viernes 23 abril
Opinión  |   |

Érase una vez un quiero, pero soy incapaz

Érase una vez un país donde, en los últimos 8 meses de gobierno, se había intentado gobernar a base de ningún consenso y de muchos decretos. En este país en cuestión, el Presidente, con una minoría de diputados incapaces de poder gestionar adecuadamente y siempre dependiente de los designios e imposiciones de sus variopintos socios de gobierno, ha ido creando discrepancias y crispaciones de manera continua y permanente, con una situación en común: nunca ha llovido a gusto de todos.

La última andanza del “caballero errante” ha sido la de presentar unos presupuestos que particularmente me permito adicionarle la apostilla de “fake”. Presupuestos que según la Unión Europea y el Banco de España no eran reales, ya que la relación entre los ingresos y los costes no era equilibrada, con un desfase de más de 10.000 millones de euros.

Estos presupuestos incluían aumento de impuestos de carácter social para todos los habitantes, independientemente del estatus en que se enclave cada uno (clase alta, media o baja). Recordemos, por ejemplo, la subida prevista del IRPF o el nuevo impuesto al combustible de origen fósil. Presupuestos sociales los llamaban; sociales para algunas comunidades autónomas específicas que se beneficiaban de un aumento de sus competencias y aumentaban en gran medida la financiación que se les iba a conceder una vez aprobados; estos mal llamados por quien los presentaban “los mejores presupuestos de la democracia”. Presupuestos “podemizados” que, unidos a una desaceleración de la economía, producirían una rebaja en las previsiones de crecimiento, castigando severamente a los autónomos y las pymes, base fundamental de la economía de cualquier país desarrollado.

Estos presupuestos, como bien sabemos, no han sido aprobados, ni siquiera han sido apoyados por una parte de los grupos del arco parlamentario que en su día dieron su voto para promover un cambio de gobierno, de presidente y de rumbo. Rumbo o, más bien, Sin Rumbo, que es lo que hemos venido viviendo durante los últimos meses.

Esta ineficaz gestión del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), a los que algunos mentideros políticos les quitan las últimas tres siglas (¿Socialista?, ¿Obrero? ¿Español?) se ha trasladado a la muy noble, muy leal, nombrada, grande, celebérrima y heroica Ciudad de Granada.

Centrándonos en la política municipal y en la más que cuestionable gestión del equipo de gobierno socialista, más centrado en acaparar las portadas de los periódicos y de conseguir un “book” de fotos y apariciones públicas para la posteridad que en gestionar el consistorio de una manera correcta, adecuada, igualitaria, sensata y profesional.

Partamos de la premisa de que el equipo de gobierno socialista ha prorrogado los presupuestos estos últimos dos años y que, en su último esperpento de gestión, ha presentado unos presupuestos sin que previamente se hayan presentado y aprobado los ingresos en forma de Ordenanzas Fiscales. Proponen lo que se va a gastar sin saber lo que se va a ingresar.

En base a esta información preliminar, nos planteamos lo siguiente: este equipo actual de gobierno socialista (más visual que gestor) y con una capacidad política más que discutible ha sido incapaz de mejorar la calidad de vida de los granadinos en aspectos tan importantes como los sociales, económicos y ambientales. La razón es que no ha tenido la capacidad de presentar unos presupuestos (ingresos + gastos) adaptados a la actualidad de las necesidades de los granadinos.

Este equipo de gobierno socialista, que desde el inicio ha pensado más en sus propios intereses partidistas que en el bien común, ya está en modo campaña, tanto a nivel interno como externo. No hay más que ver las últimas noticias sobre salidas de concejales de sus próximas listas electorales y posibles recambios.

En estos momentos están más centrados en analizar las encuestas electorales municipales y en desarrollar estrategias que intenten a duras penas reducir al mínimo su pérdida de votos que en ocuparse del desarrollo de muchos de los proyectos que generarían en Granada valor y empleo de calidad, consiguiendo así un desarrollo sostenible e inclusivo.

Proyectos tales como la Capitalidad Cultural Europea para 2031, una gestión más cercana de la Alhambra y Sierra Nevada, un nuevo Plan de Movilidad de transporte público y privado, el galardón Ciudad Verde Europea, la reestructuración de las Juntas Municipales de Distrito y unos Presupuestos Participativos, la actualización del Pacto Local de Conciliación, el Plan de Desarrollo Turístico y mejora de las comunicaciones y la logística, una administración electrónica integral, un plan de apoyo y acompañamiento a emprendedores, autónomos y pymes, un plan estratégico y viable para las personas sin hogar, una gestión productiva, plural y sostenida de la televisión pública municipal…

Estos y otros muchos proyectos son los verdaderos cimientos sobre los que hay que trabajar para afianzar el futuro a corto, medio y largo plazo de Granada y de los granadinos.

En conclusión, es un quiero, pero…

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Columnista
José Antonio Huertas

Coordinador Cs Granada

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