Cuando la moda da miedo

Permítanme hoy, como si estuviera emulando al momento más viral de Paco Umbral, aprovecharme de esta columna para venir aquí a hablar de mi libro. Pero a través de una reflexión desde la que parte toda la idea del proyecto.
Por si hay alguien que no lo sepa, que es lo más seguro porque mi promoción ha sido un poquito más pequeña que la del libro de Juan del Val, “Horror Couture. Historias reales de terror en la moda” es un escrito divulgativo donde revelo las conexiones que existen entre la moda y el terror en todas sus formas. Hay prendas, marcas, tendencias o proyectos que guardan sorpresas inimaginables. Lo pienso mucho cuando trabajo con moda: creemos que la ropa es inocente, ligera, casi un accesorio de nuestra rutina… pero en realidad es un espejo muy honesto de lo que somos y de lo que tememos. A veces incluso demasiado.
Igual que en las pelis de terror donde la amenaza nunca está donde esperas, en la moda también hay historias que se esconden en los pliegues: decisiones políticas, heridas sociales, supersticiones que parecen sacadas de un episodio de Expediente X y algún que otro episodio oscuro digno de Agatha Christie. Lo bello y lo inquietante conviven más cerca de lo que imaginamos.
Quizá por eso me lancé a escribir Horror Couture. No por dramatizar —ya sabéis que soy más de ironizar que de asustar— sino porque, cuanto más investigaba, más entendía que la moda tiene su propio archivo secreto. Y cuando juntas sociología, historia y cultura pop te das cuenta de que el armario no solamente habla… a veces susurra cosas que preferiríamos no oír. Pero, oye, también es ahí donde descubrimos por qué nos vestimos como lo hacemos y qué historias seguimos sin atrevernos a mirar de frente.
El primer capítulo del libro, que ya está disponible en Amazon, —tengo que continuar con la promo — es una pregunta que lanzo al aire. “¿Da miedo la moda?” y es una pregunta que no tiene una fácil respuesta, puesto que el miedo es tan personal y único que lo hace sorprendente. Por ejemplo, Nicole Kidman tiene un miedo atroz a las mariposas mientras que para el resto del mundo pueden ser algunas de las criaturas más bonitas del mundo.
Comparto con vosotros un pequeño fragmento de este primer capítulo del que os hablaba ya que sirve como punto de partida para reflexionar sobre cómo un ámbito muchas veces tildado como superficial es capaz de trasladar la esencia misma del ser humano y sus terrores cotidianos:
“La ropa esconde pequeños terrores cotidianos que, si los pensamos con calma, son tan personales como universales. El terror a que no nos entre la talla del año pasado. El pánico a repetir modelito en un evento donde alguien recordará con malicia lo que llevábamos. El sobresalto al escuchar un crash de tela desgarrándose en un mal movimiento. El escalofrío de engancharse la cremallera en un lugar dolorosamente sensible. El miedo a no poder permitirnos lo que dicta la tendencia. El horror irracional a resfriarnos por vestirnos mal en invierno. O incluso la superstición: esa prenda que consideramos de la suerte y que nos protege, o aquella otra que percibimos como gafe y que parece arrastrar una oscura sombra cada vez que la usamos. Pero más allá de estos ejemplos un poco naif, descubrí que un ámbito que puede parecer tan bonito e incluso cándido, también esconde historias reales capaces de dejarnos helados, más aún que unos pinkies en pleno invierno. Y así fue como la moda y el terror se dieron la mano para terminar convertidas en este Horror Couture, que me ha producido incluso pesadillas mientras profundizaba en los temas que aquí desfilan”.
Y ahora, si os ha interesado este tema, podéis acompañarme dentro de este vestidor “maldito” lleno de historias que te dejarán con la boca abierta y el armario tiritando.







