martes 14 julio
Opinión  |   |

La oposición granadina

El pasado domingo, se celebraron en toda Andalucía, las oposiciones a plazas de funcionario de Administración de la Junta.

Miles de granadinos se presentaron a estas pruebas, que en algunos casos se celebraron en doble sesión de mañana y tarde.

Muchos verán recompensados su esfuerzo, su tiempo, sus sacrificios y el quitarse horas de ocio o de estar con su familia, para dedicárselas al estudio. Pero desgraciadamente no serán la mayoría.

Para un gran número de personas de las que hicieron los exámenes el domingo, la experiencia estará más cerca de la frustración que del éxito.

Para ellos el examen habrá sido un trago amargo. Una especie de tortura medieval ideada por un tribunal inquisidor.

Cuando pasen los días, y vean con perspectiva ese mismo examen, podrán comprobar con una mezcla de rabia y alegría, que la mayoría de aquellas preguntas que fallaron o dejaron en blanco en su momento, eran asequibles e incluso conocidas por ellos. Y sólo una mala pasada de sus propios nervios les hizo apartarse de su cometido del domingo, que era marcar la opción correcta.

El problema de oposiciones como esta, no es la dureza o no de la preguntas. Al final ser miembro del Tribunal no es más que una versión distinta de sufrir las oposiciones. Para el Tribunal no es fácil diseñar un examen, con 100 preguntas correctas, coherentes, en lenguaje claro, que se puedan resolver en 120 minutos y además les permita poner un nivel de dificultad a la altura que marcan los propios opositores.

Unos opositores que se presentaban en un número de 24 mil para las 84 plazas en disputa de categoría C2 (auxiliar administrativo), y de 17 mil para las 96 plazas de C1 (administrativo).

Con estos números, el nivel no está en las preguntas, ni en los temas. Que son 22 y 42 respectivamente. Con estas cifras de aspirantes a funcionario, el nivel lo marcan los propios candidatos. La mayoría de los cuales llevan meses, cuando no años de esfuerzo y sacrificio, y en la mayoría de los casos, conocen con mayor detalle que los propios miembros del tribunal, el contenido de las materias susceptibles de ser preguntadas.

Pero la competencia es enorme y las plazas limitadas.

Por desgracia, este tipo de pruebas, las oposiciones, son una de las salidas profesionales más accesibles para la mayoría de nuestra población con cierto nivel de cualificación, que ven en el estudio una forma posible de lograr un puesto de trabajo estable. Digo por desgracia, porque a muchos de nuestros jóvenes, solo se les deja esta vía para tratar de acceder al empleo, o a un mejor empleo.

Pero afortunadamente no todo son malas noticias. Primero fue el Estado, después la propia Junta de Andalucía y por último la UGR, los que poco a poco, han ido dibujando un panorama mucho más interesante para los opositores. Al fin se abre la veda del empleo público. Y muchos de los que el domingo se dieron de bruces con las cien preguntas del examen, tendrán nuevas oportunidades para seguir intentando cumplir su sueño de ser empleados públicos.

Un sueño, que cuando se ve colmado, en no pocas ocasiones es causa de reproches, acusaciones infundadas, chistes u otro tipo de argumentos sin sentido por parte de quienes nunca sabrán que puede sentir un opositor en un día como el del domingo pasado o los siguientes.

Vaya desde aquí mi enhorabuena a los que aprobaron y mi reconocimiento al esfuerzo de todos los que lo han intentado.

Gustavo García

Historiador y escritor

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