sábado 17 abril
Opinión  |   |

La educación y la libertad

Me viene a la memoria un suceso acaecido en esta tierra. Fue allá por el siglo XVI, momento histórico en el que la ignominia de la esclavitud era una realidad. En un barco lleno de esclavos de color, proveniente de África, viajaba una mujer con su pequeño hijo. Su periplo la llevó a la ciudad de Granada, donde sirvió de esclava para la familia de Gonzalo Fernández de Córdoba. El pequeño vástago atendía al hijo de la noble familia. Ello le permitió recibir instrucción, pues asistía a las clases junto a su señor. La inteligencia e interés del esclavo, apodado Juan, le permitió pronto aventajar al niño al que servía. Tanto era reconocido su saber que llegó a ser catedrático de la Universidad de Granada bajo el sobrenombre de Juan Latino. Y, con ello, consiguió también la ansiada libertad...

Sabemos de sobra que la educación es la herramienta más poderosa para transformar la realidad, la individual y la colectiva. No fue el caso de Juan Latino el que propició la abolición de la esclavitud, pero sí consiguió su propia libertad. Y la libertad de cada uno de los individuos de la sociedad es la única opción para la consecución de una sociedad libre.

Como absolutamente todas las herramientas, la educación puede servir para causas muy diversas. Y hemos visto su efectividad en Cataluña. Fue a comienzos de los años 90 cuando Pujol y su banda diseñaron un documento denominado Programa 2000 para introducir el nacionalismo en todos los ámbitos catalanes: pensamiento, educación, comunicación, ocio, mundo empresarial, infraestructuras... Les recomiendo su lectura. No tiene desperdicio.

Especial dolor me produce, como profesional de la educación, la parte de enseñanza en la que se encuentran propuestas como subvencionar editoriales para la elaboración de libros de texto sobre la “historia, geografía, arte, literatura...etc de Cataluña y los Paises Catalanes”; o la reorganización del cuerpo de inspectores para que vigilen el cumplimiento de la catalanización de la enseñanza y la vigilancia “de cerca” de este personal; o incidir en las asociaciones de padres aportando gente/dirigentes que tengan criterios nacionalistas; o velar por la composición de los tribunales de oposición...Y hay más, aderezadas con medidas nacionalistas de otros ámbitos que pueden no venir a cuento en este artículo, incluyendo “la potenciación del modelo familiar que garantice la sustitución biológica”.

El ejemplo del uso de la educación en Cataluña es el más ilustrativo (y el más dramático) para visualizar cómo ésta puede ser una herramienta muy eficaz en la transformación de una sociedad. Y, efectivamente, lo ha sido. Lo perverso de ello es que, en vez de buscar la transformación necesaria en aquellos años en todo el país, que salía de una larga dictadura, fomentando valores constitucionales, de unión y de colaboración entre las distintas regiones de él, se ha utilizado para crear un sentimiento de supremacía de una región (la catalana) sobre las otras. No solo se ha cultivado durante los últimos treinta años el odio y la separación con otros compatriotas, sino entre catalanes, pues los hay (y muchos) no independentistas. Lo vimos en las manifestaciones de Barcelona del 12-O y del 29-O, en las que se congregaron más de un millón de personas hartas de que sus derechos y libertades fueran cercenadas en pro del independentismo supremacista artificial e interesado.

Y es que no se pueden utilizar las competencias que le da un estado democrático (en concreto, la Educación) a un territorio, en base a un texto consensuado por todos los ciudadanos de un país (la Constitución) para destruir el estado que te las concede. O no se debería de poder. Para evitarlo existen mecanismos de control en el mismo texto constitucional. El quid de la cuestión es por qué no se han puesto en funcionamiento esos mecanismos.

¿Por qué los gobiernos centrales durante tantos años, sean del PP o del PSOE, no han hecho nada para evitar este adoctrinamiento en las aulas? ¿Por qué se les llena la boca de la importancia de la educación y no hacen nada por evitar que en Cataluña haya servido como arma para el ataque de determinadas clases políticas contra el pueblo? Porque eso es lo que ha habido: la imposición de una ideología desde la cuna en un proceso diseñado por unos cuantos para que todo el pueblo les sirva en su objetivo. Porque todo el tiempo y dinero invertidos en el procés y las cuentas bancarias de los Pujols va en detrimento de la solución a los problemas reales de la sociedad catalana (que son los mismos que los del resto de la sociedad española): la falta de empleo, las listas de espera en la Sanidad…

Cuanto más lo pienso más me convence la hipótesis de que la razón a esta dejación de funciones por parte de los dos partidos que han tenido la labor de gobierno ha sido la necesidad de contar con los votos de los afincados nacionalistas para gobernar. Una cuestión totalmente partidista en la que colabora de forma esencial la actual ley electoral.

Y en eso nos hallamos. Con alumnado de primaria, dirigido por su profesorado, dejando las aulas para asistir a manifestaciones independentistas; o dibujando esteladas en sus tareas; o señalando a compañeros cuyos padres pertenecen a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Es cierto que es el caso más extremo del uso de la educación en este país con fines de adoctrinamiento, pero no el único.

Si hay algo que define el servicio educativo que presta un centro escolar es la dirección del centro. Ésta ha de ejercer el liderazgo pedagógico, engranando bien las piezas con las que cuenta (profesorado, alumnado y familias). Conozco estupendos profesionales en el ámbito educativo que, además, serían fantásticos líderes pedagógicos. La mala pata es que aquí, en Andalucía, se acaba de publicar la orden de Selección de Directores en la que, para acceder a la función directiva, es necesario realizar un curso de formación/actualización de la misma al que no todo el profesorado ha tenido acceso por igual. Este año, de forma transitoria, solo se contará como mérito.

La realidad en nuestra comunidad es que durante el curso 2016/2017 (tras varios años sin convocatoria) solo se han convocado 900 plazas, totalmente insuficientes para el elevado número de centros en la comunidad. Sumado a ello, el procedimiento de adjudicación de los cursos no ha sido todo lo público que debiera haber sido. Por tanto, en el procedimiento de selección de directores no primarán los criterios de capacidad, mérito e igualdad, ya que se les priva al profesorado del acceso al curso que, como mínimo, contará como mérito. Esto lleva a pesar que puede haber algún tipo de interés en ingerir en la elección de determinados profesionales y no otros en los centros escolares. ¿Por qué? ¿Hay algún interés en vigilar “de cerca” a este personal?

Y, mientras, aumentan los casos de fracaso y abandono escolar, el número de solicitudes no admitidas en la Formación Profesional (25.000 este curso escolar en Andalucía), etc. Es decir, los problemas.

Ahora más que nunca tiene sentido el Pacto por la Educación que siempre ha pedido Ciudadanos. Nos toca ponernos a trabajar para hacer lo que no se hizo porque primaban otros intereses que no eran los de educar a nuestra infancia y juventud, sin dogmatismos ni adoctrinamientos, para ejercer sus derechos y libertades con responsabilidad. Y tenemos que hablar de muchas cosas que no mejoraron ni el PP ni el PSOE con la alternancia de sus leyes educativas.

La evaluación del alumnado, las ratios en las aulas, la libertad de las familias en la elección de centros, la coherencia de los currículums entre comunidades que permita la movilidad geográfica de las familias, la atención al alumnado con necesidades educativas especiales, los horarios escolares y el acceso del profesorado a la función docente son sólo ejemplos de cuestiones que no están solucionadas y que no pueden esperar más. Porque la educación es una necesidad y un derecho básico de las personas y, sin ella, no hay libertad. Pero tampoco hay libertad si ésta sirve para adoctrinar. Y debe de ser un compromiso de todos los representantes públicos la lucha y el consenso para construir una ley educativa que sirva a generaciones y no a legislaturas de un determinado partido.

Solo de esa manera, y como Juan Latino consiguió a título personal, podremos alcanzar una sociedad libre, requisito imprescindible para que nuestra democracia tenga sentido.

María del Mar Sánchez

Concejal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Granada

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