domingo 4 diciembre
Opinión  |   |

La pregunta del millón

La polémica está servida. Ahora, a razón de la interpretación que se hace para aplicar la Ley que conocemos como la del “Sí es Sí". Resulta que, en aplicación del texto legal es posible rebajar la pena impuesta por una sentencia firme y que se está cumpliendo. El argumento jurídico no es otro que la aplicación de la Ley más favorable. Eso no es nuevo en la justicia española y se viene aplicando normalmente por así establecerlo el artículo 2.2. del Código Penal, que nos dice que: "tendrán efecto retroactivo aquellas leyes penales que favorezcan al reo, aunque al entrar en vigor hubiera recaído sentencia firme y el sujeto estuviese cumpliendo condena", solo que, los casos sobre los que viene operando no son mediáticos, como es el caso de la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual y, a su consecuencia, salta la alarma social y la pregunta del millón, ¿eso porqué ocurre? Veamos.

Parece que la mayoría de las personas juristas de España coinciden en que la Ley era necesaria, si bien, se trata de una Ley complicada desde el punto de vista jurídico. Por un lado, ha generado un cambio copernicano que afecta a los delitos sexuales, ya que, establece el consentimiento como el epicentro de la norma y, por otro, elimina el delito de abuso sexual, ocupando su lugar, en exclusiva, el delito de agresión sexual que, antes de la reforma, para su apreciación, solo era posible si se probaba violencia e intimidación a la victima por el agresor. El origen que provocó el cambio legislativo fue la violación por cinco hombres (la manada) a una joven, en un portal. Aquello indignó a la ciudadanía española y más la visión machista que se daba en un voto particular de la sentencia que condenaba a los violadores que describía el hecho como “jolgorio”.

Todos los expertos que nos podamos imaginar, asesoraron el Gobierno de España, que la clave para que no se beneficiaran los criminales violadores de la norma más favorable, era que no se redujera el máximo de la pena, pues aún rebajando la parte mínima de la misma, que acogería los delitos menos graves, la norma era clara y no cabría reducción de la pena, si la impuesta cupiera en la misma. Así opinaban, entre otros, el Consejo de Estado y la Fiscalía General del Estado.

Sentado lo anterior, ahora, hay una serie de tribunales que interpretan la aplicación de la Ley en el sentido de que sí procede la revisión por haberse reducido la pena mínima del delito y si a esta fue a la que se condenó el agresor, motiva y justifica la reducción.

Sin embargo, hay otros tribunales que hacen la interpretación en sentido contrario y se han acogido a la disposición transitoria quinta del Código Penal vigente que nos informa que no se revisarán las penas en cuanto que, si estas, son privativas de libertad “no se considerará más favorable este Código cuando la duración de la pena anterior impuesta al hecho con sus circunstancias sea también imponible con arreglo al nuevo Código”. En síntesis, la Ley no ha modificado dicha disposición y se aplica esta.

Entonces, sí que cabe interpretación en un sentido y en otro, la cuestión es porqué se opta por la que beneficia al agresor, de lo que se aprovechan los detractores de la Ley para lanzar un mensaje directo de que la nueva regulación favorece al agresor sexual.

Finalmente, llama la atención que diciendo prácticamente lo mismo la Ministra de Igualdad y el Presidente del Gobierno, esto es, que, antes de proceder a modificar la Ley se va a esperar a que se unifique la doctrina de los tribunales, sin embargo, se tiren a la yugular de la Sra. Montero, solo por opinar que en la judicatura hay que seguir mejorando la formación de jueces y juezas en cuento a género se refiere, que los asuntos como el que nos ocupa deben verse siempre desde la perspectiva de género y que se han dado resoluciones judiciales con visión de patriarcado. Exactamente, donde esta la ofensa. Que, el abogado de uno de la manada al tiempo de querer beneficiar a su cliente haciendo una lectura sesgada e interesada de la Ley, venga a dar lecciones de cómo hay que defender a las mujeres, eso sí que es una ofensa y un insulto a la inteligencia.

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Columnista
Salvador Soler

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