miércoles 14 abril
Opinión  |   |

Educación desconcertada

Mucho se habla estos días del eterno debate entre educación pública y concertada.

Por poner cierto orden en las ideas, empecemos por lo principal. Nuestra Constitución, en su artículo 27, consagra el derecho a la educación y la libertad de enseñanza.

Es decir, que la propia Constitución Española, garantiza poder elegir entre diferentes alternativas educativas, con lo que un modelo único de educación pública, es anticonstitucional, y creo que nadie lo propone, al menos nadie con cierta seriedad argumental.

El problema radica en que se vienen falseando los debates, estableciéndose una dialéctica en la que se enfrentan dos modelos, el público y el concertado, como si fuesen incompatibles entre sí, cuando nunca lo han sido, ni tienen porque serlo.

El concierto que realizan las administraciones públicas, en nuestro caso, la Junta de Andalucía, con los centros educativos, mayoritariamente religiosos, es una inversión en educación, tan fundamental y básica, como el dinero que se destina para los colegios públicos.

No voy a entrar en el debate de si la educación concertada ahorra costes a la Administración Pública o no, pues creo, que calculadora en mano, no hay nada que debatir, pues es claro y evidente.

El nuevo argumento arrojado en estos días, por parte de la Junta, ha sido que no puede consentirse, invertir dinero en centros educativos concertados, cuando hay aulas, de centros públicos, que están semivacías.

Esto abre dos cuestiones. Por una parte me recuerda las palabras, nunca publicadas, de cierta delegada de Educación de Granada, a cierto alcalde del área metropolitana, en las que le dijo, que no ampliaría ni construiría, una sola aula, fuera de Granada capital, mientras hubiese aulas vacías en la ciudad, todo referido a centros públicos, claro.

El despotismo que rezuma este argumento, es el mismo, que hay, en el argumento actual de la Junta con la educación concertada. Y además adolece de los mismos errores.

Si había aulas vacías en Granada capital, y demanda de aulas nuevas en los municipios cercanos, es injusto que obliguemos a desplazarse a miles de alumnos cada día, con el coste de horas y recursos que esto conlleva. Por no hablar de falta de planificación, de la necesidad de hacer estudios demográficos y de la demanda de una mejora de servicios, que aquella delegada despreciaba por completo. Por cerrar este tema, ese municipio, sigue sin tener ni una aula nueva (exceptuando caracolas o prefabricadas), y han pasado más de diez años desde entonces.

Con el actual argumento de la Junta ocurre lo mismo. Es injusto que se pretenda reducir o eliminar el concierto a los centros educativos que lo tienen, cuando además, en casi todos ellos, aumenta año tras año su demanda de plazas, sólo por el hecho de que existen aulas vacías en los centros públicos.

Creo que el problema es que nadie se está planteando dentro de la Junta, por qué cada año, se reduce la demanda de plazas en centros públicos y existen aulas semivacías, mientras que en los centros concertados, la demanda crece.

Quizás, actuaciones como las de aquella delegada, han tenido mucho que ver en todo esto.

La segunda cuestión, que se plantea, es que en ningún aspecto del debate se ha pensado ni siquiera, en mejorar la calidad de los servicios educativos.

Luego vendrá Pisa y nos pillará desconcertados.

Gustavo García
Historiador y escritor

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