viernes 21 enero
Opinión  |   |

El Año PI

Corren malos tiempos para aventurar predicciones para un nuevo año e, incluso, para formular los retos a los que nos enfrentaremos en el recién estrenado 2022. La experiencia nos dice que la realidad suele ser más osada que cualquiera de las previsiones que seamos capaces de imaginar y mucho más exigentes que cualquiera de los retos que nos propusiéramos afrontar. Aun así, quizás no resulte descabellado comenzar el 2022 bautizándolo como el año Pi, sin ánimo de ser catastrofista, pero si con una cierta amargura.

Efectivamente, Pi es la decimosexta letra del alfabeto griego clásico, con Pi designamos una constante matemática que indica la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro y Pi será, con trágica probabilidad , el nombre con el que conozcamos la próxima variante del COVID-19. y, con una exactitud matemática, los retos de este nuevo año serán afrontados bajo constantes ya consolidadas en el contexto pandémico.

Es imposible saber cuándo o dónde surgirá la nueva variante, ni los síntomas que traerá, nada podemos saber de su gravedad o del grado de protección que ofrecerá la vacuna pero, a buen seguro, la primera reacción política y social seguirá consistiendo en proponer y asumir medidas destinadas únicamente a contener la expansión de una nueva cepa del virus que, como hasta ahora ha ocurrido, ya será incontenible antes de que le hayamos puesto nombre.

Y es que por mucho que repitamos, sin hacer nada al respecto, que en tanto haya países en los que apenas el 1% de su población ha podido ser vacunada, ni contestemos con estructuras internacionales para coordinar y dirigir la respuesta sanitaria ante el COVID-19, o que es necesario encontrar un adecuado equilibrio, a nivel mundial, entre la lógica económica y la prioridad de la preservación de la salud, difícilmente podrán los Estados, y mucho menos sus ciudadanos, desarrollar una estrategia efectiva para erradicar el maldito virus. Entre tanto, por muchos que sean los avances que la ciencia nos ofrezca en la lucha contra la pandemia, el virus seguirá tenido a millones de seres humanos con los que ensayar nuevas mutaciones.

Es posible que en los próximos días alcancemos el pico de esta sexta ola, e incluso cabe esperar que una hipotética variante Pi pudiera presentar unos síntomas menos graves, pero como una constante no resuelta, en el año 2022 quedará por dilucidar qué hacer con un sistema sanitario agotado y escasamente dotado incluso antes de que llegara el COVID-19. Aun cuando parece haber un consenso generalizado sobre el papel que el servicio publico sanitario está jugando, nadie ha planteado seriamente la necesidad de su redimensionamiento y modernización, con pandemia o sin pandemia.

Pocas certezas podemos plantear en cuanto a los retos que el nuevo año nos puede deparar pero si podemos adelantar que el año 2022 será un año, a pesar de la pandemia, lleno de constantes y de todas ellas, la más obvia, la electoral. Comenzaremos el año con las elecciones a la Asamblea Legislativa de Castilla-León, seguirán las elecciones andaluzas y, sin duda estaremos pendientes de las consecuencias de las elecciones legislativas portuguesas o las presidenciales francesas. Pero, sobre todo, en España se va a imponer, sean cuales sean las circunstancias, la lógica electoral para afrontar un año 2023 donde se celebrarán elecciones generales, municipales y autonómicas. Todo un panorama como para afrontar con sosiego un futuro que vaya más allá de unos días.

Y, más allá de la pandemia, durante el 2022 seguiremos hablando de casos de corrupción en el PP (posiblemente el caso Perla Negra acabe transcendiendo las fronteras castellano-leonesas y el caso Kitchen siga dando algún que otro disgusto al Sr. Casado), seguiremos hablando de la no renovación del Consejo General del Poder Judicial, volveremos a saber de la imposibilidad de renovar a miembros del Tribunal Constitucional, de este Tribunal nos volverán a llegar resoluciones tan polémicas como preocupantes (
pendientes están, por ejemplo, la resolución de los recursos de inconstitucionalidad contra la ley del Aborto o contra la Ley de la Eutanasia) o seguiremos pendientes de las idas y de las no venidas del Rey Emérito.

Son estos solo algunos ejemplos que podrían justificar sobradamente que Pi, además de tener un valor de 3,1416… pudiera expresar también 2022.

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Columnista
Baldomero Oliver

Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Granada

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