lunes 14 octubre
Opinión  |   |

Depende... ¿de qué?

Nunca pensé que Zapatero fuese un buen presidente del Gobierno. Y creo que la historia tampoco lo absolverá. Pero eso no significa que no hiciese algunas cosas bien. Una de ellas, en derechos civiles, el reconocimiento de los matrimonios de personas del mismo sexo. Y en derechos sociales la ley de dependencia. Una innovación positiva que afecta a la calidad de vida de las personas, y especialmente a las más frágiles. Aunque también es cierto que no acabó de redondear la tarea. Una buena ley a la que faltaba claramente un sistema de financiación adecuado.

Tampoco parece que fuese un acierto el sistema de confusión de competencias y financiación, que en nuestro país viene constituyendo un lío monumental en muchas materias. Galimatías que, desde luego, reclama algunas reformas de calado, comenzando por la propia Constitución. Pero ciñéndome a la ley de dependencia, nos encontramos con competencias y financiación de las tres administraciones territoriales del Estado, central, autonómica y local. Un lío.

La atención a la dependencia constituye el más reciente de los cuatro pilares de lo que se denomina Estado del Bienestar, junto con los sistemas de sanidad, educación y pensiones.

Pero lo cierto es que este sistema funciona más bien regular y todos los gestores políticos implicados se responsabilizan y reprochan mutuamente los problemas que lo lastran.

Recientemente la Asociación de Directores y Gerentes Sociales ha presentado el XVII Dictamen del Observatorio Estatal para la Dependencia, donde se trata de ofrecer “una perspectiva de la aplicación de la ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia”, a los diez años de su aprobación. Sus conclusiones son interesantes a la vez que demoledoras.

Recortes en los presupuestos generales del Estado desde 2012, aunque con una cierta recuperación del gasto en las Comunidades Autónomas a partir de las últimas elecciones de 2015.La lista de espera alcanza al 29% de las personas que tienen reconocida la situación de dependencia, es decir 348.309 personas, de las que el 35%, es decir, 122.000 personas, son dependientes severos. Más de 150.000 personas han fallecido en los últimos cinco años, 90 cada día, una cada cuarto de hora, sin haber recibido las prestaciones que ya tenían reconocidas. Y dos tercios de las personas que están en lista de espera son mujeres mayores de 80 años. Además habría que tener en cuenta a aquellas otras personas que están pendientes de que se les reconozca su situación de dependencia.

No solo estamos hablando de la atención a uno de los sectores de población más frágiles, como son las personas dependientes, que sobre todo serán personas mayores, sino también de las mujeres, que mayoritariamente son quienes, en nuestra sociedad, se hacen cargo de los cuidados. Estamos por tanto hablando de la calidad de vida de varios millones de personas en nuestro país.

Pero la economía de los cuidados no sólo contribuye a la mejora de las condiciones de vida de las personas dependientes y su entorno familiar, también contribuye a la generación de empleo (90.000 empleos directos) y alcanza un retorno al Estado del 38,5% de lo invertido, en opinión del presidente de la organización.

Es cierto que hay una crisis económica, de la que se dice que estamos saliendo, pero mientras que se rescata a bancos, autopistas, y megalomanías inútiles varias, a nuestros gobernantes se les olvida que lo principal son las personas, que la patria no son ni las tierras, ni las banderas, ni los escudos…, sino la gente, a la que deben servir y para quien prioritariamente deberían destinarse las políticas y los recursos. Y qué mejor destino que ocuparnos de las personas que por edad o por enfermedad no pueden valerse por sí mismas.

Miguel Martín Velázquez
Colaborador de Ahora Sí

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