viernes 20 septiembre
Opinión  |   |

Hablemos de multiculturalidad

Se ha hablado y escrito mucho sobre el proceso que se está viviendo en Catalunya, y no dedicaría un artículo en escribir sobre el tema sino pensara que se están cometiendo graves errores de análisis desde todos los sectores. La pretensión es intentar aportar, en pocas líneas, un punto de vista distinto.

En primer lugar debemos señalar de forma muy sucinta que las identidades nacionales son una construcción y que el nacionalismo está imbricado con la modernidad. Es decir, como señala el profesor Llobera, existió en la edad media un “protonacionalismo”, germen de la concepción moderna de nacionalismo, sin embargo aún muy alejada de la forma en que se entienden hoy las identidades nacionales. De hecho, desde 1789 hasta como mínimo 1848, el nacionalismo no es un fenómeno de amplio recorrido en Europa.  Esto tiene una implicación para el tema que nos ocupa, España no es una nación desde 1492, eso es una idea esencialista construida principalmente en la época franquista que no tiene ningún rigor histórico, el fenómeno nacional es un acontecimiento muy posterior.

Podemos diferenciar dos grandes paradigmas en cuanto al nacionalismo. En primer lugar, el que podemos denominar como nacionalismo republicano. Esta concepción nacional es heredera de la revolución francesa de 1789. Sus bases principales se asientan sobre la nación entendida como comunidad política, una sociedad sin privilegios, y sobre todo y el aspecto donde debemos poner más el acento, en la idea de voluntad. Hablamos de esa especie de “contrato social” que todos acordamos para vivir en una comunidad política sobre unos valores asentados en el presente y que mira al futuro. De Renan, aunque no es exactamente representante de esta tradición, si que nos interesa destacar su famosa frase donde decía que la nación es un plebiscito diario,  una idea puramente republicana que ilustra muy bien esta tradición.

En segundo lugar, destacamos el nacionalismo de corte romántico, que nació en el siglo XIX principalmente en Alemania. Este nacionalismo es el que encontramos en toda la literatura romántica y mitológica de ese siglo y que tiene una profunda continuidad. Este paradigma tiene su pilar maestro en la lengua, este hecho es lo que se certifica que estamos ante una comunidad y se basa principalmente en el pasado, en “lo que fuimos”. Existe todo una “arca telúrica”, de tradiciones, mitos, fronteras, que existen en el presente porque existieron en el pasado. Es lo que se conoce como el volksgeist –espíritu del pueblo—que son unos rasgos comunes de una nación que permanecen inmutables a lo largo de la historia.

Hoy día cada identidad nacional tiene rasgos de los dos paradigmas, predominando uno u otro dependiendo de la identidad y del momento histórico. Es un error decir que en nombre del nacionalismo se han cometido grandes crímenes contra la humanidad, en realidad algunas interpretaciones de este nacionalismo romántico han justificado grandes crímenes contra la humanidad, el matiz es importante.

Actualmente nos encontramos con sociedades complejas, desde un punto de vista identitario. Prácticamente no existe ningún Estado en el planeta homogéneo étnica y/o culturalmente. Suelen ponerse como ejemplos Portugal e Islandia e incluso se podría polemizar sobre esta idea. Las posteriores teorías multiculturales e interculturales, nos señalan que la diversidad cultural y étnica tiene un valor en sí mismo y que las políticas de asimilación de las minorías a la cultura mayoritaria han resultado desastrosas en todos los sentidos. La moderna concepción de identidad nacional nos diría que una nación debe tener una lengua común, una cultura propia, que en alguna ocasión haya tenido autogobierno y que tenga una voluntad de tener algún tipo de comunidad política autónoma. Es extraño que el final de esta frase pueda resultar polémico pero es una rotunda obviedad decir que Catalunya es una nación.

La Constitución de 1978, personalmente creo que de forma intencionada, mezcla dos principios: el principio de soberanía con el principio de unidad territorial. La soberanía no reside de ninguna forma en la unidad de un territorio esto supone un atentado a la inteligencia.

Como hemos señalado anteriormente, y en contra de los postulados románticos más ortodoxos, debemos decir que la identidad nacional es una construcción, por lo tanto es mutable, cambia, se puede modificar. Lo que se describe hoy como “nacionalismo español” es fruto de unos procesos históricos y políticos determinados, y no otros. No es casual que por ejemplo, se aíslen los valores democráticos de la II República del presente concepto de nacionalismo español. Por supuesto que los símbolos constituyentes del actual “nacionalismo español” están vinculados con la derecha pues tiene una clara herencia con la época franquista.

De hecho están muy poco asentados en la cultura popular, y es muy obvio en comparación con lo que suponen los símbolos nacionales en América Latina o incluso en otros países de Europa como Francia, donde sí que existe una fuerte tradición de nacionalismo republicano.

Hasta hace muy poco tiempo ni siquiera en las indumentarias de las seleccionas deportivas había demasiada alusión a la bandera, siempre la mezcla de colores era muy sutil y muy pocos equipos de la liga española tienen la bandera actual en sus equipaciones. Podría enumerar miles de ejemplos, pero esto son sólo algunos que certifican  lo poco asentados que están estos símbolos en la cultura popular.

España, al igual que la gran mayoría de países, es un Estado que acoge diferentes naciones y realidades territoriales, a las que debe dar una respuesta política en lugar de intentar reprimir algo innegable. No existe una confrontación de “naciones”, existe la represión y la fuerza, con una deriva prácticamente fascista, ante el mayor desafío que ha tenido en su historia el régimen del 78. Podemos decir sin duda que en nuestro Estado existen presos políticos, personas que por sus ideas, por defender el derecho a decidir, están en la cárcel. Se podrá estar de acuerdo o no en cómo se está llevando a cabo este proceso, pero sin duda desde posiciones de izquierda y mínimamente demócratas debemos  condenar de forma muy enérgica esta deriva represora y de corte fascista, que está dando alas a la extrema derecha.

Es normal como está actuando la derecha, pero incluso desde la izquierda, incluidos referentes como Julio Anguita o Alberto Garzón, están cometiendo al respecto graves errores de análisis. La posible independencia de Polonia o Irlanda, provocaron grandes debates teóricos en el seno del movimiento obrero, que pena que hoy la izquierda no sea capaz de abrir un gran debate con distintas posiciones para discutir ampliamente y progresar en este sentido.

Para finalizar decir que el nacionalismo no se impone, la identidad nacional se construye sobre la voluntad.

Toni Álvarez
Politólogo y coordinador de IU Láchar-Peñuelas

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