jueves 15 abril
Opinión  |   |

Imbroda no decide solo

El pasado 15 de abril se reunieron los consejeros de Educación de todas las Comunidades Autónomas con la ministra Celaá. Bien. Estoy convencida que esta crisis que nos azota sanitaria, económica y socialmente sólo puede ser afrontada desde la unidad, trabajando en colaboración.

Pero el consejero de Educación y Deporte de Andalucía, Javier Imbroda, no iba solo. Iba rodeado de todo aquello que había recabado de sus múltiples reuniones con todos los sectores de la comunidad educativa. A marchas forzadas y sin descanso, en los días previos había establecido encuentros tanto con representantes del profesorado como con asociaciones de familias. El objetivo era conocer el sentir de todos ellos, de los que hoy están viendo alterada su forma de vida y su responsabilidad laboral en el ámbito educativo.

Porque parto de una realidad: en cuanto al profesorado, de un día a otro ha visto cómo desaparecían las aulas, ya no podían acercarse a aquel alumnado que más lo necesita y explicarle, específicamente a él, lo que no entendía, no podía decirle al más inquieto “tranquilízate y lee otra vez que te ayudo”, no podía ponerle una nota en su libreta que dijese “muy bien, sigue así”… No podía hacer lo que siempre ha hecho, tutelarlo cerquita de él con palabras, gestos, buscando ese hilo que los une para, en esa relación directa, sacar lo mejor de él. Hoy el alumno está cada uno en su casa, lejos de ellos, los docentes, con la particular realidad de su hogar, y todo se hace más difícil. El profesorado se ha reinventado en tres días, los que pasaron entre el 12 de marzo, cerca de las nueve de la noche, cuando se anunció que las clases se suspendían, y el 16 de marzo, primer día lectivo sin clases presenciales. Muchos no usaban los medios digitales para ejercer su práctica docente. Simplemente no era imprescindible. Su labor en el aula podía ser magnífica sin necesidad de ello. Otros muchos sí eran ya expertos en el uso de las nuevas tecnologías. Y, de repente, en horas, tuvieron que conseguir contactar tanto con el alumnado como con sus familias, buscando cada uno y cada claustro la mejor forma. A partir de ahí, horas y horas al día preparando materiales, haciéndoselos llegar al alumnado y corrigiendo trabajos que les llegaban por todos los medios, porque no he visto otra cosa en ellos que entrega y adaptabilidad para esa comunicación: correos electrónicos, imágenes de Whatsapp, plataformas, páginas web… Imagínense, hay docentes que tienen más de 200 alumnos. Y no sólo eso: súmenle reuniones telemáticas de claustro, equipos educativos…

Un detalle personal, antes de ayer se me caían dos lagrimones cuando la tutora de mi hijo, un adolescente hasta las narices de no poder salir a la calle ni ver a sus amigos y estar las 24 horas de día con sus padres, recibió la llamada de su tutora que le preguntó cómo iba y qué problemas tenía… Mi hijo, al terminar la conversación, me dijo, qué buena es mi tutora, mamá, voy a hacer todo lo que me ha dicho.

¡Por todo esto, gracias! ¡Gracias por vuestra respuesta llena de humanidad!

Cuando hay ese potencial y esa sensibilidad en nuestros docentes, su opinión hay que tenerla en cuenta. Por esa razón, me parece un enorme acierto que, antes de ir a la Conferencia Sectorial de Educación, el consejero haya escuchado a todos los representantes del profesorado y, consciente del enorme esfuerzo que se está haciendo, haya defendido que ese trabajo ha de ser reconocido en el desarrollo del curso escolar. No vale el aprobado general. El profesorado está trabajando más que nunca y eso tiene que ser premiado.

¿Y las familias? Si su labor siempre ha sido importante en la educación, ahora es imprescindible. Pero las realidades son muy diferentes y no en todos los hogares, a los que la crisis ha golpeado duramente, las familias pueden ayudar a sus hijos en este periplo de formación telemática. Por muchos factores distintos, no sólo por los medios digitales de los que dispongan, que también. Son muchas más causas las que provocan que a esa formación no accedan muchos niños y niñas. Era imprescindible acudir a la Conferencia de Educación habiéndolas escuchado también.

He dejado para el final el factor de la ecuación más importante: nuestro alumnado. Siempre, siempre defenderé la atención a la diversidad como herramienta de igualdad de oportunidades en la educación. Y afirmo, sin complejos, que esta crisis ha afectado a TODO el alumnado. Porque para todos esto ha supuesto un gran golpe, un cambio drástico. Nuestros niños, nuestros jóvenes, necesitan una cierta normalidad para afrontar la situación. Y las tareas pueden ser núcleo para regular esa normalidad. El levantarse y tener esa obligación, el seguir en contacto con el grupo-clase de distintas formas, el exigirse hacer ejercicios o leer un texto o ver un vídeo que le ha enviado su profesor estimula en esta desidia de encierro, de confinamiento a muchos de ellos. Sin obviar que también a muchos el resultado de las calificaciones les importa. Pero no se puede olvidar otra realidad, aquel alumnado que hoy, en sus domicilios, no tienen acceso a instrumentos de trabajo telemático o a una impresora. O aquel otro al que, teniendo o no medios, ya costaba estimular en clase y ahora, en la soledad educativa de su hogar, no tenga el incentivo para continuar. Todo esto había que tenerlo en cuenta.

También me parece loable que el consejero Imbroda haya puesto de manifiesto en la reunión sectorial que compartía muchas cuestiones que se planteaban desde el Ministerio: el curso continuaba pero con flexibilidad. Flexibilidad a la hora de evaluar, flexibilidad a la hora de la promoción… Porque la realidad lo impone. De lo contrario, seríamos injustos.

Pero si hay algo que ha dejado claro y con lo que coincido plenamente, no como política, sino como docente. Algo que también me ha llegado de muchísimos compañeros de profesión. El esfuerzo tanto del profesorado, de las familias y del alumnado no puede caer en saco roto. Si no tenemos en cuenta el esfuerzo, el mensaje sería devastador para todos ellos. Un ejemplo: antes de ayer, cuando algunos medios se hicieron eco de que el Ministerio proponía un aprobado general, el asunto corrió como la pólvora en una red social Instagram que es usada preferentemente por los jóvenes. Otro de mis hijos, me dijo: Se acabó, mamá. No me digas más que me levante temprano. Ya no tenemos que hacer nada. Voy a jugar a la play. Además, cientos de Whatsapp de compañeros diciendo que para qué dedicaban dos tercios de su día corrigiendo y preparando material… No, me niego a eso. A dañar a los factores de la ecuación más importantes: el profesorado, familias y alumnado.

De la misma forma, me parece muy correcto que se ayude y se tenga en cuenta en la evaluación al alumnado que no pueda acceder a la formación por los motivos antes expuestos. Pero también es importante que esto sea coherente en todas las comunidades autónomas, en todos los centros y que se indiquen las mismas normas de promoción y titulación a todos los equipos docentes. Porque lo alternativo a esto es discriminatorio y excluyente. Por eso una de las peticiones de la Consejería de Educación es que se establezcan los términos de esa flexibilización para todas las comunidades desde el Ministerio. Sin duda, algo difícil, pero necesario.

En este sentido, la Consejería ha dado muestra, desde el primer día, de interés por trabajar en medidas de atención a la diversidad en Educación. Ejemplo de ello es que, recién constituida, implantó el verano pasado un Plan de Refuerzo Estival desde lo público: utilizando los centros escolares que tenían los medios necesarios para afrontar las temperaturas de julio, puso a disposición de las familias cursos de refuerzo, actividades deportivas e idiomas, contando con profesorado voluntario y remunerado para ello. Por cierto, recuerdo con vergüenza las agresiones verbales que en sede parlamentaria tuvo que soportar el Consejero de la ex portavoz de Educación del PSOE, María Márquez que, en una de sus intervenciones, hasta le dijo que fuera él a refuerzo. Hay videos en la página del Parlamento. Les sugiero que lo vean. Y, sin embargo, ahora la ministra Celaá hace suyo el plan para toda España como medida de apoyo al alumnado más vulnerable en esta crisis. Andalucía había ido por delante, por mucho que les pese a los correligionarios andaluces de la ministra.

No, a esa conferencia sectorial el consejero Imbroda no acudía solo. Avalaba su postura las conversaciones con los protagonistas de la educación andaluza. Y defendía la igualdad de oportunidades de todo el alumnado de nuestro país. Hay aún muchos retos, muchos de ellos debido a la poca atención que se le ha dado en Andalucía a la Educación de calidad durante décadas. Y la Consejería tiene aún un trabajo arduo. Pero ha demostrado que, en esta tremenda crisis, también está a la altura de la situación.

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Columnista
María del Mar Sánchez

Concejal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Granada y número 1 del partido al Parlamento de Andalucía por la provincia

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