domingo 11 abril
Opinión  |   |

El dilema del prisionero

El Dilema del Prisionero de William Poundstone vuelve a estar de plena actualidad en estos tiempos de confinamiento. Ante una situación compleja de la que hay que intentar salir de la manera más beneficiosa, lo podemos hacer conjuntamente entre quienes formamos parte del problema, con actitud propositiva, o se puede optar por engañar con el único fin de buscar el éxito propio a costa de la confrontación y el uso de malas artes.

Fiarse de un mentiroso no es honestidad, y sí una estupidez. Para explicar esta idea voy a utilizar el símil de una carrera ciclista en la que, en una de sus etapas, cuatro corredores se escapan del pelotón. Estos cuatro ciclistas se pueden relevar hasta la meta para alternar el esfuerzo que genera la resistencia del aire, o bien uno de ellos podría ir a rebufo aprovechando la energía del primero con el fin de que, en el último kilómetro, adelante de manera violenta, gane la carrera y capte la atención de los medios y el protagonismo más indigno, nada merecido.

Es evidente que solo cabe la opción, honesta y leal, de unir esfuerzos en un único objetivo común: salir de la crisis sanitaria, económica y social de la mejor manera posible. De lo contrario, es más que comprensible el lógico malestar de una sociedad que esperando soluciones, al mismo tiempo, esté observando algunas actitudes vergonzantes e inmorales que no están a la altura de esta situación; y no solo hablo de determinados personajes de la esfera política. Es por este motivo por el que, en este momento, nadie se fía de quienes meten palos entre las ruedas, airean bulos o utilizan al COVID19 como medio para confrontar y pescar en río revuelto. Esta situación provoca, injustamente, que se tienda a la generalización. No todas ni todos son iguales. Ni mucho menos la clase política es indigna e inmoral. No olvidemos que, en según que sectores, deslegitimar a la clase política forma parte de una estrategia para desmovilizar y provocar un abstencionismo para que salgan beneficiados los mismos.

Por otro lado, quienes se atreven a subestimar la inteligencia de la ciudadanía están cometiendo un grave error. Una importante masa social sí que está prestando atención a la política y está pendiente de los argumentos y formas de proceder de unos y otros, bien para reforzar sus creencias e ideas, o bien para cuestionarlas. Se apartan del ruido, de la manipulación y de las versiones y visiones polarizadas para crear una opinión propia, razonada y abierta para ser debatida. Es cierto que quedan más expuestos aquellos quienes el desafecto les hace estar aparentemente al margen del análisis de la realidad y, por tanto, verse más influidos por el ruido de la distorsión. Es aquí donde apelo a una mayor implicación para estar observadores y no dejarse influenciar por las formas y sí, entrar en el fondo de la cuestión.

Sí estoy convencido de que el denominador común en el sentir de la ciudadanía en general, y de quienes se dedican a la política en particular con auténtica vocación de servicio público, está en que ni unos ni otros queremos a trileros que tiren de su “trucoteca” para confundirnos con sus farsas. En la situación de crisis actual, queremos un plan en el que exista un compromiso positivo de clase (Erik Olin), en el que todas y todos podamos mejorar cooperando activamente y de manera mutua reforzando el Estado del bienestar. Esto exige, no solo eliminar de la ecuación al capitalismo más voraz, sino también a quienes solo aportan recelos y suspicacias que evidencian que la defensa de lo común no forma parte de su hoja de ruta.

En momentos como los actuales, buscamos seguridad y confianza para convertir en certezas todas nuestras incertidumbres, despreciando cualquier atisbo que apunte a desviar la atención. Reconozco con facilidad a quienes están y estamos en ello. También le pongo cara y nombre a los que no lo están, y no me refiero solo a quienes se dedican a la política. Como diría un buen amigo, soy moderadamente optimista, y creo que escogeremos la mejor de las opciones planteadas en el dilema del prisionero: de este virus saldremos juntas y juntos.

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Columnista
Jacobo Calvo

Secretario de Organización del PSOE de Granada capital y docente

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