jueves 15 abril
Opinión  |   |

Andalucía y su autonomía, sentimiento y eficacia

A comienzos de la década de los ochenta del pasado siglo, aquél gran sabio nuestro que fue Antonio Domínguez Ortiz nos regaló con un espléndido libro, “Andalucía, ayer y hoy”. Con su característico rigor y amenidad reflexionaba en él sobre nuestra tierra desde tiempos remotos hasta nuestros días. Se trata de un libro de muy recomendable lectura, que sin duda resistirá el paso del tiempo porque en sus casi doscientas páginas encontramos información precisa sobre como hemos evolucionado los andaluces y los españoles a lo largo de nuestra historia, interpretaciones certeras y claras sobre muchos conceptos que todavía hoy están en primer plano del debate político en relación con la estructura territorial de nuestro Estado y, en definitiva, sobre la configuración del carácter de la cultura andaluza, tomando este término en su más amplia acepción.

Llegado en su estudio a las puertas de una autonomía que se plasmaba con alto grado de autogobierno en el Estatuto de 1981, D. Antonio concluía su libro con estas palabras: “Estamos en plena singladura y es prematuro adivinar el rumbo de la autonomía andaluza; sin embargo, dos cosas me parecen indudables: la adhesión de los andaluces a la idea autonómica en nada atañe a su medular españolismo ni comporta ninguna agresividad o insolidaridad con los demás pueblos que conviven en la piel de toro. La segunda, es que esa adhesión ha sido dictada a la vez por razones sentimentales y de eficacia. De la capacidad autonómica para resolver los graves problemas de Andalucía dependerá en gran medida su definitivo anclaje en la conciencia andaluza”.

No se equivocaba D. Antonio. Andalucía resurgió con gran fuerza en la Transición y se empleó a fondo en reanudar lo que quedó pendiente en la Segunda República para lograr su autonomía al más alto nivel y ponerla al servicio de la superación definitiva de su dura realidad social, económica y política. El 4 de diciembre de 1977 el pueblo andaluz expresó sus profundas aspiraciones de autogobierno, y el 28 de Febrero de 1980 se pronunció claramente en referéndum no sólo a favor del máximo nivel de autonomía sino también a favor de la igualdad de todos los territorios. Así, de manera tan gallarda y solidaria, nació la comunidad política de Andalucía en el marco constitucional de 1978. Con la aprobación del Estatuto de 1981 configuró su organización institucional y comenzaron a desplegarse vigorosamente las competencias asumidas.

En ejercicio de esas competencias, Andalucía se ha construido progresivamente como una sociedad cada vez más desarrollada, con un sistema de derechos sociales garantizados por el Estatuto y las leyes autonómicas que es especialmente avanzado si se compara con el resto de España. Si algo caracteriza genuinamente a Andalucía es su decidida apuesta por la igualdad y por los derechos sociales. Tras años de consolidación y desarrollo autonómico se aprobó el Estatuto de 2007, nacido del consenso, para ampliar derechos y reforzar la capacidad de actuación de los poderes públicos andaluces en el marco constitucional.

Aunque la crisis económica, sin ninguna duda, ha dificultado y frenado su despliegue, en el nuevo Estatuto se recogen los mecanismos necesarios para avanzar en el desarrollo económico y social de Andalucía, así como un amplio catálogo de derechos sociales. Hoy Andalucía ha dejado del todo arrumbados los viejos tópicos de región subdesarrollada, pobre, marginada, atrasada y analfabeta, folclórica, anclada en el tipismo, penetrada de la cultura de la desigualdad y la sumisión. Lo desmienten los grandes cambios que se han producido por el esfuerzo de todos los andaluces y andaluzas, canalizados mediante el ejercicio de nuestro autogobierno. Y tales cambios vienen avalados y sostenidos, además, por el especial peso cualitativo de Andalucía en el conjunto de España, que es la Comunidad más poblada, la segunda por territorio y la tercera en cuanto a su economía.

Sin caer en la autocomplacencia y sabiendo que es mucho lo que todavía queda por hacer, podemos decir que en Andalucía hemos universalizado los grandes servicios públicos de la educación y la sanidad, estamos desarrollando ampliamente los servicios sociales y, entre otros aspectos, vamos a la cabeza en la aplicación de la ley de dependencia. Entre todas las Comunidades Autónomas, Andalucía es la que contribuye con un mayor porcentaje para la financiación de los servicios sociales de sus municipios y diputaciones: casi la mitad de sus presupuestos en esta materia (45,6%) provienen de transferencias de la Junta de Andalucía. En el terreno de las infraestructuras, aunque existen puntualmente zonas que están siendo postergadas y aun discriminadas por el actual gobierno del Estado, estamos igualados en términos generales a las áreas más avanzadas de nuestro entorno español y europeo. Hemos avanzado extraordinariamente, además, en la conservación y protección de nuestro patrimonio histórico y cultural y en la preservación del medio ambiente. Y no se puede poner en duda que los municipios están cada vez mejor dotados en equipamientos sanitarios, educativos, culturales, deportivos, urbanos y de comunicaciones. Podemos sentirnos legítimamente orgullosos por todo ello, pero también tenemos que estar permanentemente motivados para seguir reivindicando todo lo que nos corresponde en igualdad con otros territorios, sin discriminaciones ni privilegios.

Llevaba toda la razón D. Antonio Domínguez Ortiz: los andaluces y andaluzas nos adherimos a la idea autonómica por razones sentimentales y de eficacia y sin agresividad o insolidaridad alguna para otros territorios, cuyas singularidades no solo respetamos sino que vivamente apoyamos en un marco de igualdad y solidaridad recíproca. Estamos teniendo así la experiencia de participar en un gran proyecto colectivo basado en la igualdad, la cohesión y la integración social, que nos fortalece como sociedad, que nos une con otros territorios, que proyecta un positivo ejemplo sobre toda España y que nos da fuerzas e impulso para el futuro. El ejercicio de nuestro autogobierno a lo largo de más de un tercio de siglo ha sido un gran instrumento de profundización democrática para el cambio político y social y para el desarrollo socioeconómico y cultural de nuestra tierra. También para el impulso político del conjunto del país. Y sin ninguna duda lo seguirá siendo.

La idea autonómica está, sí, definitivamente anclada en la conciencia andaluza. Andalucía se reafirma hoy en el sentido y significado del 28-F y en la hora actual de España reivindica un modelo territorial de Estado que garantice la soberanía nacional, la integridad territorial, la unidad y la autonomía, el respeto a la diversidad y, al mismo tiempo, el principio de igualdad y la inexistencia de privilegios económicos o sociales. No aceptaremos que se intente dar marcha atrás a la historia por las vías del neoliberalismo o la recentralización.

Gregorio Cámara Villar
Diputado del Congreso por Granada y secretario de Libertades Públicas y Política Territorial del PSOE-A

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