domingo 11 abril
Opinión  |   |

¡¡Foh!!

Foh, palabra muy granaína, es como un lamento de apatía y sentimiento negativo. Ejemplo: “¡Foh!, otra veh armónigas pa cenar” (en un artículo de Ideal). Pero esta vez, las “armónigas” es una sentencia de un Tribunal, la de “la manada”, esa fuerza contingente de “hombres” unidos y organizados para atacar a una mujer, previa selección de la presa, seguimiento y aprovechamiento del lugar para acometerla.

La composición de esa pandilla de salvajes, es que uno es militar (Cabezuelo), otro es guardia civil (Guerrero) y los tres restantes (Prenda, Escudero y Boza), con antecedentes penales. Se entiende hasta por la mente más simple que al menos el militar y el guardia civil tendrían que haber actuado si en su presencia un grupo de animales racionales ebrios rodean a una mujer para lo que sea, más en un lugar en el que está asegurada la alevosía y la impunidad. Esos funcionarios públicos, aún fuera de servicio, tienen asignada aquella función preventiva, de impedir situaciones delictivas, pero no, no solo es que organizan la acometida, es que participan activamente del hecho delictivo, por tanto, la culpa y el dolo aumentan por la condición que tienen aún estando hartos de copas pues, para eso el Derecho Penal tiene construida la “actio liberae in causa”, es decir, que se puede imputar a quien comete un acto tipificado como delito sin que sea atenuante o eximente estar bajo los efectos del alcohol o las drogas, situación en la que se coloca un individuo para luego cometer una infracción, sea la que sea.

Leyendo, aún superficialmente la sentencia, quedan probadas que: “las prácticas sexuales se realizaron sin la aquiescencia de la denunciante, que se vio sometida”, que: “las relaciones se tuvieron en un contexto subjetivo y objetivo de superioridad, configurado voluntariamente por los procesados, del que se prevalieron”. “Es inocultable que la denunciante se encontró de pronto en un lugar angosto y recóndito, rodeada por cinco varones de edades muy superiores y fuerte complexión que la dejaron impresionada y sin capacidad de reacción”. Y, añade la resolución que los “vídeos (sesgados) muestran a la denunciante acorralada y agazapada contra la pared por dos de los procesados y gritando”. “La denunciante muestra un rictus ausente, mantiene todo el tiempo los ojos cerrados, no realiza ningún gesto ni toma iniciativa respecto de los actos sexuales ni interacciona con los procesados; apreciamos que los soporta en un estado que nos sugiere ausencia y embotamiento de sus facultades superiores”, sin embargo, los animales racionales condenados “muestran bien a las claras actitudes de ostentación y alarde con relación a la situación, que subrayan mediante sonrisas”. “El vídeo muestra de modo palmario que la denunciante está sometida a la voluntad de los procesados, quienes la utilizan como mero objeto para satisfacer sus instintos sexuales”, rubrica en corolario la resolución judicial, que reconoce sin lugar a dudas que la mujer, la victima no denunció “por despecho” cuya versión la consideran “creíble y corroborada con todos los datos objetivos”.

Si una persona entra en una tienda, abre un cajón y se lleva el contenido, la jurisprudencia considera que el robo es con violencia, aún cuando no haya habido ningún destrozo, ni amenaza, sin embargo, que cinco salvajes borrachos rodeen a una mujer, la cerquen, la “inviten” a entrar en un portal, la reduzcan y la penetren varias veces es un acto que puede ser interpretado, incluso, no de violación, no de agresión sexual y sí compatible con el jolgorio y gana de sexo de los participantes, sobre todo porque la victima no se resistió. Al entender de esa forma de ver las cosas la cuestión se reduce a que los hechos solo son constitutivos de un delito de hurto (se llevaron el móvil).

Las personas no entendemos esa forma de impartir justicia, se puede estar de acuerdo o no con una sentencia, pero en todo caso, debe quedar el convencimiento de que se ha hecho justicia, eso genera confianza, en este caso no ha sido así. Seamos, no obstante, optimistas, queda el derecho al recurso y espero, estoy convencido, que se hará justicia, si bien, de momento la conclusión no puede ser otra más que: ¡Foh!.

Salvador Soler García
Colaborador Ahora Sí

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