lunes 12 abril
Opinión  |   |

Granada de despedida

En estos días se han publicado diferentes noticias relativas a la forma en que la policía local de Granada va a actuar con un mayor celo, a la hora de actuar ante la auténtica marea que suponen los numerosos grupos que nos visitan para celebrar sus despedidas de soltero o de soltera (en este tema se avanzado muchísimo en materia de igualdad de género).

La cuestión viene propiciada por el incremento exponencial con el que nuestra ciudad ha presenciado como aumentaban el número de jóvenes que con este motivo visitaba la ciudad.

En principio, la cuestión debería de ser nada negativa, pues más visitas, supone, mayor crecimiento hostelero y de imagen. El problema se deriva del tipo de turismo que supone este “sector” de las despedidas en concreto.

Demasiado ruido (literalmente), y bastantes pocas nueces (al menos eso dicen los que se dedican a esto de la hostelería).

Generalizando mucho en la cuestión, raro es el viernes o el sábado que uno trata de pasear por el centro de Granada, y no se cruza con una comitiva de supermanes, espidermanes en el caso de ellos o de minies o alguna otra suerte de personaje Disney parodiado, cuando no se trata de algún otro tipo de personaje extraño difícilmente definible.

No quiero entrar en el buen o el mal gusto, ni en el grado en que cada uno mide su sentido del ridículo, pues todo eso son cuestiones muy personales.

Aunque si cabría hacerse una pregunta, ¿en caso de estar en sus respectivas ciudades, estos visitantes, se vestirían de esta manera tan peculiar?

Posiblemente esta sea una de las claves, el anonimato. La discreción que supone el estar en una ciudad en la que no te conoce nadie y por tanto, hagas los que hagas, salvo escándalo mayúsculo, jamás podrá reprochártelo nadie.

Todos hemos visto las imágenes de los turistas británicos en Magaluf, y los escándalos que originan.

No se trata de comparar situaciones, afortunadamente lo de las despedidas de soltero en Granada aún no ha llegado a este punto. Pero quizás si que sea el momento de poner cierto control.

¿Y cómo se ha llegado a esto? ¿ y cómo evitar que lleguemos a ser un nuevo Megaluf? ¿es el “low cost” el culpable?

Vivimos un momento en que para vender un producto, hay que ser muy barato. Pero tirar los precios, hace que en parte, también se tire tu imagen, y se asocie, precios bajos, a calidad escasa y al todo vale.

Pienso que en cuanto a la imagen de la ciudad y a su turismo, no todo puede valer. Con lo que cualquier medida que vaya dirigida a controlar esta situación me parece adecuada.

Pero esta reflexión no va solo dirigida al aspecto económico del asunto. Quién haya tenido la oportunidad de vivir la experiencia de sentarse o estar unos minutos cerca de uno de estos grupos, habrá podido comprobar cómo se verbaliza una violencia sexual bastante pronunciada. Sean chicos o chicas, pues como decía al principio, en este asunto se ha avanzado mucho en materia de igualdad de género. Y el anonimato de estar en un lugar donde eres un desconocido, como se ha dicho,  contribuye a dejar soltar todo tipo de aseveraciones aderezadas cierta violencia sexual con bastante naturalidad.

Desde luego que el derecho a divertirse y a disfrutar de nuestra ciudad es algo universal y que debería estar alcance de todos, pero no a cualquier precio, y menos aún, cuando se trata de visitantes que ni pagan impuestos en Granada y que como digo, según los hosteleros, apenas aportan nada a nuestra economía.

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