miércoles 14 abril
Opinión  |   |

El hombre complaciente

La muletilla institucional para eludir la responsabilidad de la muerte de una mujer a manos de su asesino es: ”no consta que hubiera puesto denuncia”. Los amigos y la familia “tampoco sospecharon” nada aún cuando la mujer ha sido aislada por el maltratador. No digamos ya respecto de las llamadas “manadas”, decadente. Esos hombres violentos, ni están locos ni tienen una lesión en el lóbulo frontal, es que son delincuentes, criminales y, como tales, hay que tratarlos, privarlos del derecho de visitas, de la patria potestad y la custodia de l@s hij@s o, ¿es que un maltratador puede ser un buen padre?, cuando este no tiene reparo en atizar, en cualquiera de las formas conocidas a la madre delante de l@s niñ@s.

Es siempre la misma historia, la misma cantinela, pero la realidad no es otra que, en mi opinión, el verdadero problema reside en el hombre complaciente que es quien controla y gobierna, el que determina un sistema legal muy nutrido de protección pero que deja y abandona a la mujer a su suerte y lo hace en todos los campos conocidos. Es ahí donde empieza a germinar la discriminación como forma de relación con la mujer a la vez que se muestran ineficaces las medidas preventivas idóneas para acabar con la violencia machista pues no se destinan los medios y recursos necesarios. Para qué queremos un Pacto de Estado contra la violencia de género si no lo acompaña una suficiente partida presupuestaria. Es papel mojado.

Que se sepa, la cultura de género no es materia educativa y debería serlo, la escuela, el instituto y la universidad son buenos antídotos, la ausencia de cultura de respeto entre géneros permite la consolidación de una relación discriminatoria que se va desarrollando en todas las fases de la vida. Pongamos un ejemplo: está asumido por los gobiernos de turno como un hecho fuera de su competencia que la mujer obtenga un salario distinto al del hombre aún haciendo la misma función y responsabilidad.

El sistema productivo que gobierna el hombre complaciente parte de la premisa que la mujer no está formada suficientemente para recibir el mismo salario por el mismo trabajo. A la mujer, llegado el momento, se le considera una carga por el hecho de que quiera ser madre. Se puede afirmar, sin riesgo a error, que en España las empresas privadas y públicas, incluida la administración publica, no tienen cultura de género, lo que trae como resultado la discriminación de género.

Es ese tipo de hombre complaciente, protector y paternalista el que hace las normas formales de igualdad, es el que gobierna, el que manda y el que copa todas las escalas del poder impidiendo de hecho que la mujer acceda a los puestos de dirección empresarial, de poder real político y judicial, poderes que no quiere compartir con criterios de igualdad material. Es este el verdadero problema y el que, por tanto, hay que solucionar, ya no basta con el empoderamiento de la mujer, que en mi opinión ya hace mucho tiempo que se ha dado, de hecho la vida diaria funciona gracias a la mujer, su buen talante, su perspectiva de ver más allá del día siguiente y su coraje y valentía en los momentos claves son hechos irrebatibles, irrefutables del empoderamiento de la mujer.

La cuestión ahora, según entiendo yo, es que ahora la mujer quiere y exige participar en condiciones de igualdad material en la vida social, laboral, empresarial, judicial y política. De eso se ha dado cuenta el hombre complaciente y por eso su rearme en cuanto que la precariedad debe ser más precaria para la mujer, haciéndola más dependiente.

Por tanto, hay que vencer democráticamente al hombre complaciente y en esa tarea principal debe implicarse el hombre de verdad, el que respeta, el que ama, el que cuida su vocabulario, el que educa a sus hij@s junto con su compañera, el que deja aparcados los huevos para discutir, el que dialoga, el que se implica en el día a día. El hombre de verdad debe participar en la derrota democrática del hombre complaciente. Dura tarea, incluye compartir derechos y obligaciones.

Salvador Soler García
Colaborador Ahora Sí

 

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