domingo 17 mayo
Opinión  |   |

El club del esperpento

Para entender lo que sucede dentro del Granada CF en los últimos años es muy difícil aferrarse a lógica alguna. Y lo es porque resulta realmente complicado comprender cómo un club que contaba con una base sólida e identificable, además de una buena salud económica, ha pasado a deambular por Segunda División como un equipo sin alma, casi asfixiado por un gasto desmedido fruto de decisiones deportivas, como poco, muy cuestionables. Da la sensación de que el club rojiblanco se hubiera instalado dentro de una novela de Valle-Inclán, creador del esperpento. En ese espejo cóncavo, donde todo se deforma sin dejar de ser reconocible, el Granada CF ha ido perdiendo poco a poco una silueta construida con mucho esfuerzo.

Lo que antes era un proyecto con sentido hoy parece una sucesión de actos inconexos, como si cada decisión naciera aislada, sin memoria ni consecuencias. Se ficha sin relato, se vende sin plan y se comunica sin convicción. El problema no es que el equipo descendiera a Segunda casi sin competir, ni siquiera que pueda quedarse en esta categoría durante un tiempo. El problema es que el club parece infectado de una enfermedad que se extiende lentamente por todos sus estamentos, necrosando todo a su paso. Ahí es donde el esperpento se vuelve más incómodo: en la distancia entre lo que se dice y lo que se percibe. Mientras desde dentro se insiste en discursos de estabilidad, desde fuera lo que se observa es un club desdibujado, sin rumbo claro, atrapado en una especie de niebla permanente en la que todo parece provisional. Solo importa sobrevivir al día siguiente.

Este esperpento que estamos viviendo esta campaña está teniendo un epílogo demasiado largo e incómodo, ahora que la permanencia parece prácticamente asegurada salvo catástrofe. Y, mientras tanto, se va llevando por delante la poca ilusión que le queda a la afición, ya agarrada al clavo ardiendo de un posible cambio de propiedad. El desgaste social, económico y deportivo parece irreversible. Al menos, bajo esta propiedad y estos dirigentes. Unos dirigentes que, por cierto, parecen más preocupados por proteger su posición que por mirar hacia la próxima temporada, en un verano en el que habrá que reconstruir prácticamente toda la plantilla con un equipo de trabajo que ya no cuenta con la confianza de casi nadie.

Y lo peor es que, en esta deformación constante de la realidad, todo apunta a que viviremos un cuarto verano consecutivo escuchando la misma cantinela: un posible cambio de propiedad, una planificación tardía que llega a rebufo del resto de equipos de la categoría y más explicaciones vacías. Una mala película, un chiste repetido hasta la saciedad, que ha perdido cualquier atisbo de gracia. Quizá ahí esté la clave de todo: en que ya no sorprende. En que el esperpento ha dejado de ser un recurso literario para convertirse en rutina. En que lo extraordinario —lo incoherente, lo contradictorio, lo improvisado— se ha normalizado dentro del Granada CF.

Porque cuando un club normaliza el ruido, deja de escuchar las señales. Cuando se acostumbra a vivir en la provisionalidad, pierde la capacidad de construir. Y cuando se instala en la autocomplacencia del discurso, termina desconectando por completo de la realidad. El Granada CF de hoy compite sin un relato que lo sostenga, sin una identidad que lo proteja y, lo que es peor, sin una dirección que genere un mínimo de confianza. Quizá por eso duele tanto esta etapa. Porque no es solo una cuestión de resultados, ni de categoría, ni siquiera de nombres propios. Es una cuestión de rumbo. De coherencia.

El esperpento, decía Ramón María del Valle-Inclán, consiste en ver la realidad reflejada en espejos deformantes. Pero implica algo aún más inquietante: que esos espejos acaben siendo la única forma de mirar. Y esa es la sensación que deja hoy el Granada CF. Que la deformación ya no es un accidente, sino un estado permanente. La pregunta, entonces, es inevitable: si todavía queda alguien dispuesto a romper ese espejo… o si, por el contrario, hemos terminado aceptando que esta versión distorsionada del club es, simplemente, lo que somos ahora.

©Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta noticia sin autorización expresa de la dirección de ahoraGranada
Columnista
José David Collina

Abonado del Granada CF y creador de contenido en Puerta Nueve

Desarrollado por Neobrand
https://ahgr.es/?p=314035