Inteligencia y compromiso frente al cinismo

Se cumplen 50 años de la muerte de Franco, tras una larguísima dictadura. La historia son procesos, aunque determinadas fechas y acontecimientos se conviertan en hitos en torno a los cuales se explican los cambios en las sociedades. Sin duda el 20-N constituye un hito, la fecha en la que se referencia el inicio de la denominada Transición. Pero quienes estudian la historia son conscientes de que el tránsito de la dictadura a la democracia comenzó mucho antes y finalizó bastante después. Aunque no se ponen de acuerdo en qué otro hito podría considerarse el referente de su culminación. Se señalan distintas fechas: 6/diciembre/1978 (referéndum de la Constitución), 23-F (intento de golpe de Estado de Tejero en 1981), 28/octubre/1982 (triunfo electoral del PSOE y primera alternancia política)...
En la actualidad vivimos un proceso de cambio en el mundo. Ya veremos lo que la Historia acabe diciendo del mismo y qué hitos establezca para referenciarlo. Se están produciendo grandes cambios y de forma muy rápida, a nivel económico, de relaciones internacionales, políticos, ideológicos, científicos, climáticos, militares... Se trata de fenómenos complejos que generan enormes incertidumbres en gran parte de la población, que siente inseguridad y temor al futuro. El miedo colectivo es un pésimo factor para la democracia. Hace retraerse a las sociedades, las mueve a encerrarse buscando seguridad. Un fenómeno que históricamente favorece el auge del autoritarismo.
Mientras pensábamos que el mundo avanzaba en clave democrática de pronto nos damos cuenta de que el fenómeno se revierte y crecen de forma insospechada movimientos políticos autoritarios. Incluso en países considerados ejemplos de democracias consolidadas como eran Europa o EEUU.
En España el crecimiento de la extrema derecha comenzó un poco más tarde pero ha avanzado también de forma muy relevante. Pensábamos que haber sufrido la dictadura más larga y reciente de Europa occidental nos había vacunado frente a las doctrinas autoritarias. Pero no ha sido así. El autoritarismo tiene siempre un fondo común pero sus formas cambian. La ultraderecha española, salvo casos aislados, no reivindican directamente al fascismo de los años 30 del siglo XX o al propio Franco, pero tampoco lo condenan. Su mensaje es claramente autoritario aunque su lenguaje mantiene ciertos elementos de ambigüedad para intentar llegar a más gente.
Se ha teorizado que la Historia no se repite pero avanza a modo de espiral. Giambattista Vico (1668-1744) formuló la teoría del ciclo histórico. Para Hegel y Marx la historia se desarrolla como una espiral ascendente. Pero para describir el resurgimiento de la extrema derecha prefiero pensar en la frase «la historia no se repite, pero a menudo rima», atribuida a Mark Twain, que sintetiza sentido del humor y pesimismo existencial.
Resultan alarmantes algunos datos que muestran las encuestas respecto a las simpatías por la dictadura franquista y/o la extrema derecha, especialmente en los jóvenes. Así podemos leer que una “cuarta parte de los jóvenes ve preferible en determinadas circunstancias un régimen autoritario”, que “casi la mitad desconocen cómo murió Lorca”, que “en el electorado de Vox hay más simpatizantes que detractores del franquismo” o que respecto a los orígenes de la Guerra Civil “en el electorado del PP la respuesta mayoritaria (44,4%) apunta a la II República como responsable; un 29,3% señala el golpe de Estado de Franco” (Encuesta del instituto 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER).El barómetro del CIS de septiembre apuntaba que “el 22,1% de los jóvenes (entre 18 y 24 años) pueden votar a la ultraderecha”, en sus distintas versiones (infoLibre 3/10/2025).
Son datos muy preocupantes. ¿Cómo gente que sólo ha vivido en democracia y con libertades puede preferir una dictadura? ¿Cómo puede ser tan elevado el desconocimiento de la historia. Algo se ha hecho mal.
Se insiste en decir que la Transición fue un proceso modélico, capitaneado por gente inteligente y generosa. Las memorias del rey-emérito respecto a Franco traslucen algo diferente. Algunos de quienes vivimos ese momento histórico somos conscientes de que junto a la ilusión por el cambio democrático habitaba el miedo a una nueva sangría, a la amenaza del constante ruido de sables.
Poco se insiste en la realidad de que todo el aparato judicial, militar y policial, el Estado profundo, quedó intocable. Nadie fue juzgado por sus crímenes, ni tan siquiera depurado de sus cargos. Todos estos estamentos se convirtieron en “demócratas” de la noche a la mañana. No se puede minusvalorar su peso en las estructuras de la nueva democracia. Tampoco se puede obviar la existencia de un “franquismo sociológico”, producto de 40 años de adoctrinamiento y/o acomodación de una parte de la sociedad.
Tras la transición todo el mundo era “demócrata de toda la vida” pero es evidente que el antifranquismo militante solo constituyó una vanguardia respecto a la mayoría silenciosa. Quien de verdad luchó y arriesgó contra la dictadura siempre fue una minoría.
¿Cuánto se tardó en elaborar una mínima ley de Memoria democrática? ¿En retirar los restos del dictador de Cuelgamuros o en plantearse “resignificar” ese monumento a la barbarie? ¿Cuánto en tomarse en serio la recuperación de las fosas comunes?
Pero incluso asesinatos producidos ya en democracia fueron sepultados en el silencio y la impunidad. Tras 48 años ahora se autoriza a las hermanas de García Caparrós a tener acceso a la documentación de su asesinato (4/diciembre/1977). Pero incluso ahora se les obliga a guardar silencio respecto del policía que le disparó. ¿Cómo es posible que no hubiera responsables ni condenados? ¿Qué pasó con quien diese la orden de disparar? ¿Fue juzgado? ¿Siguió en su puesto?...
En España, aparentemente, resulta incomprensible este avance de la extrema derecha, pero si nos atenemos a lo que se ha hecho o, más adecuado, lo que no se ha hecho, se puede entender mejor que sea posible lo que está sucediendo.
Mucha gente está frustrada, acuciada por problemas importantes, porque no puede acceder a una vivienda digna, por unos salarios bajos, por la calidad de los servicios... Y mientras tanto comprueba como campa al alimón la corrupción en el bipartidismo, siempre con las mismas empresas corruptoras, con mucha palabrería y pocas soluciones, con el espectáculo político vergonzoso del insulto y el “y tú más”, sin tomar medidas de limpieza y sin atender a los problemas reales de la ciudadanía.
Un campo de cultivo propicio para el cabreo y la indignación, que combinados al miedo y la desinformación, sirven para que cualquier cínico demagogo haga su agosto, incluso sin hacer propuestas o con algunas que de llevarse a cabo empeorarían la situación.
Mucho dinero y la movilización del poder incrustado en el Estado profundo (parte de la judicatura, cuerpos policiales, ejército...) siempre con la cobertura de su enorme aparato mediático, hacen que su poder y capacidad de influencia vaya mucho más allá de la representación política que sus partidos ostentan.
Todo ello en el marco de unos medios de comunicación de masas en los que se da voz a terraplanistas, negacionistas, machistas, xenófobos y fascistas, con toda clase de bulos, donde se busca más aumentar la audiencia que informar.
La redes sociales constituyen el lugar preferente donde se informa la gente joven. Se han convertido en un campo de batalla para la internacional ultraderechista, es un objetivo esencial para su estrategia de proselitismo a la que destinan grandes y poderosos medios financieros y tecnológicos. No importa la verdad sino movilizar emociones, a base de difundir bulos, falsedades y burdas manipulaciones.
Utilizo la palabra cinismo porque me parece apropiada para el caso. En la primera acepción del diccionario de la RAE se define como”Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”.
Son tiempos en que toca defender la democracia y las libertades, en serio peligro de convertirse en virtuales, en una mera formalidad. Y hacerlo en todos los campos en disputa.
Frente a la mentira, la demagogia, la corrupción y el cinismo solo cabe aplicar inteligencia y compromiso.







