sábado 10 abril
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Los mejores

Cada programa del Intermedio lo comienza Wyoming diciendo una frase que resulta llamativa, “ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad”. Es evidente que se trata de una expresión hiperbólica pero apropiada para un programa centrado sobre todo en tratar en clave de humor las noticias de cada día. Naturalmente nadie se va a creer que en ese programa lo que se dice es la verdad, ni siquiera que su presentador lo pretenda. No obstante tampoco cabe pensar que la sátira siempre carece de veracidad. Hay un humor ácido que entre exageraciones, a veces, nos acerca a cierta realidad de las cosas. Igual que la caricatura, basada en el aumento desproporcionado de ciertos rasgos de algún personaje, a veces nos transmite elementos de verdad tan fiables como una buena foto de la persona.

Si la frase de José Miguel Monzón tiene éxito es porque nos sugiere, nos recuerda, que las noticias no siempre reflejan la realidad de lo que sucede. O que incluso algunas veces, demasiadas en estos tiempos, la distorsionan cuando no la manipulan.

En política esta disociación entre realidad y noticias desgraciadamente no se resuelve a favor de la información veraz y la transparencia sino de lo que se ha dado en llamar el relato. Lo importante no es la verdad sino el relato que se difunde y se impone. Igual que en el discurso político se ha consolidado la idea de que la comunicación debe estar centrada en generar emociones en los electores más que en transmitir información de lo que se hace y de cómo se hace. Siempre es mejor y más rentable políticamente apelar al sentimiento que a la razón. La complejidad de la política y de la economía favorece esta tendencia. Las personas tenemos suficientes problemas y preocupaciones como para ponernos a leer un programa electoral o analizar la política presupuestaria, la urbanística o la planificación de los recursos humanos en una administración, aunque sea la más cercana. Por eso la política se reduce a mensajes de 20 segundos en un telediario o a la mayor presencia mediática del político de turno dando repetidos mensajes en positivo. Siempre nos dirán que son los mejores gestores, los más guapos, los imprescindibles.

Pero es necesario, es imprescindible para la buena salud democrática que por parte de la ciudadanía hagamos un esfuerzo por ampliar las miras. Hay que intentar salir de esos círculos cerrados de la propaganda para buscar la información. Sólo desde el conocimiento se tomarán decisiones acertadas.

En numerosas ocasiones he recordado que el Ayuntamiento de Granada se encuentra en la ruina, que no se ha llegado a esta situación de la noche a la mañana y que tampoco es fruto de un desastre natural sino producto de determinadas y sistemáticas formas de hacer política en nuestra ciudad. Demasiadas veces nos han vendido duros a cuatro pesetas, gato por liebre. Los Alcaldes se comportan la mayor parte de las veces como relaciones públicas más que como gestores eficientes y con visión de futuro. Su principal preocupación suele ser la de repetir en el cargo.

En este momento se encuentran abiertas en nuestro Ayuntamiento las licitaciones de importantes contratos de servicios municipales. Se trata de servicios esenciales cuyo importe anual supera de largo los cincuenta millones de euros.
Pues bien, todos ellos tienen en común una cosa, la licitación se está haciendo fuera de plazo, con los contratos anteriores vencidos. A todos ellos se ha llegado tarde.

Los servicios de recogida de basura y de limpieza viaria (39 millones anuales) cumplió el 31 diciembre, pero tras 50 años ininterrumpidos de contrato con la misma empresa y cuando ya es imposible legalmente más prórrogas, resulta que la falta de previsión y de diligencia nos ha obligado a una prórroga forzosa de un contrato que todo el mundo reconoce que es carísimo y no precisamente demasiado eficiente. La previsión es que esta nueva licitación no esté finalizada probablemente hasta dentro de casi dos años. Esta ineficiencia la pagamos los granadinos.

El Servicio de Ayuda a Domicilio tiene cumplido el anterior contrato desde diciembre de 2019, un año y tres meses ya de retraso, más el tiempo que quede para que la nueva licitación se complete. Son más de 14 millones al año. Más de lo mismo. Dejación de funciones e ineficacia.

En enero cumplieron los contratos de las actividades deportivas municipales. La nueva licitación se ha iniciado después de finalizar los plazos de todas las prórrogas posibles. Alrededor de millón y medio de euros anuales. Prórroga forzosa. Incertidumbre de trabajadoras del servicio y también de las empresas, cuyos derechos a competir por el contrato les están siendo vulnerados.

De esto nada dirán ni el alcalde, ni el concejal delegado de Contratación, ni la de Medio Ambiente, ni el de Políticas Sociales, ni el de Deportes, que no dudarán en salir haciéndose fotos y presumiendo de Smart City y cualquier cosa con nombre en inglés, pero que difícilmente asumirán su responsabilidad por tan deficiente gestión.
Lo dicho, el relato importa más que la realidad, que los hechos no te impidan hacer un buen titular, que la verdad no te arruine una buena noticia…

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Columnista
Miguel Martín Velázquez

Asesor del grupo municipal de Podemos-IU en el Ayuntamiento de Granada

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