jueves 21 noviembre
Opinión  |   |

Elecciones ¡otra vez!

Faltan dos días para volver a votar. Y van cuatro en cuatro años. Se ha insistido mucho en un previsible cansancio del electorado y en la probable consecuencia de aumento de la abstención. Aunque parece que los sondeos no vaticinan una subida por encima de la media histórica. Ya veremos lo que pasa pero me da la impresión de que en estas semanas se ha venido produciendo una reactivación del interés por votar y que el malestar y el hastío por la repetición electoral ha podido ir virando hacia una mayor preocupación y motivación por parte del electorado. Entiendo que esta combinación puede añadir más incertidumbre a unos resultados ya de por sí difícilmente pronosticables en una situación de alta volatilidad y fraccionamiento del voto.

Está siendo una campaña un poco rara. Sólo una semana frente a la quincena habitual. Poquísima propaganda en las calles pero mucha presencia en los medios de comunicación. Desde luego es de agradecer que así sea. No sólo porque la imagen de excesivo gasto podría calentar aún más los ánimos de un electorado bastante indignado sino porque demuestra que en estos tiempos las campañas electorales podrían y deberían hacerse únicamente a través de los medios de comunicación. Con menos propaganda, promesas increíbles y marketing y más debates, entrevistas y explicación de programas.

Uno de los hitos centrales de esta campaña electoral lo constituyó sin duda el debate del pasado lunes en televisión. Es cierto que el formato no es el más adecuado para conocer los programas e intenciones de los candidatos pero eso no impidió sacar algunas conclusiones.

Se pudo observar con toda nitidez el evidente giro a la derecha de Sánchez (PSOE). Ya no es Unidas Podemos su socio preferencial y pide, casi suplica, el voto o la abstención de la derecha que facilite su investidura, dando ya por hecho que será ganador. Sus propuestas de gobierno son más genéricas, menos comprometidas e incluso algunas a largo plazo, en diferido. Sus guiños a la ministra Calviño, plenamente inclinada hacia las políticas de austeridad y apoyada explícitamente por Ana Botín, presidenta del Banco de Santander, o a Amancio Ortega son toda una declaración de intenciones.

Las tres derechas se mostraron claramente abonadas al tema catalán, compitiendo entre ellas por ver quién propone la medida más dura, desde la Ley de Seguridad Nacional, a la aplicación permanente del artículo 155 de la Constitución o hasta el encarcelamiento masivo de líderes políticos. Llegando en algún caso a proponer la ilegalización de partidos o la disolución de la autonomía. Obviando la propia Constitución, las leyes, la separación de poderes, la doctrina del Tribunal Constitucional y el más mínimo sentido común. Por cierto en esta subasta, aunque tímidamente, también ha entrado Pedro Sánchez.

Y por supuesto, no podía faltar la subasta de bajadas de impuestos. Prometiendo, sin mencionarla, las maravillas de la manoseada Curva de Laffer, bajar los impuestos para recaudar más. Lo más parecido al milagro de la multiplicación de los panes y los peces en versión moderna. Está demostrado que esta teoría es falsa, una auténtica falacia, que no se ha materializado en ninguna parte. Que cuando se bajan los impuestos hay menos ingresos y el resultado es mayor déficit o deterioro y pérdida de inversiones y/o servicios públicos. La más cercana prueba de esto la dio el propio Rajoy en 2012 que pasó de prometer una bajada de impuestos a subirlos de forma sustancial. Si bajando los impuestos se recauda más ¿por qué no cumplió su promesa electoral?.

En sus programas electorales los tres partidos de la derecha incluyen la supresión del impuesto de Sucesiones, la reducción del impuesto de sociedades y bajar la tributación máxima del IRPF al 40, 44 o 30%, según cada partido. No hay que ser especialista para comprobar a simple vista que estas propuestas favorecen sólo a las élites económicas.
España tiene globalmente una presión fiscal de las más bajas de Europa, 39% frente al 46% (media europea). Por tanto, el problema no es que aquí se paguen muchos impuestos sino que están muy mal distribuidos y los pagan básicamente siempre los mismos.

Por supuesto llamaron mi atención los exabruptos, demagogias y mentiras de Abascal (VOX), envueltos en palabras intencionadamente más moderadas. Pero lo peor es que nadie, salvo Pablo Iglesias (Unidas Podemos), fuese capaz de poner las cosas en su sitio. Espero que la mayoría de votantes, por muy cabreados o molestos que estén, sepan detectar lo que significaría que un partido así fuese más aún relevante en España.
Nos jugamos mucho en estas elecciones. Aunque quizás lo más importante esté siendo ocultado por otros debates, cargados de emotividad pero que no representan los problemas más urgentes y cotidianos de los españoles. Votemos para construir un país de todos y con todos.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Miembro del Consejo Ciudadano Municipal de Podemos Granada

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