Chaqueta vaquera de nuestro corazón

Hay una cosa que nos une como humanos…. ¿Buscar la paz? ¿Respetar los derechos humanos? Por lo que se ve, parece que no. (Yo aprovecho para decir #FreePalestina). Es un tema mucho más nimio y frívolo, pero al que cada año nos enfrentamos en cuanto comienza a cambiar el tiempo: El amor - odio por las chaquetas vaqueras.
Todos y todas tenemos o hemos tenido una. La hemos usado hasta la saciedad, pero también la hemos despreciado. ¿Qué pasa con esta curiosa pieza de moda que sin ser cómoda, no sirve para mucho, y encima tampoco es especialmente bonita, ha conseguido convertirse en un imprescindible en el armario global?
Comencemos por el principio. Cómoda, lo que se dice cómoda, no es. Si no tiene elastano son rígidas, las costuras se hincan, los botones no se cierran fácil. Y si lo tiene, se deforman, aprietan o caen sin garbo. Sobre su belleza yo no soy quien para opinar, que los gustos de la gente es algo muy respetable, aunque no se compartan y sean completamente random o básicos. Ellos sabrán. No importa cuántas ediciones "modernizadas" saquen las marcas, la esencia sigue siendo la misma y, francamente, el aburrimiento también.
¿Quién necesita la evolución de la moda cuando podemos seguir viviendo en un bucle eterno de los 80 y 90? Después de todo, siempre hay alguien dispuesto a pagar por esa misma versión vintage, con sus mismos botones metálicos y sus mismos desgastes estratégicos, porque todos sabemos que no hay nada más auténtico que una chaqueta nueva diseñada para parecer vieja.
Sigamos con el análisis centrándonos en su utilidad. No abriga ni per sé, no es “gustosa”, ni protege del exterior, puesto que el frío es aún más intenso cuando toca el denim. Tampoco evita el calor o el bochorno. Solo encaja realmente tres días al año, y en Granada, donde el entretiempo a veces ni aparece, aún menos. Pero nos empeñamos en ponérnosla más días, asumiendo que o nos asaremos o nos helaremos, depende del plan. ¿Por qué?
Está claro. Su éxito viene dado por una campaña de asimilación casi inconsciente durante décadas. Desde los mods a los pijos, pasando por rockeros, indies, cowboys de ciudad e incluso canis, han enfocado esta prenda desde sus diferentes ángulos consiguiendo que sea una de las piezas más versátiles del mundo. La lucen estrellas del cine y de la música, pero también tu vecino José Carlos. Si todo el mundo
Es como pan sin sal. Alimenta pero no lo gozas. Precisamente el hecho de que sea una prenda que por sí misma no tenga una gran personalidad ha conseguido que encaje en todos lados. Pero en ninguno destaca. Es aburrida. Nos da bastante igual. Suele pasar igual que con esos amigos o conocidos sosos, que no molestan pero tampoco emocionan. Cumplen pero lo justo. Nadie nunca se ha emocionado al comprarse una chaqueta vaquera y creo que nadie lo hará. Y si lo ha hecho, ¡qué tristeza de armario amigue! ¡Dale algo de vidilla y haz alguna locura! ¡Cómpratela en negro! Uhh.







