miércoles 14 abril
Opinión  |   |

¿A quién protegen los bolardos y las pilonas?

Definitivamente, no me queda más que pensar que en este bendito país actuamos por impulsos. Sí, esos impulsos que son motivados por determinados acontecimientos, en la mayoría de los casos, acontecimientos trágicos. Lamentablemente, es necesario que ocurra algo para que reaccionemos, pero a veces ni siquiera un dramático suceso activa el sentido común, ese que como dijera alguien, “es el menos común de los sentidos”.

Pero claro, el tema que me ocupa tiene mucha controversia y si somos objetivos y examinamos las opiniones de defensores y detractores, vemos que ambas llevan en parte razón.

Aquí tenemos la mala costumbre de empezar muchas cosas y no acabar ninguna o, en el mejor de los casos, muy poquitas y siempre destrozando los presupuestos económicos y los plazos de tiempo que se habían fijado. Hablamos del metro ligero, hablamos del AVE, hablamos de las canalizaciones de Presa de Rules, hablamos de la faraónica construcción del PTS… Y digo esto porque un día pensamos que los bolardos son malos (y se empiezan a eliminar) y al día siguiente pensamos que pueden salvar vidas (difícil de justificar) y se siguen manteniendo.

Si en las Ramblas de Barcelona hubiesen existido unos bolardos colocados en los accesos a la calle peatonal más transitada de Barcelona, quizás los terroristas hubieran utilizado otro método para matar, pero desde luego no con una furgoneta y con tanta facilidad.

Personalmente llevo años solicitando la eliminación de los bolardos de las aceras de Granada por muchos motivos, entre los que destacaría que son anti-estéticos y afean la ciudad, además de que trasladan una imagen de poco civismo a los turistas que nos visitan (se relaciona bolardo con incivismo, ya que los usuarios de vehículos aparcan en las aceras si no los encuentran) Además, son extremadamente lesivos, ya no solo si vamos caminando y nos damos en las espinillas con ellos, sino ante una repentina caída sobre ellos; y qué decir si un ciclista o motorista tiene la desgracia de perder el control de su vehículo y estrellarse contra uno. Son también bastante caros y entorpecen el paso por determinadas aceras a personas discapacitadas, carritos de bebé, carros de compra, etc. Pero quizás el mayor problema que ocasionan es impedir el acceso de los vehículos sanitarios y de emergencias a determinadas zonas peatonales que en un momento determinado puedan sufrir una tragedia de cualquier tipo: tienen obstaculizado el paso y en caso de emergencia, un minuto es vital.

El 3 de septiembre de 2014 se declaró un incendio en la biblioteca de la Facultad de Derecho de Granada. Imagínense con qué rapidez arden los libros. En pocos minutos se perdió más del 70% de la colección: libros irrecuperables que tenían un valor incalculable. Pues resulta que los Bomberos de Granada, que es un cuerpo de emergencias que actúa con una rapidez y una eficacia sin parangón, llegó al lugar del siniestro en pocos minutos y no pudo acceder al foco del incendio directamente por la existencia de unos bolardos que obstaculizaban el paso. Tuvieron que dar un rodeo perdiendo un tiempo valiosísimo. Afortunadamente no hubo víctimas humanas.

Pero como decía al principio, no aprendemos de los errores y somos tan necios que han de haber heridos y víctimas mortales para que reaccionemos.

El pasado sábado 25 de noviembre se produjo un incendio en la calle San Juan de Letrán de Granada y, una vez más, los bomberos se encontraron con el acceso cortado por dos pilonas, las tuvieron que cortar con una radial para poder pasar. Esos minutos fueron cruciales, ya que las llamas no esperan. Las consecuencias fueron una mujer de 72 años fallecida y 32 personas heridas por quemaduras e inhalación de humo.

Es cierto que en algunos casos la existencia de bolardos, pilonas, etc, es necesaria y precisamente por seguridad, pero cuando se coloca una de estas barreras es necesario que un técnico experto en la materia lo supervise y contemple todo tipo de posibilidades, incluidas las más comunes, como el acceso de un servicio de urgencias. Creo que necesario pedir responsabilidades a quien corresponda; estamos hablando de vidas humanas.

Soy partidario de que la educación no solo se limite a mandar a nuestros hijos al colegio (lugar donde los niños aprenden), sino que todos hemos de colaborar, porque es nuestra responsabilidad educar en valores, en civismo e intentar que nuestros hijos sepan discernir entre el bien y el mal. Quizás de esta forma dentro de unos años no necesitemos tener tantas prohibiciones ni tantas barreras, que en algunos casos nos pueden costar la vida.

Entendemos que determinadas actuaciones por parte de las administraciones locales son necesarias y a veces observamos que el inmovilismo por parte del Ayuntamiento de Granada es inquietante. Sí he de decir que hay un partido que se está comprometiendo con los granadinos y con sus causas, porque en la mayoría de los casos son pequeños detalles los que hacen que la calidad de vida mejore y son los pequeños detalles los que conforman la excelencia. He de agradecer al grupo municipal de Ciudadanos su trabajo y esfuerzo por hacer llegar hasta el Consistorio las voces de miles de granadinos y por defender como suyas las reivindicaciones que muchos llevamos años planteando.

Y es que aún hoy me sigo preguntando lo mismo que hace unos años: ¿A quién protegen los bolardos y las pilonas?

Joaquín Muñoz Arias

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