¿Condenados a repetirlo?

La columna de hoy va directa al grano. A la yugular. Y también va a estar llena de referencias. Porque hubo gente, mucho antes, y mucho más lista que yo, que ya auguraba que nos vamos a la mierda. No es la primera vez que reflexiono sobre el devenir del ser humano, pero sí la primera que cambio el agotamiento por la disidencia.
Fue el filósofo de procedencia española George Santayana el encargado de ponernos en preaviso con su mítico “Quienes no pueden recordar su historia están condenados a repetirla”. Ahora no solamente es que no se recuerde la historia, porque cada vez tenemos menos interés educativo ni individual ni comunitario, sino que además hay gente con mucho poder intentando retorcerla, manipularla y reconstruirla en base a sus disparatados y crueles intereses.
Y sí, nos vamos a la mierda. O si queréis que lo diga como un literato, el devenir de los tiempos nos llevará por caminos tremendamente tenebrosos. Quizá poco a poco, quizá sin darnos cuenta, quizá anestesiados entre el barullo. Como el cangrejo que nota que la temperatura del agua que lo rodea va subiendo sin darse cuenta de su destino hasta que es demasiado tarde. Pero si algo debería diferenciarnos de un crustáceo es el raciocinio y la lucha para poder parar las llamas antes de que nos terminarán quemando.
Quizá toque recordar otro texto que refleja la misma desazón y tristeza por la poca reivindicación del ser humano. El popular poema “Primero vinieron...” que Martin Niemöller escribió tras la Segunda Guerra Mundial. De hecho, es sorprendente que una de las versiones más conocidas de este poema se encuentre en el Museo Memorial del Holocausto de los Estados Unidos, que ahora mismo es uno de los países que más está atacando, por h o por b, a millones de personas en todo el globo.
Pero he pensado que mejor que recordarlo tal cual, ¿por qué no lo actualizamos? Para ver si somos capaces de comprender cómo un concepto con más 70 años de historia sigue vigente a día de hoy y puede suponer el que volvamos a caer en la trampa de los totalitarismos:
Primero se llevaron… Versión de Gafas Amarillas - Año 2025.
Cuando empezó a hacerse más que común ver a políticos “librepensadores”, políticamente incorrectos y extremistas con una motosierra y promoviendo políticas oscuras, de odio, fraudulentas o directamente timos al pueblo que los había apoyado, no dije nada porque pensé “es solo show, no pasará nada grave”.
Cuando quisieron exterminar a un pueblo entero, quitar terreno al país vecino, renombrar partes a su antojo o solicitar anexionarse a territorios a miles de distancia, me pareció simpático y me callé porque no atacaban mi casa.
Cuando encarcelaron o expulsaron a los inmigrantes de malas formas, aunque eran mis vecinos, compañeros o amigos, guardé silencio, ya que no era inmigrante y que cada uno se busque su suerte.
Cuando vinieron a llevarse a las personas trans, que supuestamente afirman que es lo peor que puede ser una persona, guardé silencio, ya que yo no era transexual, ni conocía a ninguna.
Cuando quisieron imponer a la fuerza la familia tradicional, aunque la suya fuera tremendamente disfuncional, me callé, porque allá la vida de cada uno y me viene genial una familia de películas de los años 50.
Cuando vinieron a buscar a las mujeres cis, que parece ser que se habían puesto muy contestonas y no les servían como antaño, no protesté, ya que no era mujer (o peor, lo era, pero tenía una vida muy cómoda y decidí mirar a otro lado).
Cuando vinieron a buscarme a mí, un hombre blanco, de media edad, seguramente heterosexual, con poquísima empatía y que no reconozco mis privilegios históricos, pues a nadie le importó.
…
Y una vez acabada la actualización del poema, y volviendo a mi ser como orgulloso hombre queer y progresista, añado: ¿Cómo coño nos iba a importar hombre blanco, de mediana edad, seguramente heterosexual, con la que tenemos encima y sin que nos hayas ayudado ni un poquito para solucionarlo?
Quiero dejar claro que defiendo enormemente que todos nos necesitamos, porque juntos es donde está la fuerza. Siguiendo con las referencias, me viene a la mente la frase de Ryunosuke Satoro de “Individualmente, somos una gota. Juntos, somos un océano”. (Sí, la he buscado en internet, no voy a mentiros).
Las políticas feministas necesitan el apoyo de los hombres, las LGTBI+ de las personas heterosexuales, Palestina necesita ayuda internacional, los inmigrantes necesitan la ayuda del vecino… ¡Pero también al revés! Que nadie piense que los grupos “minoritarios” o históricamente aplastados no son también igual de imprescindibles en la sociedad, porque sin ellos no hay diferencia, cultura, sentimiento, conexión, diversidad, al fin al cabo, naturaleza.
No es un momento para confrontar, sino para luchar juntos por un mundo mejor. Y para acabar con otra referencia, (prometo que esta sí me la sé sin buscarla en internet), hagamos referencia a una frase latina que Alejandro Dumas integró a la perfección en “Los Tres Mosqueteros” con su imprescindible y tan necesario: “Uno para todos y todos para uno”.







