domingo 19 abril
EL PERISCOPIO  |   | Alejandro Linares

Una victoria de pizarra en el Granada CF

El equipo de Pacheta fue capaz adaptarse de forma constante a las fases del juego, no siendo una tarea sencilla

Los jugadores del Granada CF celebran la victoria en Riazor. Foto: Granada CF

La victoria del Granada CF en el Estadio Abanca-Riazor frente al Deportivo de la Coruña dejó una lectura táctica muy interesante. El equipo rojiblanco desarrolló dos estructuras en función del poseedor del balón.

Los de Pacheta se mostraron como un equipo capaz de defender con una estructura muy cerrada de cinco defensas y dos líneas por delante marcadas por los tres centrocampistas y los dos puntas, pero mutando con rapidez hacia un 4-3-3 en fase ofensiva.

El entrenador del Granada CF planteó un partido de control de espacios y verticalidad tras la recuperación de la posesión del balón, siendo una fórmula que pilló de sorpresa al técnico rival, Antonio Hidalgo, ya que neutralizó por completo al Deportivo.

El 5-3-2 en fase defensiva: densidad central y control del área

En fase defensiva, el Granada CF utilizó una estructura basada en un claro 5-3-2, con Álex Sola y Bailla Diallo actuando como carrileros replegados para formar esa defensa de cinco, junto a Manu Lama, Loic Williams y Bambo Diaby. Por delante una línea plantada por los tres centrocampistas cerrando todo pasillo interior e impidiendo que el Deportivo encontrase superioridad en esa zona.

El objetivo principal de este sistema era reducir al máximo el espacio generado entre líneas.

Bloque compacto

El Granada CF defendió en una altura media-baja, con líneas muy replegadas en el primer tercio del campo. Al haber poca distancia entre la defensa y el medio del campo, dificultaba la creación del Deportivo. Era muy difícil recibir entre líneas debido a la vigilancia.

Izan González, Manu Trigueros y Sergio Ruiz formaron un triángulo muy estrecho, formando una especie de embudo al cerrar el carril central y obligando al equipo contrario a tener que generar peligro por los carriles exteriores.

Función de la defensa de cinco

Al defender con un sistema de juego basado en cinco atrás, permite una serie de ventajas como: superioridad en el área ante centros laterales, mayor protección ante cualquier desmarque de los delanteros rivales y coberturas constantes entre centrales.

Por lo tanto, quedaba totalmente inhibido el equipo rival. Le obligas desde el centro del campo a que ataquen por bandas y esos envíos laterales no son fructíferos debido a que el área está muy poblada de jugadores propios.

Presión de los dos puntas

El papel de José Arnáiz y Baba Diocou era condicionar la salida de balón del Deportivo. El plan de Pacheta era orientar la circulación del rival hacia un lado y activar la presión cuando el balón llegaba a banda. Cuando esto ocurría, el carrilero y el interior del lado fuerte saltaban sobre el receptor, mientras el resto del bloque basculaba.

Basculaciones y control del partido

El Granada CF hizo un gran partido a partir de la basculación del colectivo. Cada vez que el balón cambiaba de banda, el bloque completo se desplazaba manteniendo la estructura. La clave se encontraba en que las distancias entre jugadores apenas se modificaban, evitando huecos entre líneas. Esto obligaba a que el Deportivo tuviera una posesión territorial pero tenía serias dificultades para generar ventajas.

Transición ofensiva. Paso del 5-3-2 al 4-3-3

Con la recuperación de la posesión, el equipo rojiblanco cambiaba con rapidez su estructura. Esta transformación tenía tres movimientos clave.

En primer lugar, se producía la proyección del carrilero del lado donde el balón se encontraba. Esto permitía que acudiese este jugador rápidamente hacia campo rival ocupando la posición de extremo. Provocaba una amplitud del campo de forma inmediata.
En segundo lugar, el carrilero del lado contrario se contraía y formaba una defensa de cuatro con los tres centrales que resguardaban al equipo. Esto protegía en caso de posibles pérdidas.

Por último, el equipo figuraba con el sistema de cuatro atrás, tres centrocampistas ocupando el carril central, dos extremos abiertos (uno de ellos era Baba y el correspondiente carrilero, Sola o Baba) y José Arnáiz actuando de nueve.

Al atacar de esta forma, el Granada priorizaba aprovechar el momento inmediatamente posterior a la recuperación. De esta forma llegaron los respectivos dos goles.

    A pesar de las dificultades con las que llegaba el equipo en forma de lesiones, unido a la visita de uno de los estadios más complicados de la categoría, el Granada se rehízo a través de un gran trabajo táctico.

    El equipo fue capaz adaptarse de forma constante a las fases del juego, no siendo una tarea sencilla. Su capacidad para defender con un 5-3-2 sólido y transformarse en un 4-3-3 vertical explica una victoria construida desde la pizarra.

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