viernes 23 abril
Opinión  |   |

Lenguas de serpiente

Cuando era niño llamaba mi atención la forma en que se expresaba públicamente el luto. Recuerdo ver a los hombres con brazalete negro en su manga o botón negro en el ojal. Para las mujeres era bastante más exigente y sufrido. También en esto salían perdiendo. Todo de negro, de los pies a la cabeza, medias y pañuelo incluidos. Una convención social no escrita determinaba la forma de exteriorizar el duelo. Todo estaba reglado, desde la amplia lista de parientes a los que guardar luto como su duración según parentesco. Tras una defunción las mujeres se afanaban día y noche cociendo sus ropas en grandes ollas de tinte negro. En La Casa de Bernarda Alba refleja Lorca el ambiente sombrío y opresor del luto antiguo.

Cuando aún sigue aumentando la cuenta de personas fallecidas a causa del virus asesino ciertos políticos introducen en el debate la exigencia del tiempo y la forma en que debe mostrarse públicamente el luto. Se reclaman banderas a media asta, monumentos… y corbatas. Reprochan al Presidente y a otros ministros que no porten corbata negra.

No es fácil acertar qué deba hacerse en este momento para mostrar el dolor que las personas y la sociedad podamos sentir ante esta catástrofe. Por supuesto que cuando todo esto pase serán necesarios actos colectivos de recuerdo y homenaje a las víctimas de esta enfermedad. Comparto la idea de que llorar a nuestros muertos ayuda a sobrevivir al vacío que dejan. En este caso aparte del duelo familiar será necesario un gran duelo institucional en el que toda la sociedad pueda llorar por el sufrimiento que la enfermedad nos está dejando.

Lo que no tengo tan claro es que podamos reprocharnos la forma en que cada cual deba expresar su propio duelo. Es algo tan íntimo que nadie tiene derecho a recriminar a otro el color de su corbata. Menos razonable aún me parece que nuestros representantes comiencen a utilizar a los muertos para el reproche político. Incluso me parece abyecto que se pretenda presentar al otro como persona insensible frente al dolor ajeno. Es una forma de intentar inhumanizar al otro. Y no podemos perder de vista que esa actitud ha estado siempre en los prolegómenos de cualquier proyecto autoritario.

En artículos anteriores me he referido a la campaña infame que se sostiene en las redes, y desgraciadamente también en algunos medios de comunicación, difundiendo soflamas, bulos, mentiras e infamias que pretenden intoxicar a toda la sociedad, vertiendo odio y veneno en cada palabra.

El otro día el General Santiago, de la Guardia Civil, cometió un error cuando explicaba la labor del grupo de delitos telemáticos, dando a entender que pretendían proteger al gobierno. Curiosamente las redes y medios de la derecha y la ultraderecha aprovecharon ese desliz para criticar al gobierno, no al General, acusándolo de pretender vulnerar el derecho a la libertad de expresión. No conozco ninguna actuación de la Guardia Civil, ni que exista ninguna denuncia en los juzgados por semejante motivo. Si el gobierno hubiera dado esa orden estaría cometiendo un delito. Y también lo cometería el General si obedeciera una orden de ese tipo. Estoy seguro de que no existe tal instrucción. Pero lo peor de todo es que quienes aprovechan ese error del General para atacar al gobierno lo saben perfectamente. Lo que sí está reconocido y judicializado es la actividad de la mal denominada “policía patriótica”, que existió bajo el gobierno del PP y que se dedicaba (presuntamente) a montar campañas, con pruebas falsas, para destruir al contrincante político. Pablo Iglesias y Podemos fueron víctimas propiciatorias.

También está sufriendo lo suyo Fernando Simón, el Coordinador del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad. Por su forma de hablar y su forma de vestir se nota que no es un político y que se preocupa más por su trabajo que por su imagen. De él se está diciendo de todo. Hace unos días Isaac Rosa escribía en ElDiario.es un magnífico artículo aludiendo a sus “odiadores” y enumeraba algunos de los calificativos que se le han dedicado: “irresponsable, inepto, mentiroso, servil, marioneta, siniestro, sinvergüenza, indecente, Doctor Muerte, psicópata, imbécil, payaso…”. Paradójicamente el Doctor Simón no sólo es un eminente y reconocido epidemiólogo sino que fue nombrado para ese cargo por el gobierno de Mariano Rajoy en 2012. Cosas veredes.

Son tantas las barbaridades y disparates que se difunden por redes y algunos medios de comunicación que sería imposible responderlas a todas. Además hay quienes están dispuestos a creerse toda esta bazofia y ante eso no hay vacuna posible.

A pesar de todo no creo que estas prácticas deleznables deban ser objeto de mayor regulación que la ya existente. La libertad de expresión es un derecho fundamental. Por eso ampara incluso la maledicencia, la falta de educación y hasta la imbecilidad. Sólo debe ser perseguido el delito, se cometa en la calle o en las redes. Para eso está el Código Penal. En él están regulados los delitos contra el honor (Título XI) y los delitos de enaltecimiento del terrorismo o del golpismo (artículo 578).

De los bulos y las insidias sólo nos protegerá la información veraz y la inteligencia y el sentido común de la mayoría de los ciudadanos, que seremos capaces de discernir entre lo que es crítica política y lo que es simplemente basura.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Asesor del grupo municipal de Podemos-IU en el Ayuntamiento de Granada

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