sábado 13 julio
Opinión  |   |

Mundos paralelos

Granada vive mundos paralelos. Desde el discurso oficial se nos pinta una realidad económica extraordinaria que se relaciona con el turismo desbocado que visita nuestra ciudad. Sin embargo, si nos atenemos a los datos publicados, Granada está casi estancada en su evolución económica, que es imperceptible en los últimos quince años atendiendo a la renta anual per cápita, pues hemos pasado de 18.939 euros (2008) a 21.496 euros (2023) por granadino y granadina. El motor productivo granadino está gripado. Contrastemos los datos.

El sector primario de la economía granadina que incluye las actividades cuya finalidad es extraer recursos naturales, como son, la agricultura, la ganadería o la pesca se mantiene en su nivel histórico (8%), que es el mismo porcentaje productivo de la industria granadina y por debajo de esta se sitúa la construcción (5,7%), lo que nos lleva a que Granada vive y depende del sector servicios que tiene un peso económico descomunal, pues alcanza el 78,3 % del tejido económico granadino y subiendo.

Lo anterior significa que nuestro futuro como ciudad metropolitana pende, exclusivamente, de actividades no productivas, entre las que se encuentra el turismo masificado y descontrolado que se desarrolla en la actualidad, con el agravante de que la riqueza que genera no solo no tiene una justa distribución entre la población, sino que ésta, además, soporta la carga del coste de otros servicios como la limpieza, la seguridad y la sanidad que se ve incrementado por la gran afluencia de turistas que, en su modelo actual, está destruyendo nuestra ciudad, nuestros barrios históricos. Todo ello con el beneplácito de los actuales gerentes administrativos del Ayuntamiento de Granada, opuestos en realidad a la tasa turística que vendría a aliviar aquellos gastos municipales en servicios públicos, que no recaerían exclusivamente en los bolsillos de la población granadina que, por cierto, ha empezado a movilizarse contra ese modelo salvaje y extractivo de turismo que defiende la señora Carazo y sus acompañantes que coinciden, así mismo, con el insostenible argumento de la cúpula empresarial al considerar la citada tasa “un impuesto que solo va a servir para agravar…(y) que la gente se vaya a otra ciudad”.

Nada más contrario a la verdad, pues es más que sabido y esa es la experiencia de otras ciudades españolas y europeas que la tasa que paga el turista contribuye directamente al mantenimiento y mejora de los destinos turísticos que se visitan y los fondos recaudados se destinan a proyectos de sostenibilidad, preservación del patrimonio, mejora de infraestructuras turísticas. Es lo que se conoce como turismo sostenible, que respeta la convivencia y el entorno que visita, contribuyendo a la conservación del patrimonio cultural y natural del destino.

Así, mientras unos pocos, incluidos los especuladores de pisos turísticos, se enriquecen, la misma ciudad que se enorgullece de su belleza y su patrimonio histórico se sitúa a la cabeza de la población en riesgo de exclusión social y pobreza, donde el 42,3 % de las familias unipersonales con menores se sitúan en torno a unos ingresos anuales de 10.000 euros y los hogares con dos progenitores y dos menores se sitúan en unos escasos 21.100 euros.
Los datos persisten y son descorazonadores, además de consolidar la desigualdad social en Granada que es del 450% entre el barrio más rico y el más pobre. Así, entre el primero (Granada Centro) y el más pobre (Granada Norte) la diferencia de ingresos por persona es de 18.278 euros anuales de media, o lo que es lo mismo, mientras las rentas per cápita del centro granadino se sitúan en un promedio anual de 22.331 euros (1.860, 79 euros al mes), después de impuestos, en el norte granadino la renta por habitante es de 4.053 euros al año (337, 75 euros al mes), según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y, si ponemos esto en relación con el coste de la vida (IPC), las consecuencias para los más desfavorecidos (35% de la población granadina) son arrolladoras.

No se sabe en qué mundo paralelo burbuja vive la señora Carazo, pero peor no se puede hacer. No se le percibe apego a la ciudad, de la que está desconectada, también de sus diversas gentes y singulares barrios. Recuerdo a “Kiki”, que fue alcalde por el partido popular, en la antípoda de mi pensar, pero el tío cogía su motillo y se plantaba en el sitio a ver el porqué de la queja, tomaba nota y lo arreglaba, al menos lo intentaba y de camino se tomaba unas cañas, parece que de esa fuente no bebe la administradora del consistorio granadino.

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Columnista
Salvador Soler

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