domingo 16 mayo
Opinión  |   |

Lo roban

Hemos comenzado la semana con una buena noticia, la colocación de una placa de homenaje en la casa natal de Carlos Cano, en el barrio del Realejo, por el 75 aniversario de su nacimiento. No es algo que vaya a mejorar la vida material de quienes vivimos en Granada pero sí ayudará a reconciliarnos con nuestra propia historia. Granada suele maltratar a sus hijos más insignes, mientras se ensalza a personas con escaso o nulo mérito para la ciudad. Por eso es importante este pequeño acto simbólico.

Carlos Cano fue un andaluz de bien, comprometido con la dignificación de nuestra tierra a través su música. Nuestra tierra es Granada y también Andalucía toda, de la que somos parte indisoluble. Por eso, en este momento, la mejor manera de defender Andalucía es defender a Granada, impedir que quede marginada y que suframos internamente el mismo centralismo contra el que nos rebelamos el 4D y el 28F. Porque si esto sigue así finalmente se hará realidad el verso de Carlos Cano que, recordando a Lorca, canta que Granada “sólo tiene salida por las estrellas”. Aunque ya no sería una bella metáfora.

Pero no sólo de símbolos, poesía y música, vivimos las gentes. Bajando a lo terrenal también esta semana se han producido varias noticias relevantes, que probablemente pasen desapercibidas, a pesar de que afectan a nuestra vida material, concretamente a nuestros bolsillos.

Hemos conocido la liquidación del presupuesto municipal de 2020. El déficit sigue creciendo, pasa de 58 a 64 millones. Un pastizal. Nuestras cuentas siguen deteriorándose y ello a pesar de que el año pasado tuvimos que pagar 8,7 millones menos a los bancos por amortización e intereses de préstamos. Gracias sobre todo a la aprobación por el gobierno central de la Medida 5, que básicamente nos otorgaba una moratoria en el pago de parte de esas amortizaciones. Sin esta medida las cosas hubiesen ido aún peor.

En cuanto a las inversiones prometidas (capítulo VI) la ejecución apenas alcanza el 12% de lo comprometido, quedándose por ejecutar 36,5 millones. Para ser justos hay que señalar que ha sido un año en que la pandemia nos ha golpeado duramente, también en la economía.

Del mismo modo se han aprobado las cuentas de 2020 de las empresas, Emasagra e Inagra, que prestan dos servicios básicos para la ciudad, agua y limpieza, respectivamente. Parece que la pandemia les ha afectado bastante menos que a otros sectores.

Emasagra ha presentado unos beneficios brutos de 5,7 millones, que no son pocos. Y el socio privado, Hidralia, se llevará para sus accionistas la nada despreciable suma de 7,8 millones, resultantes de sumar a su porcentaje (49%) sobre beneficios el insólito 13% sobre la facturación, por aplicación de una cláusula (Know How) que un ruinoso y leonino contrato le regaló a la multinacional francesa Suez para nada menos que 50 años, hasta 2047.

Pero aún a pesar de estas estratosféricas cifras de beneficio se oponen con uñas y dientes a la bajada general de precios del agua que Podemos-IU-Independientes propuso en el Pleno y que se aprobó con el voto añadido de PSOE y VOX, que ahora, ya fuera de los focos del salón de plenos, parecen ponerse a favor del criterio de la multinacional.
También hemos sabido que se rechaza la disolución del “chiringuito” de la fundación AguaGranada, constituida y gestionada a mayor gloria de Sebastián Pérez, el antes todopoderoso dirigente del PP, ahora venido a menos. Esta “mamandurria” nos cuesta a los granadinos unos 400.000 euros al año.

Por su parte Inagra ha presentado en 2020 unos beneficios brutos de 2,8 millones, que suponen el 8,21% respecto a su cifra de negocio. Nada que ver con el 3% que se afirma en el nuevo expediente de privatización que constituye el porcentaje medio de beneficios de las empresas del sector en España. Es decir, estamos pagando en Granada, en plena pandemia, casi el triple de beneficios que se consideran normales. Mal negocio. Peor aún si tomamos en cuenta que entre los gastos de Inagra figuran 2,3 millones como pagos a empresas del propio grupo Ferrovial, que sin duda habrán aumentado los beneficios de ese grupo empresarial, aunque probablemente en su sede de Madrid, a mayor gloria fiscal de la capital del reino y su comunidad autónoma.

Tras estas monótonas cifras se esconde un excelente negocio para esas empresas y sus accionistas y en contraste una pesada carga para quienes vivimos en Granada. Todo un latrocinio, presuntamente legal en sus formas. Aunque está claro que estas cuentas y estos contratos no responden, en absoluto, a los principios e intenciones que inspiran nuestras leyes.

Termino con otros versos de Carlos Cano que me vienen a la cabeza. De su canción El Salustiano: “…Yo no creo que el sombrero/ les toque en la tómbola/ a esos gachós trajeados que viven de na./ Que lo roban, lo roban,/ con cuatro palabritas finas lo roban”. Pues eso.

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Asesor del grupo municipal de Podemos-IU en el Ayuntamiento de Granada

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