jueves 15 abril
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Las asociaciones de mujeres: organización, empoderamiento y sororidad

Otra vez escribo sobre mujeres, ¡qué pesada! Dirán algunos, pero dado que parece que seguimos siendo invisibles para muchos, y entre ellos para el sistema judicial de este país, no puedo desaprovechar la ocasión de volver a reivindicarnos como la mitad de la población, como motor de vida, de cuidados y de bienestar en los lugares donde vivimos. Ni invisibles, ni objetos. Nos merecemos vivir libres y sin miedo.

Dice la canción que 20 años no son nada. Nada o toda una vida, depende de cómo se mire. Este año hemos celebrado el vigésimo aniversario de Varnilis, la Asociación de Mujeres de mi pueblo. Vivir en un pueblo de menos de 700 habitantes (por aquellos entonces, casi mil hoy) tan cerca al tiempo que tan lejos de Granada, marca la diferencia sobre cómo las mujeres viven y se relacionan.

De acuerdo con Sánchez-Muros, (*) el movimiento asociativo femenino ha ido en aumento, adquiriendo cada vez más protagonismo en la vida local, articulando nuevas formas de organización social y de participación de las mujeres en el ámbito público.

Una manada, un grupo de apoyo soror que se cuida y protege, eso son ellas: Puri, Begoña, Lola, Pepita, Yolanda, Feli, Brígida, Mª Jesús, Virginia, María, Ana... Nacieron como asociación para crear un punto de encuentro, motivarse para hacer cosas juntas, diferentes y enriquecedoras: deporte, teatro, una biblioteca, un café de tertulia para sobrellevar las cargas cotidianas. Si nos tocan a una, nos tocan a todas. Cada una de su padre y de su madre, con sus cosas, su familia y sus prioridades, pero siempre dispuestas y atentas a lo que necesitan las otras. Ayuda mutua en estado puro, desinteresada y permanente.

Las asociaciones de mujeres permiten a éstas organizarse en torno a intereses comunes, ocupando espacios públicos y desplegar estrategias de acción colectiva, convirtiéndose en instrumentos de participación y cambio social.

En Nivar, Varnilis es el motor de la actividad cultural, del encuentro y el intercambio. Son el pegamento que consolida el sentido de pertenencia al lugar donde vivimos, desinteresada entrega a la colaboración institucional; colaboración que no es recíproca, aunque eso no condicione su compromiso. Me acogieron, me dejaron pasar y ahora me siento partícipe de su proyecto, compaginando nuestros ritmos y aceptando nuestras diferencias.

La semana cultural de Nívar, no sería nada sin ellas. Y mira que conseguir que la gente participe en cualquier actividad es una odisea. Ojalá encontremos algún día la clave para que todas encontremos la motivación para implicarnos de forma activa en todos los procesos que repercuten en nuestro día a día como ciudadanía.

Se estima que en nuestro país funcionan más de 5.000 asociaciones de mujeres, espíritu de sororidad, acompañamiento y crecimiento organizado por un objetivo común. Hace poco veía en Facebook un vídeo de una clase en que los niños y niñas en fila, marchaban al son del “uno, dos”. Los chicos zapateaban descoordinados mientras las chicas, en pocos segundos se habían sincronizado y respiraban al unísono.

Los talleres, charlas, cursos, conferencias, organizadas por la asociación de mujeres tienen en común la generación de un espacio de un encuentro, de ocio, de risas, de afecto y de apoyo mutuo. Saben sacarle el lado bueno a todas las actividades que les organizan, aunque a veces se sientan obligadas a asistir y a priori no encuentren nada motivador en ello.

Además, la actividad y producción de estas asociaciones favorece por un lado, la democracia activa en el espacio público rural (hacerse oír y ejercer alguna influencia), y por otro lado, tiene gran importancia como generadoras de capital social, pues crean normas y forman redes sociales que son factores importantes para el desarrollo económico y la buena gobernanza del medio rural (Moyano, 2009).

En cada pueblo, en cada rincón de este país, hay una asociación Varnilis, un grupo de mujeres que trabajan incansables y se cuidan entre ellas, un ejército poderoso que no va a dejar pasar ni una al patriarcado, a los que nos quieren sumisas y calladas. Porque nos queremos vivas, nosotras nos cuidamos. 20 años de experiencia nos dan la fuerza para no dar ni un paso atrás.

(*) Bibliografía: https://bit.ly/2KirsoO

Leticia García Panal
Concejal de Imagina Nívar

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