placeta de Cuchilleros".
De ahí fue enlazando para remontarse al nacimiento de la Federación de Cofradías, con un fiel repaso de la primera "oleada fundacional" y de los presidentes del órgano que en este año cumple los 100 años, necesario para "establecer un cauce adecuado para la relación con otras asociaciones sociales, culturales y religiosas".
Así, ha ido llegando a las primeras cuadrillas de costaleros, a los pregoneros de la Semana Santa de Granada, las primeras retransmisiones televisivas y radiofónicas o dónde se puede conseguir el carné cofrade que lleva "años pidiendo". Un resumen detallado en el que no ha faltado la reivindicación de una nueva hermandad: La Quinta Angustia. Todo para dejar el reflejo de un cronista y cofrade a una Semana Santa ya pregonada de las memorias de un niño que en los 60 vistió por primera vez su hábito blanco en el Albaicín.











