Granada 2031: la capitalidad de la hipocresía

Vivimos tiempos donde el marketing y la propaganda institucional intentan vendernos espejismos como realidades tangibles. La reciente declaración institucional de apoyo a la candidatura de Granada como Capital Europea de la Cultura 2031 es un ejemplo perfecto de este ejercicio de manipulación y cinismo político. Lejos de ser un proyecto ilusionante y participativo, se presenta como una operación de imagen orquestada por el Partido Popular, con la cómplice y bochornosa complicidad del PSOE, que busca maquillar la cruda realidad de una ciudad cada vez más hostil para sus habitantes.
Es un proyecto estético, sin alma ni apoyo real. Se nos habla de una "ciudad multicultural" y de un proyecto "abierto y plural", pero la realidad que denuncian los colectivos sociales y vecinales de Granada es muy otra. Como han advertido plataformas ciudadanas como la que agrupa a La Calle Mata, Stop Desahucios o la CNT, esta candidatura es un mero escaparate que ignora los problemas estructurales que asfixian a la ciudad . ¿De qué cultura y convivencia hablamos si nuestros barrios históricos como el Albaicín, el Sacromonte o el Realejo se están convirtiendo en parques temáticos para turistas, expulsando al vecindario de sus hogares por la imparable gentrificación y la turistificación?
La propia alcaldesa, Marifrán Carazo, presume de los más de 70 colectivos adheridos, pero, la verdadera cuestión no es la cantidad de apoyos, sino a qué precio y para qué y a quién sirven. La candidatura ha recibido críticas objetivas, como las de Albaicín Habitable, por ser una iniciativa "estética", sin un proyecto cultural sólido detrás y carente de un apoyo real del tejido cultural local, que ve cómo el presupuesto municipal para cultura apenas supera el 1,5% del total, una cifra miserable para una ciudad con la aspiración de ser un referente cultural europeo.
La declaración institucional busca presentar un frente unido, pero esa supuesta unidad es la mayor de las hipocresías. El PSOE de Granada, lejos de ejercer una oposición crítica, se ha convertido en el socio tácito de este despropósito, avalando un proyecto que, como han señalado desde sus propias filas, es una mera "candidatura estética" que no profundiza en las debilidades del sector cultural ni en la falta de financiación. Al firmar esta declaración, la dirección del PSOE se cubre de encogimiento y demuestra que su compromiso no es con la ciudadanía, sino con la foto oficial y el relato único que beneficia a la marca "Granada". La "neutralidad" que se pide a otras ciudades en esta competición ha sido constreñida, mientras aquí, el PSOE aplaude el uso partidista de instituciones nacionales para favorecer la candidatura, demostrando que ese mecanismo es solo un maquillaje para los intereses bipartidistas .
Los problemas reales de Granada no se solucionan con eslóganes bonitos como "Granada, tierra que inspira". La propia Unión Europea ha advertido a la candidatura sobre los riesgos de la presión turística y la necesidad de presentar estrategias para evitarlos. Sin embargo, el bipartidismo mira hacia otro lado. Se necesitan políticas valientes, no declaraciones institucionales vacías. Urge prohibir el crecimiento de apartamentos turísticos, implantar una tasa turística y declarar zonas tensionadas para controlar los alquileres. Mientras la alcaldesa se gasta recursos en fotocalls y en un "punto ciudadano" para recoger adhesiones, más de 12.000 viviendas permanecen vacías y miles de familias no pueden encontrar un hogar digno. Eso no es cultura, es especulación y abandono.
Apoyar esta candidatura en los términos actuales no es apostar por la cultura, es apostar por un modelo de ciudad insostenible que profundizará la precariedad laboral y la desigualdad. El legado de Granada 2031 será el de una ciudad más cara, más exclusiva y más vacía de sus habitantes. Ser meros comparsas de una estrategia de marketing es una deslealtad a la ciudad, cuando lo que hay que hacer es ponerse de lado de los vecinos y las vecinas, los y las artistas y los trabajadores y las trabajadoras. Si Granada quiere ser realmente una capital cultural, debe empezar por garantizar el derecho a la vivienda y a una vida digna para todos los que la hacen única. Esto no es un sueño compartido; es una pesadilla para la mayoría, orquestada para el beneficio de unos pocos.







