sábado 10 abril
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Las Kellys

Las Kellys, concepto que identifica a las personas que “limpian los hoteles”, son las que señala el convenio de Hostelería en la categoría profesional de camareras de piso, pero este colectivo de trabajadoras se organizan al margen de los sindicatos, que han sido desbordados por la situación y se muestran incapaces de organizar a un sector natural del sindicalismo.

A buen seguro muchos serían las causas las que podrían concurrir respecto del surgimiento del movimiento de las “mujeres que limpian los hoteles”, pero aquí solo nos vamos a centrar en dos. Uno, es si la externalización del servicio es sinónimo de precariedad y desregulación laboral y, dos, porqué ese colectivo se organiza para preservar sus intereses laborales en vez de acudir a las organizaciones sindicales, cuya función principal, la única que da crédito a su existencia, es defender, proteger esos intereses.

Para ver la relación externalización/precariedad/desregulación hay que partir de la premisa de que es la propia Constitución la que permite la externalización, pues tiene que ver con el principio de libertad de empresa (art. 38 CE), lo que tiene reflejo en el Estatuto de los Trabajadores (arts. 42 y 43), permitiendo que sean empresas externas las que ofrecen prestar este servicio, eso sí, estableciendo un régimen de responsabilidad empresarial a fin evitar la cesión ilegal de trabajadores.

Así han proliferado “las empresas multiservicio” que operan en el mercado, como gustan decir algunos “expertos”  aportando mano de obra, en este caso, las camareras de piso. La consecuencia directa es el deterioro sustancial de las condiciones laborales, sobre todo rebajando salarios y ajustando los tiempos de trabajo a cronómetro, si no fuera así, no habría negocio empresarial, como esto es el resultado de la externalización el siguiente acto ha sido el  despido masivo de las camareras de piso de las plantillas de los hoteles, ¿para qué mantener a las camareras de piso si la empresa externa ofrece el servicio a precios ridículos y además sin relación laboral directa?, la lógica es aplastante, por el contrario, esas trabajadoras reciben una media salarial similar al SMI y una sobrecarga de trabajo que está provocando situaciones de estrés laboral compatible con el moobing.

No hace mucho, Antonio Catalán, presidente de AC Hoteles, indignado, afirmó que es “intolerable que en plena época de récord de demanda turística se menudee con el salario de las trabajadoras”. En Granada se da la situación que se paga un euro por el arreglo completo de un dormitorio, por tanto, sí hay conexión directa entre externalización y precarización y, la reforma laboral es la causa que da ese resultado, provocando una inseguridad jurídica que hay que corregir para que las relaciones laborales se vuelvan a reequilibrar.

Si este es el campo de juego, por qué surge el movimiento asociativo “Kellys”, cuando hay sindicatos que podrían representar al colectivo con experiencia en las reivindicaciones laborales. ¿Porqué ese desapego?. Una causa puede ser que las empresas no soportan a las organizaciones sindicales y pertenecer a una de ellas es motivo de condena al ostracismo. Otro motivo es que esas trabajadoras no se sienten representadas por los sindicatos dado que estos no son capaces de articular una solución al problema, no tanto centrada en la acción sindical clásica, sino más en lo jurídico, en relación a la Carta Social Europea y en los convenios ratificados de la OIT que ha desarrollado un sistema de normas internacionales del trabajo que tiene por objetivo la promoción de oportunidades para hombres y mujeres, con el fin de que éstos consigan trabajos decentes y productivos, en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad.

Se trata, por tanto, de los derechos constitucionales que más extensivamente se vienen interpretando, sin embargo, se ha impuesto una cultura, al decir de algunos, de barra libre, cuya expresión máxima, de nuevo, la alcanzamos en Granada que al no existir convenio sectorial permite la máxima desregulación y precarización laboral, por el contrario del lleno turístico la ciudad no obtiene más que gasto (hospitales, consumo de agua, limpieza de calles, bomberos, etc.) generado por miles de personas que nos visitan que obtienen el mejor servicio y, las camareras de piso, explotación. No cuadra.

Salvador Soler García
Colaborador Ahora Sí

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