Granada: de la compra ruinosa de 'El Cubo' a la destrucción del Tico Medina

La Junta de Andalucía compró "El Cubo" a La Caixa por un precio muy superior a su valor real, sin tan siquiera inspeccionar la superficie. El resultado no podía ser otro: el edificio, presentado como solución para albergar la Ciudad de la Justicia, solo tiene unos 10.000 metros útiles, insuficientes para acoger los juzgados granadinos. Ante este costosísimo error, a la Administración autonómica no se le ha ocurrido otra idea que arrasar el parque Tico Medina, uno de los últimos pulmones verdes de Granada, para construir allí una macro edificación judicial.
Este despropósito urbanístico cuenta con la complicidad de la alcaldesa de Granada, que está demostrando una alarmante animadversión hacia la participación ciudadana y un desconocimiento de la ciudad a la que gobierna. Su modelo de ciudad parece reducirse a un centro de negocios para empresas amigas, que extraen nuestros recursos públicos y se llevan las plusvalías fuera de Granada y de Andalucía.
Mientras, los vecinos y las vecinas del barrio Parque Lagos-Tico Medina ven cómo su calidad de vida se desploma. La implantación de un complejo judicial de 36.000 metros cuadrados en su entorno supondrá la llegada diaria de entre 15.000 y 20.000 personas, colapsando una zona ya saturada por más de 100.000 vehículos diarios y que registra 68 accidentes de tráfico anuales. Ni movilidad, ni impacto ambiental, ni estudios acústicos, se opta por la ceguera técnica a la evidencia. El Ayuntamiento ni siquiera se ha molestado en estudiar el impacto en la movilidad o en el medio ambiente. Tampoco ha considerado alternativas viables, como, por ejemplo, en el Parque Tecnológico, mejor comunicado y sin afectar a espacios verdes.
Lo que estamos presenciando es el perfecto ejemplo de una mala y negligente planificación: primero, un despilfarro en la compra de un edificio inservible; después, la destrucción de un parque esencial para paliar el error inicial. Todo ello, saltándose la legalidad urbanística, pues la parcela tiene protección como zona verde y equipamiento cultural en el PGOU.
La operación es tan ilegal como impopular. El procedimiento se ha tramitado con una opacidad absoluta, sin garantizar la participación vecinal. La alcaldesa debería explicar por qué permite que se utilice el patrimonio municipal para tapar compromisos de la Junta de Andalucía, perjudicando gravemente a la ciudadanía granadina.
Frente a este atropello, solo cabe la paralización inmediata del procedimiento, la preservación del Parque Tico Medina como espacio verde y un debate transparente sobre el futuro de la justicia en Granada, que no sacrifique nuestro patrimonio cultural, ambiental. Va contra la razón sacrificar el modo de vida de la ciudad y sus barrios en el altar de la incompetencia administrativa y los intereses espurios. Es más, es de sobra conocida la doctrina jurisprudencial del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que, viene reiterando que no puede utilizarse la mutación demanial para modificar encubiertamente el planeamiento urbanístico. Repetidas resoluciones judiciales anulan actuaciones que, como esta, pretenden alterar usos del suelo sin seguir el procedimiento legal establecido.
El parque Tico Medina no es negociable: es un derecho ciudadano, un legado para las futuras generaciones y la prueba definitiva de si nuestras instituciones están al servicio del bien común o de intereses ajenos a la ciudad. Granada merece un desarrollo urbanístico sostenible, legal y participativo, no este nuevo pelotazo que hipoteca nuestro futuro.
Esta operación huele a pelotazo urbanístico reciclado: primero despilfarro en la compra de un edificio inservible, después destrucción de patrimonio público para tapar el agujero. Todo con la complicidad municipal y el silencio de quienes deberían defender los intereses de la ciudadanía.
Y mientras tanto, la alcaldesa sigue empeñada en su discurso hueco de 'Granada se mueve', repitiendo eslóganes vacíos sobre innovación y progreso, al tiempo que la ciudad se ahoga entre su incompetencia técnica y su absoluto desconocimiento de lo que realmente necesita la ciudad. Este conflicto trasciende el parque Tico Medina, evidencia un modelo de ciudad equivocado: el que prioriza el hormigón, el pelotazo, sobre la planificación, la sumisión a intereses externos sobre las necesidades vecinales. Un modelo que mide el desarrollo en metros cuadrados construidos y no en calidad de vida.







