miércoles 14 abril
Opinión  |   |

Institución y movilización

Todos me entienden perfectamente si digo que está a la orden del día el debate sobre si en las organizaciones de izquierda debe tener más peso el trabajo en las Instituciones o en la movilización. Sin embargo se trata de un debate histórico en el campo de la izquierda que no sólo ha marcado líneas profundas de separación entre unas corrientes y otras, sino que ha sido una dicotomía donde la elección entre una y otra ha marcado épocas históricas ofensivas o de repliegue.

Centrándonos en nuestro presente diremos que el 15M, con todas sus contradicciones e ineficiencias, marcó un nuevo tiempo político en nuestro país. Se trataba de un movimiento espontáneo muy laico, donde participaban mayoritariamente jóvenes, un sector poco dado a la movilización pero un sector que cuando se ha movilizado ha conllevado grandes movimientos de transformación.

Me interesa principalmente del 15M que sus consignas podrían considerarse como de “izquierda antisistema”, como por ejemplo “no nos representan” o “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”, que sin embargo contaban con un amplio apoyo popular más allá de las identificaciones políticas e ideológicas de este sector.

No es algo nuevo. Si un intelectual muy crítico con el capitalismo y las barbaridades que conlleva un crecimiento descontrolado que arrasa recursos y vidas de personas, se podría presentar como una persona “simpática” a la que habría que escuchar y tomar nota de alguna forma; sin embargo, esa misma persona se presentara como un responsable político con opciones reales de ganar, entonces se le harían insistentes y recurrentes preguntas sobre la imposibilidad y la radicalidad de cambiar a otro modelo alternativo.

Incluso hay ejemplos recientes muy clarificadores, como el caso de Alberto Garzón. Este joven economista que participó en el 15M, pasó de ser un joven preparado, crítico y en definitiva el “yerno perfecto” a ser presentado, tras llegar a buen puerto la coalición Unidos Podemos, como un comunista radical, sin haber modificado ni un ápice sus planteamientos políticos.

Dicho esto, la indignación iba creciendo y tras el 15M vivimos una oleada de movilización social, que no se deriva directamente del 15M simplemente coincide con un ambiente general de hartazgo. Se suele olvidar las marchas obreras que realizó el SAT por toda Andalucía como un punto fundamental en el repunte de la movilización. Muchas de las acciones que se realizaron por parte de este sindicato, como la expropiación de material escolar, o la expropiación de alimentos básicos en grandes superficies pusieron encima de la mesa las contradicciones del sistema y rompieron la brecha mediática.

Personas como Diego Cañamero, Pablo Iglesias o Alberto Garzón, prácticamente a diario exponían sus argumentos en los grandes medios de masas. La movilización seguía en aumento, en centros de trabajo, en las Universidades, en todos los sectores. El momento cumbre sería el 22M, las marchas de la dignidad, donde de nuevo la participación del SAT sería clave. En aquellas marchas más de 2 millones de personas tomamos Madrid.

Tras este momento cumbre en las movilizaciones se pasa a un escenario donde al entrar en diferentes procesos electorales, se prima hipotecar el futuro en la Institución en lugar de en la calle. Dicho de otro modo, la opción es esperar a unos resultados electorales que pueden ser beneficiosos para la mayoría dando un respiro a la lucha en la calle. Esto se fomenta de abajo hacia arriba pero también de arriba hacia abajo. La victoria de candidaturas unitarias en todas las grandes ciudades de España y la inmediatez de unas elecciones generales provoca que la apuesta sea la de esperar.

Una vez se ha vuelto a imponer el PP, parece que se reactiva la calle. Así lo propugnábamos muchos, siendo conscientes que el 26J iba a cerrar un ciclo, en lo electoral, donde sería necesario reactivar la movilización.

Es curioso como Granada, una ciudad que no es precisamente referente de la movilización, ha ayudado bastante para reactivar la calle. Las movilizaciones contra la fusión hospitalaria se han dado en el momento preciso y ha expandido el debate mucho más allá de estos términos, ya que han servido para impugnar los recortes en sanidad y las privatizaciones que se venían sucediendo silenciosamente desde la Junta de Andalucía. En esta clave, ahora sí, empiezan a tener nexos de conexión con la marea blanca que se produjo en el anterior proceso de movilizaciones. Dicho sea de paso, es vergonzoso el intento por parte de la derecha que querer sacar tajada de estas luchas, ya que se da una reacción contra los recortes y las privatizaciones de la Junta, pero que son idénticos a los que aplica el PP donde gobierna. No seamos idiotas, cuando se gana una conquista social en la calle siempre favorece a la izquierda y no a la derecha.

Son muchas las críticas que podemos hacer, y yo las he hecho públicamente, pero lo cierto es que estas movilizaciones en Granada se han expandido a otros puntos de Andalucía con el lema de estar en contra de los recortes en sanidad. Una manifestación celebrada el pasado fin de semana contra el aislamiento ferroviario contó con el doble de asistencia que la anterior. Esto no significa una mayor concienciación sobre el tema, significa un repunte de la movilización.

Orientación política

En la actual situación plantear que, en las Instituciones centrales, la lucha debe centrarse en el juego parlamentario y en las posibles “conquistas” que allí se puedan hacer, cuando existe una triple alianza que funciona como bloque en el poder que a la vez es capaz de dejar respiro para que uno de los partidos se presente mediáticamente como “oposición útil”, es absolutamente erróneo e inocente. Es decir, no estamos ante un gobierno débil, estamos ante un gobierno con dos socios para las cuestiones más trascendentales que escora a las fuerzas de izquierda y populares hacia la marginalidad parlamentaria aunque representen como mínimo 71 diputados y sean tercera fuerza en el Congreso.

Los contextos pueden “ayudar” a darle más impulso a la calle o a las Instituciones. Pero también, como hemos señalado al principio esta cuestión es un tema de orientación política.

Se podría decir que tanto la Institución como la calle son necesarias por lo tanto se debe encontrar el equilibrio entre ambos. Realmente no es mi posición. Es decir en una escala donde el 0 sería el trabajo institucional y el 10 la movilización, el perfecto equilibrio no sería el 5.

Los grandes cambios y rupturas democráticas siempre han partido de la lucha en la calle. Todos los derechos conquistados han sido expresión de la movilización popular. Los asientos en las Instituciones deben estar al servicio de la calle, y no como pura correa de transmisión, sino con una actitud combativa y de apoyo y llamada a la lucha, y en épocas de repunte de la movilización, se debe centrar ahí el esfuerzo. Ahora sí hablamos de orientaciones políticas.

Si pensamos ahora en el área metropolitana y en la provincia de Granada, los gobiernos de izquierda y para la gente, deben hacer una apuesta decidida por la movilización. Desde un gobierno municipal se puede incidir en la vida cotidiana de la gente, con un reparto justo en el empleo, poniendo en marcha viviendas de alquiler social, paralizando desahucios, con una política social justa y digna.... y eso no quiere decir que haya que olvidar la calle, la Institución y la movilización no son mundos separados. El gobierno municipal de Láchar ha emprendido una apuesta decidida contra la pobreza energética con medidas concretas que están ayudando a un sinfín de familias. Esta política institucional está siendo acompañada en este sentido por la movilización de la organización política que sustenta el gobierno. No como algo coyuntural se trata de una orientación para el presente y el futuro.

Ante la dura época que se avecina es el momento de apostar sin miedo por la movilización social, contra la pobreza energética, contra los abusos bancarios que aún se siguen perpetrando a diario, por la eliminación de las peonadas...

Un gobierno municipal de izquierda siempre debe estar orientado a la calle. Un gobierno de izquierda que tenga respaldo popular que esté dispuesto a movilizarse, será un gobierno fuerte que podrá defender a sus ciudadanos, de lo contrario, con un juego parlamentario cada vez más estrecho y vacío estará condenado a perder.

Tony Álvarez
Politólogo y Doctorando en Ciencias Sociales

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