miércoles 11 febrero
Opinión  |   |

Contradicciones en un mundo convulso

La sugerente hipótesis del “efecto mariposa”, formulada dentro de la teoría del caos, viene a decir que leves perturbaciones iniciales en un sistema, a través de procesos de amplificación, podrían generar efectos considerablemente grandes a largo plazo.

Los acelerados cambios que se están produciendo en el mundo en este momento histórico no pueden catalogarse de “leves perturbaciones”, por tanto habría que pensar que sus efectos a medio y largo plazo serán muchísimo más graves que las que, según aquella teoría, pudiera provocar el simple aleteo de una mariposa en Brasil.
Vivimos transformaciones tan profundas que se extiende la idea de que estamos asistiendo a un cambio de época. Y efectivamente, el conocimiento histórico nos hace pensar que las actuales convulsiones económicas, políticas, militares y sociales muy probablemente irán a más.

A mi juicio hay dos factores claves en este proceso: El cambio climático de origen humano, que provoca ciertas catástrofes a corto plazo y procesos de transformación de mayor alcance; y la voraz competencia capitalista por los recursos escasos, en un afán imposible por mantener un crecimiento y acumulación ilimitados en un planeta finito.

En este escenario de crisis se manifiestan continuas contradicciones a todos los niveles. Dicho en lenguaje coloquial “se ven todas las costuras”.

Una de las principales fuentes de conmoción viene de la política en EEUU. En un artículo publicado en marzo de 2025 escribí que “Trump es mucho más que un histriónico payaso. Sus decisiones son reales y sus efectos dañinos se expanden sin distinguir entre aliados, amigos o enemigos...”. Estos escasos meses solo han hecho confirmar aquellas apreciaciones. Sus agresivas políticas, a base de aranceles y amenazas e intervenciones militares, han hecho saltar en pedazos las escasas certezas en que vivíamos.

Algunos analistas mantienen la idea de la necesidad de “volver a un mundo regido por normas”. Pero realmente nunca ha existido ese mundo. EEUU no hace ahora nada que no hubiera hecho antes, como interferir en la política interna de otros países, aliados o no, o intervenir militarmente en cualquier parte del mundo, ejecutando políticas de corte neocolonial. Lo que sucede es que ahora lo hace sin disimulos, no se envuelve en falacias como la falsa exportación de la democracia, sino que directamente afirma que pretende quedarse con los recursos, sean petróleo o tierras raras. También se diferencia en sus formas, arrogantes y humillantes a un tiempo, incluso con países aliados. Además con un presidente que muestra actitudes propias de un niño mal criado o un matón de patio de colegio.

Menudo papelón el de los países de la OTAN cuando Trump amenaza con ocupar Groenlandia o exige elevar el gasto militar al 5% del PIB, para 2035, comprándole las armas a EEUU. La contradicción es tan feroz que hará muy complicada la propia pervivencia real de esa alianza supuestamente de defensa común, porque el aliado principal se convierte en amenaza directa para sus miembros. Un aliado que considera enemiga a la UE y aspira a que se divida y disuelva.

Pero EEUU no agrede solo en el exterior, también lo hace con sus propios ciudadanos. Así ha sucedido con Renée Good y Alex Pretti, ejecutados en plena calle por agentes del ICE, por manifestarse en contra de las redadas contra inmigrantes hispanos, y acusados a posteriori y de forma calumniosa de ser “terroristas domésticos”. Poca diferencia con los procedimientos de represión llevados a cabo en cualquier dictadura.

Las respuestas están oscilando entre el baboseo y la sumisión más vergonzantes, como ha hecho Mark Rutte, S.G. de la OTAN, la cesión forzada de la mayoría de países o la digna llamada verbal a oponer cierta resistencia por parte del primer ministro canadiense, Mark Carney.

Frente al incremento de gasto militar Pedro Sánchez ha mantenido una posición contradictoria. Por un lado se dice que firmó el acuerdo pero, frente al resto de aliados, mantiene públicamente que no alcanzará ese 5%. Aunque ha comenzado a incrementar el gasto militar en España de forma importante. Ciertamente que 2035 queda muy lejos y probablemente la mayoría de países piensan que para entonces muchas cosas habrán cambiado y ya se verá. Pero lo cierto es que se defienden y adoptan medidas propias de un régimen de guerra.

Es evidente que elevar el gasto militar obligará necesariamente a recortar en gastos sociales, por muchos eufemismos que se quieran utilizar. Así se está proponiendo ya en países europeos como Alemania, Finlandia o Suecia. La Comisión Europea planea recortar la Política Agraria Común (PAC) entre un 20% y un 22% para el periodo 2028-2034, reorientando fondos hacia el aumento del gasto militar, que se quintuplicaría. Esta medida afectaría gravemente a la renta agraria española. También se ha aprobado derivar inversiones de los ya concedidos fondos Next Generation para gasto militar.

Menuda contradicción el doble rasero aplicado respecto a los agresores Rusia e Israel. O la creación de la infame “Junta por la Paz”, para repartirse Gaza a cambio de pagar 1.000 millones de dólares. Sin los gazatíes y con países que bien son dictaduras o aspiran a quedar bien con el imperio. Frente a tamaña aberración e indignidad caben pocas templanzas diplomáticas.

Le han saltado también las costuras a la ultraderecha mundial, patrocinada por Trump y colocada a su sombra. Complicado ser presuntuoso ultranacionalista y apoyar a quienes no respetan la soberanía de otros países. VOX no tiene opinión sobre la amenaza a Groenlandia, no sabe no contesta. Su portavoz afirma, sin ponerse colorado, que “no pueden tener una opinión de todo en esta vida”. Tampoco ha reprochado a Trump sus incrementos de aranceles a Europa o sus amenazas específicas a España.

Pero las graves y evidentes contradicciones no podrán ser mantenidas demasiado tiempo. Al final la UE tendrá que decidir si convertirse en un lacayo de un imperio inevitablemente en decadencia, resignarse a ser dominado o constituir un polo de dignidad política, democrática y social.

Vivimos tiempos de incertidumbre y sentimos el riesgo de que la expansión del autoritarismo ponga en peligro nuestra imperfecta democracia liberal y el modelo de estado social. En estos tiempos aciagos no caben medias tintas. No se puede tragar con ruedas de molino. Hay que superar las contradicciones pensando siempre en lo mejor para la ciudadanía, la justicia y la democracia.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

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