Arboricidios

La semana pasada Ecologistas en Acción denunciaba la “fiebre arboricida” del Ayuntamiento de Granada. Resaltaban el contraste entre la continua propaganda sobre nuevas zonas verdes y la práctica de constantes talas en distintas calles de la ciudad y la existencia de innumerables alcorques vacíos, algunos incluso tapados con hormigón.
Hay que reconocer que algo ha cambiado en los últimos años en el discurso de los gobiernos municipales. Ninguno presume de las talas y todos aseguran, al menos de palabra, tener alta sensibilidad con el medio ambiente, la sostenibilidad y la plantación de árboles. Sin duda este cambio obedece a la creciente demanda ciudadana de ampliar las masas arbóreas en las ciudades y naturalizar los espacios urbanos.
Pero suele suceder que las prácticas contradicen a las palabras. Si sólo contásemos el número de árboles que el equipo de gobierno afirma haber plantado la ciudad reverdecería por todas partes. El problema es que nunca cuentan el número de árboles que se talan o se pierden.
Algunas talas recientes son las de calle Palencia, Arabial, Cervantes, El Calar, Ribera del Beiro, Joe Strummer, Don Bosco... Pero cualquiera podría seguramente señalar ejemplos de árboles desaparecidos a lo largo y ancho de todos los barrios de la ciudad.
Con el cambio climático nuestra ciudad cada vez sufre más calor y durante más tiempo. Los árboles constituyen un refrigerante natural. Ayudan a soportar mejor los largos veranos donde el sol recalienta fachadas y suelos y contribuyen a limpiar el aire en la tercera ciudad de España con mayor contaminación. También son fuente de biodiversidad.
En agosto de 2023 se anunció a bombo y platillo la plantación de 50.000 árboles en el Cerro de San Miguel, aquejado un año antes de un voraz incendio. En septiembre de 2025, Ecologistas en Acción denunció, con un amplio reportaje fotográfico, que la plantación había sido un fracaso y se habían perdido la casi totalidad de los ejemplares plantados.
Constituye un error interesado que cuando se hace una obra en una calle se cuenten el número de árboles plantados frente a los talados y con ese saldo se pretenda presumir de que se hacen políticas verdes. No es equiparable la frondosidad de un árbol de 20 años y varios metros de altura con un plantón de escasos centímetros de diámetro y mínima copa. Recuerdo como un técnico municipal del Área de Jardines reconocía que “aporta más uno de los plátanos de la plaza del Campillo que centenares de naranjos de la calle Recogidas”. Creo que, aparte de su saber técnico no hacía más que expresar puro sentido común. En este caso el tamaño sí que importa y un árbol recién plantado tardará muchos años en poder equipararse a los talados.
Muchas veces, desde el gobierno municipal se trata de desacreditar las críticas ciudadanas respecto a las obras o las talas de árboles intentando falsamente confrontar esas opiniones con las de los técnicos. Estoy seguro de que si se dejara hablar libremente a los especialistas municipales en medio ambiente, jardinería y arbolado, habría bastantes coincidencias sobre el diagnóstico y las soluciones.
Son demasiadas las contradicciones entre los discursos y los hechos. Resulta cuanto menos curioso que cada vez que se abre una calle de pronto se descubra que sus árboles están enfermos.
Llama la atención que en las obras ahora mismo en ejecución, en Avenida Cervantes y Don Bosco, el equipo de gobierno haya contratado a una empresa externa al Ayuntamiento, Cemosa, para que informe sobre la situación de sus árboles. Resulta difícil de entender que dicho informe no se haya pedido a los técnicos municipales del área, que seguro conocen perfectamente la situación de los árboles de la ciudad. Más aún cuando esa empresa no está especializada en medio ambiente o árboles. Según su web Cemosa presta servicios en “Ingeniería, Geotecnia, Edificación, Seguridad y Salud, Control de Materiales, Certificación/Marcado CE e I+D+i”. De hecho, en su informe sobre el arbolado de Cervantes reconoce que lo subcontrató con la empresa ACYSS.
Paradójico parece también que mientras dicha empresa realizaba su informe sobre el arbolado de Av. Cervantes, el Ayuntamiento se adelantara a talar seis árboles, sin esperar al dictamen encargado. ¿Para qué querían el informe si talaron antes de tenerlo?.
En el informe sobre el arbolado de Don Bosco se aconseja la tala de 58 árboles, 32 a mantener y 21 a valorar. Se reconoce además la existencia de 10 alcorques vacíos.
Llama la atención que se reconozca que “la valoración del arbolado se basó en una inspección visual individualizada, sin empleo de instrumentación específica”.
Respecto a los 21 árboles “comprometidos” y “a valorar”, el informe señala algunos de los problemas de que adolecen. Uno de ellos sería que constituyen un estorbo para las obras proyectadas. Por ejemplo la “interferencia del sistema radicular con los elementos proyectados” o la “interferencia con los elementos constructivos proyectados”. Entiendo que se refiere a que las raíces están donde se pretenden meter algunas canalizaciones u otros elementos.
Otros problemas son los mismos que ya se habían señalado en otras ocasiones y que parecen endémicos en la ciudad respecto al maltrato a su arbolado y una mala planificación de las obras: “Escaso mantenimiento, malas prácticas de poda, excesiva compactación del suelo, deficiente espacio radicular, aceras muy compactadas sin alcorques reales, espacios pavimentados hasta el tronco...”.
Por tanto, son los mismos informes encargados por el Ayuntamiento los que señalan deficiencias sistémicas en la preparación y plantación del arbolado y su mantenimiento posterior. Mal hace el gobierno municipal en menospreciar las críticas ciudadanas en vez de reconocer las deficiencias estructurales, tomar medidas para corregirlas y evitar que sigan reproduciéndose en las nuevas obras y/o plantaciones, comenzando por escuchar a sus propios técnicos y darles un papel determinante en el momento de redactar cualquier proyecto u obra urbana.
La anunciada elaboración de una nueva ordenanza de uso y protección de zonas ajardinadas y arbolado debería ser una oportunidad para iniciar una nueva dinámica. No sólo dejar de considerar a los árboles como un mero elemento decorativo de quita y pon sino pasar a reconocerlo como un elemento esencial para la calidad de vida y la salud en la ciudad, algo a proteger y conservar de forma prioritaria. Además de hacerlo mediante un auténtico proceso participativo que vaya más allá de la mera formalidad o trámite.







