sábado 10 abril
Opinión  |   |

El 4D y el nacionalismo andaluz

Andalucía es una nación histórica. No se trata de una opinión personal, se trata de poner en valor el reciente pasado de lucha de nuestra tierra. Andalucía como nación, simplemente puede sonar extraño, bien para personas que son muy ajenas a las demandas y aspiraciones del pueblo andaluz, o bien puede sonar extraño, debido a la confusión de términos que existe en torno a los fenómenos nacionales. Una confusión de términos que los medios de comunicación no ayudan a resolver, más bien todo lo contrario.

Una de las mayores confusiones se da en torno a los conceptos Estado y Nación, que suelen presentarse como indisociables. Diremos, grosso modo, que en un país democrático el Estado es el conjunto de Instituciones y estructuras jurídico-administrativas centrales implantadas en un determinado territorio con un alto grado de legitimidad y portador del conjunto, mientras que la Nación hace referencia a sentimientos de pertenencia a una determinada cultura que tiene o aspira a algún tipo de autogobierno. Evidentemente hablamos de elementos complejos, pero a partir de esta especie de definición, nos puede servir para señalar que hablamos de dos dinámicas que son distintas. Esa idea construida donde se asimila Estado-Nación tuvo su auge en el siglo XIX, pero hoy carece de sentido. Prácticamente no existe ningún país que cuente con una población nacional y/o étnicamente homogénea. Es decir, actualmente los Estados cuentan con sociedades cada vez más complejas y heterogéneas, albergando en su seno diferentes tipos de culturas con históricas demandas territoriales. Sociedades cada vez más heterogéneas debido también a fenómenos migratorios en sociedades donde ya no sirve la simple asimilación.

De hecho, ante esta nueva realidad, se han extendido en los Estados medidas de corte federal, en algunos casos se trata sólo de una política de descentralización de corte administrativo, pero en otros muchos responde a la necesidad de dar cabida a diferentes naciones o reivindicaciones regionales dentro de los Estados y dotarlas de algún tipo de autogobierno. El Estado español es uno de esos casos, y suele ponerse como ejemplo en Europa occidental de un Estado que alberga en su seno diferentes demandas nacionales. En la propia Constitución de 1978 se reconoce este extremo en la redacción del artículo 2º donde se dice textualmente que el texto constitucional, “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. Queda claro que nuestra Carta Magna reconoce que existen diferentes naciones dentro del marco del Estado español.

¿Es Andalucía una Nación?

Evidentemente si pensamos en naciones y reivindicaciones territoriales dentro del Estado español, pensamos en Euskal Herria, Catalunya y algunos añadirían a Galiza, pero desde luego muchos dejarían fuera a Andalucía. No mencionar a Andalucía como una nación histórica, no es un hecho que ocurra fuera de Andalucía, sino que esa percepción también se da dentro del pueblo andaluz. Un error, no olvidemos, del que tampoco es ajena en su discurso la propia izquierda.

Los actos institucionales del día de Andalucía se celebran el 28 de febrero, en conmemoración de la efeméride del referéndum que se celebró en 1980 sobre la iniciativa del proceso autonómico, cuya ratificación mayoritaria por el pueblo andaluz, significó la entrada de nuestro territorio a la autonomía por la llamada “vía rápida”, pensada exclusivamente para las nacionalidades históricas. No habría existido el 28 de febrero sin el 4 de diciembre. Es decir, Andalucía sólo pudo obtener el acceso a la autonomía gracias a la masiva lucha del pueblo en la calle. El 4D es la verdadera fecha histórica que explica el resultado de la configuración autonómica en el Estado español, y supone un hito, un hecho histórico, una de las pocas conquistas que consiguió el pueblo sin tutelajes desde arriba. Dicho de otro modo, la transición fue configurada como un pacto de élites, desde arriba y una de las conquistas cosechadas que no formaban parte del guion fue el acceso de Andalucía a la autonomía por la vía rápida. Esta lucha del pueblo andaluz costó sudor y sangre. Y no es una exageración decir que costó sangre, siempre debemos recordar que en las masivas manifestaciones donde más de 2 millones de andaluces salieron a la calle para exigir soberanía, fue asesinado por la policía el compañero Manuel José García Caparrós, sindicalista de tan sólo 19 años. Es vergonzoso que se tardara tanto tiempo, hasta 2013, para nombrar a este mártir, hijo predilecto de Andalucía que sólo fue posible por la presión de Izquierda Unida. No es casual, ya que existe un intento de olvidar todo lo concerniente al 4D.

Que el pueblo andaluz rompiera el guion preestablecido y luchara por su soberanía con tanta firmeza no es una simple anécdota. Que el 4 de diciembre de 1977 salieran a la calle más de dos millones de personas reclamando soberanía para Andalucía, no es un simple hecho diferencial, sino que constata que Andalucía es una nación. Uno de los elementos del nacionalismo nacido tras la Revolución francesa, es la idea de la voluntad de sus miembros para construir un futuro en común. Es decir, si entendemos que el nacionalismo, en su sentido republicano, es la vocación, la voluntad de pertenencia de un grupo a un proyecto social y político compartido, no hay que remontarse demasiado lejos en el tiempo para entender que Andalucía es una nación que se expresó con claridad el 4 de diciembre de 1977.

A pesar de los intentos de esconder y relegar el nacionalismo andaluz combativo, popular, y de calle, aún sigue muy presente. Es un error creer que el nacionalismo andaluz moría con la desaparición del Partido Andalucista. Al respecto de la expresión política y cultural del nacionalismo andaluz, habría que hacer varias aclaraciones.

Por un lado, debemos señalar que la cultura andaluza –en un momento determinado- se subsumió dentro de la “española”. Elementos prototípicos y simbólicos de la cultura andaluza, fueron “arrebatados” y forman parte ahora de la simbología y cultura “española”, sin el tinte identitario andaluz. Se trata de una observación en el plano cultural que hace más difícil identificar una cultura andaluza específica. Por otro lado, en un plano político, es muy importante señalar que el PSOE-A se ha erigido como el garante de lo andaluz lo que ha supuesto en nuestra tierra un cortafuegos para el desarrollo del nacionalismo andaluz. La capitalización del PSOE de muchas de las luchas populares andaluzas hace que una parte importante de nuestro pueblo entienda que en el PSOE-A existe la defensa de lo andaluz, que pervive en el recuerdo -entre otros aspectos- por la defensa del Estatuto de autonomía, obviando por ejemplo las luchas populares o las campañas de lucha emprendidas por el Sindicato Obreros del Campo.

No podemos olvidar nuestra historia, no podemos permitir que se nos arrebate nuestra propia memoria como pueblo. Andalucía, con uno de los índices de paro más altos de toda Europa, arrastrada a ser la periferia de la periferia, demanda las luchas del pueblo andaluz y las demandas de los trabajadores hoy más que nunca. El cambio en todo el Estado pasa por Andalucía. Andaluces levantaos, pedid tierra y libertad, sea por Andalucía libre, los pueblos y la humanidad.

Tony Álvarez
Politólogo y doctorando en Ciencias Sociales

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