La alcaldesa que no quería serlo

El escolta de la alcaldesa entra en el salón de plenos del Ayuntamiento de Granada, acompañado por otro miembro de la policía local, para expulsar a una mujer que había pedido vivienda digna para las personas sin hogar. Ese fue el atropello que se cometió el pasado viernes en el Consistorio. Ni más ni menos. Y eso no pasaba en esa casa desde la época de Torres Hurtado. Ya saben que aquel hombre era de natural totalitario y que las expulsiones se hacían con poco miramiento. Podríamos recordar hechos acontecidos con las vecinas y vecinos de Santa Adela o con la plataforma vecinal que luchó contra el cierre de la biblioteca de Las Palomas (actual Almudena Grandes), en el barrio del Zaidín.
Carazo, como fiel hija de esa época (no olvidemos que formó parte de aquellos gobiernos) hace gala de su fina piel y pretende hacer del Ayuntamiento un espacio libre de protestas (todas ellas provocadas por sus políticas antisociales). Porque siendo grave el hecho de expulsar a una mujer del pleno sin que hiciese nada para merecerlo, ese viernes negro para la transparencia municipal en la ciudad pasaron otras cosas que han sido opacadas por este hecho. Por ejemplo, que las puertas del Ayuntamiento (la casa de todas y de todos) se cerraron durante la protesta que protagonizaron las trabajadoras de los servicios municipales de limpieza y los bomberos, ambos víctimas de las medidas de Carazo. Por ejemplo, que se impidió el paso al salón de plenos a los representantes de ambos colectivos. Por ejemplo, que se situara una pareja de policías locales a pie de la escalera que da acceso a la Alcaldía, no sabemos muy bien para qué, aunque dado el contexto tampoco hay que ser muy brillante.
Carazo es la primera alcaldesa de la historia de esta ciudad que ha decidido entrar y salir del Consistorio por la puerta de atrás. Lo hace a diario. Por esa puerta huyó hace unos meses para no hablar con el colectivo ‘la calle mata’; por esa puerta accede para que nadie la pueda tocar, para que nadie la pueda molestar; al lado de esa puerta se sitúa su coche oficial montado en la acera para que la salida se haga lo más rápido posible, como si ser alcaldesa le hiciese huir de no sabemos qué. Te recuerdo, querido lector, que esa misma puerta fue la que usó Torres Hurtado para salir entre cartones el día que fue detenido por la UDEF en 2016. Es como si a Carazo le molestase todo aquello que significa ser el primer edil de una ciudad: la cercanía, la accesibilidad, la proximidad.
Es más, es como si a Carazo le molestase ser alcaldesa. Imagino que pensará que como consejera se vivía mejor. A lo mejor piensa que como ministra se vive mejor. Lo que sea menos estar en Granada recibiendo quejas de sus vecinas y vecinos, en la primera línea de playa de la reivindicación justa. Y si eso fuera así, cosa que cada día parece más evidente, solo habría que pedirle que no espere para irse mucho más, porque su actitud está adelgazando la calidad de vida democrática de Granada y lastima a unos vecinos que la ven solo dentro de una urna de cristal en aquellos lugares donde se aplaude fácil y la queja es inexistente, esos lugares en los que se la ve realmente cómoda y que suelen estar a bastantes kilómetros de la ciudad que apenas pisa.







