lunes 16 mayo
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Corpas

Nadie podía imaginar que se nos fuera tan pronto, ni siquiera la amenaza de esa enfermedad que nos amargó el pasado verano con su repentina aparición. Pero la realidad, tozuda y férrea, no deja asomar la duda y tenemos que empezar a aceptar que José María Corpas ya no va estar más entre nosotros.

La vida no atiende a razones y decide mover ficha sin tener en cuenta nada más que su voluntad. De nada servía que Corpas estuviese en un momento dulce de su vida personal y familiar, o que al fin estuviera haciendo aquello que siempre deseó, ejercer la política activa en beneficio de su ciudad. No, la vida no atendió a nada. Decidió irse de su lado y secuestrarnos para siempre a un hombre bueno, en el sentido machadiano de la expresión.

De nuestro Corpas se están diciendo muchas cosas en estos días, todas ellas positivas, todas ellas atributos que definen de manera cabal la personalidad única de un ser humano con un inmenso corazón, solo comparable a su talento. Pero tenemos que ser justos. No ha sido su terrible pérdida la madre de todos los elogios. De Corpas solo he oído decir cosas buenas desde que tengo la suerte de tenerlo en mi vida. Porque si algo bueno se puede decir de él es que es una persona que tiene la nada sencilla virtud de generar un tsunami de empatía en quienes comparten cualquier espacio, laboral o personal, con él. Su incuestionable capacidad de trabajo, su brillantez política, su inagotable propensión al diálogo, su pragmatismo, su coherencia… hasta el tono de su voz han sido siempre usados por Corpas como espacios para el encuentro.

De Corpas he aprendido estos años que he tenido la fortuna de tenerlo en mi equipo, que siempre merece la pena un esfuerzo más. Reconozco que, en ocasiones, mis ganas de resolver asuntos cruciales en el día a día de nuestra ciudad me han llevado a exigir determinadas posturas que eran matizadas de inmediato por un compañero que, desde la atalaya de una sabiduría humilde, de una inteligencia callada, acreditaba que, si quizás esperábamos un día más, el resultado final del esfuerzo político merecería la pena porque repercutiría de manera directa en el bienestar general. Eso pasó cuando pactamos los presupuestos del 2020 con el PP, o con el acuerdo de los 15 millones de euros que van a garantizar la prestación de los servicios públicos municipales con garantías este año. En esas dos ocasiones, José María me demostró que todo lo que negociaba siempre terminaba bien para Granada.

Esa misma actitud la ha tenido en estos últimos 8 meses en los que el Cáncer se convirtió en su compañero de viaje. “La enfermedad no puede condicionar nuestra vida. Con el cáncer no se lucha ni se pierde contra él, con el cáncer se convive y no debe condicionar nuestra normalidad”. Así se expresaba siempre, incluso cuando los tratamientos lo dejaban postrado en su casa un par de días, o necesitaba ser ingresado en el hospital tras sus recaídas. Y así ha sido Corpas, con su coherencia por estandarte, día a día hasta el último de ellos.

Corpas es un poco como esas canciones de su admirado Sabina, un conjunto de genialidades al alcance de casi nadie, que una vez conocidas se instalan en el álbum de favoritos de nuestra vida.

José María tendrá el homenaje en Granada que su altura merece, porque Granada tuvo en él, un modelo de servidor público que dejó su vida en el intento de hacer de la suya, una ciudad más amable.

Escribió Lorca en su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías: “tardará en nacer si es que nace, un andaluz tan claro”. Tenemos la fortuna de haber sido coetáneo de este granadino preclaro, ciudadano del mundo. Tardará en nacer otro con ese tesoro de virtudes.

Francisco Cuenca, alcalde de Granada

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Francisco Cuenca

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